No deja de ser ciertamente irónico, por mucho que no pase de una mera coincidencia, que Sergio García fuese a tirar un 67 (-4) este jueves en la primera vuelta del Open de España, apenas un par de días después de que el juzgado que lleva la quiebra del LIV le anunciase que queda liberado de su vínculo contractual con el circuito y por tanto autorizado a decidir sus próximos pasos sin ningún tipo de cortapisa.
Como si se hubiese quitado un peso de encima, desencadenado, Sergio abrochó una vuelta que le sitúa en la parte noble de la tabla, separado por un golpe del que fuera su pupilo en los Fireballs, Eugenio Chacarra, y de los escoceses Syme y Forrest. Un desempeño que invitaba a aventurar su rictus esta semana, nada que ver con el hombre mohíno que acudió a Augusta en abril. Sea lo que sea que haya hecho el castellonense desde el exabrupto que le costó una riada de reproches, ha funcionado. Se le ve tranquilo, feliz.
Igual que el golf somatiza lo malo, también absorbe lo bueno, y los brotes verdes se han ido sucediendo. Tres top-10 y un undécimo puesto han jalonado sus seis últimas apariciones del curso en el LIV, seguramente las últimas de su carrera aunque por ahora no cierre la puerta a jugar una versión 2.0 de la superliga que cada día que pasa, confirmado el adiós de Jon Rahm el miércoles y de David Puig, integrante de sus Fireballs, este mismo jueves, parece más quimérica. Tampoco le ha ido mal en su gira de reconciliación con el circuito europeo, el destino más probable en caso de que él también acabe saltando del barco. Fue top-30 en el Omega y 14º en el Irish Open.
One very proud kid with a ball from Sergio Garcia 🥹#OpenEspana pic.twitter.com/b74R6IaJAH
— DP World Tour (@DPWorldTour) October 8, 2026
“Estoy jugando mejor y contento con todo. Ha sido un partido muy bonito (jugó con Justin Rose y el vigente campeón, Marco Penge). Me llevo muy bien con los dos y el calor del público español siempre es muy especial”, declaró en una tarde fértil que cogió vuelo desde el eagle al 5, un tubo de ocho metros. Tropezaría en el 6 para recuperar acto seguido y cosecharía otros tres birdies, interrumpidos por un bogey 13, en el tramo central de los nueve segundos. El driver, el palo que le traía de cabeza hace unos meses, la clave de bóveda de su juego como ha reconocido él mismo en alguna ocasión, es ahora fuente de tranquilidad.
Firmada la tarjeta que invita a fantasear con una segunda victoria en el torneo, que ganó por primera vez hace 24 largos años, se plantó ante los medios con una sonrisa de oreja a oreja y analizó las últimas noticias que han llegado del tribunal de quiebras de Nueva Jersey. “Es lo que es. Al final cada uno tiene que hacer lo que es mejor para él y para su familia. Yo respaldo lo que hagan y yo haré lo que crea que es mejor para mí también. Van ocurriendo cosas. Ayer (por el martes) en el juzgado me dieron un poco de cancha con la apelación que pusimos y eso es importante para tomar decisiones”, valoró. Tendrá hasta el día 25, el la fecha límite marcada para que los jugadores se pronuncien sobre su continuidad, para tomar la suya. Pero antes tiene un Open de España que ganar.
Clasificación completa del Open de España
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