El Real Madrid 2026-27, el que ya ha asomado en pretemporada y que está a unos días de probarse en competición de verdad, en la primera Supercopa de la Euroliga que lo llevará esta semana a Abu Dabi junto a Olympiacos, Fenerbahçe y su rival en semifinales, el Dubai Basketball de Xavi Pascual, es un equipo nuevo. Más allá de los tópicos de cualquier estreno de temporada, se trata de un proyecto que corrige totalmente el rumbo con respecto al curso pasado, desastroso en el balance final porque no llegó ningún título por primera vez en quince años. Lo que tenía que haber sido un nuevo ciclo, con Sergio Scariolo a los mandos, se convirtió en un tránsito de un solo año, aunque el contrato era por tres, con el mal sabor de boca de no haber mejorado, en realidad todo lo contrario, el balance que le costó el puesto a Chus Mateo, despedido en el verano de 2025 después de ganar esa Liga… y todos los títulos en sus tres años como entrenador. Un tramo brillante en el que asumió el dificilísimo papel de relevar al que había sido su jefe, Pablo Laso.
El Real Madrid sigue buscando, por lo tanto, su nueva identidad. Y la apuesta de esta temporada es monumental. Un nuevo enfoque integral. Un regreso al pasado en los despachos, con Juan Carlos Sánchez recuperando su método de vieja escuela en un cambio que ha barrido la estructura que hace un año se creó para dinamizar y modernizar la sección, con Sergio Rodríguez al frente, y Pedro Martínez como la opción imposible para el banquillo, un fichaje por el que nadie habría apostado hace unos meses… pero en realidad uno lógico. Había que hacer una apuesta de máximo rango para suavizar una salida tan sonada como la de Scariolo. Y hacía falta, más allá de esa (también importante) cuestión de imagen, un electroshock en un equipo al que muchos aficionados le criticaron la temporada pasada más el estilo que los resultados. Martínez es otra cosa, desde luego, y por eso necesitaba otros jugadores.
Unas salidas obvias, otras menos esperadas
La operación salida comenzó, después de muchos rumores sobre su futuro y cómo podría o no romperse su contrato, con Scariolo y ha incluido a siete jugadores, con un foco obvio en los parches del juego interior: la temporada pasada comenzó, aunque el angoleño ha quedado sepultado en el baúl de los recuerdos de un equipo que genera pasado y presente de forma constante, con Bruno Fernando como suplente de Tavares. Cuando este se fue por la vía rápida, era obvio que no iba a funcionar con Scariolo aunque ahora Laso le tiene fe en su Anadolu Efes, llegó Alex Len, ya con el cuentakilómetros al límite. Y cuando el ucraniano, Tavares y Usman Garuba se lesionaron en el peor momento del curso, aterrizaron Omer Yurtseven y Mady Sissoko. Ninguno de los tres sigue en el equipo. Tampoco un Izan Almansa que intenta regresar a la vía americana a través de la NCAA y que no demostró la pasada temporada estar preparado, no todavía al menos, para la exigencia del Real Madrid.
Las otras tres bajas fueron David Kramer, un secundario para la rotación exterior al que Scariolo puso la cruz casi desde que comenzó la temporada, y dos jugadores que fueron de los más destacados del equipo y cuya salida ha sido más cuestión de ellos que del club. Trey Lyles decidió regresar a la NBA con Minnesota Timberwolves y Mario Hezonja, esta vez sí y después de un par de veranos de agitados rumores, se marchó. Uno de los que mejor había encajado con Scariolo, optó por la NBA y por un contrato no garantizado con los Cavs que casa poco con el momento actual de su carrera y provoca suspicacias sobre un posible retorno a Europa con Ohio solo como escala.
Permanece el núcleo duro clásico
El alero croata deja atrás cuatro años de contradicciones en los que ha exhibido ese talento de súper estrella que encaja mejor en un rol secundario y en el que ha tenido idas y venidas potentes, por su condición de jugador obviamente idiosincrático, con un entorno en el que acumulaba defensores y detractores con, los dos bandos, motivos permanentes para el debate. Han sido, en todo caso, siete salidas con respecto al equipo que acabó la Liga, de muy mala manera y en cuartos de final, con dos derrotas en casa contra el La Laguna Tenerife. Quedan, eso sí y en una plantilla larguísima, diez jugadores del antiguo régimen con opción de que, por ejemplo, el italiano Gabriele Procida (24 años y unas condiciones que, por si acaso, encajan bien con el cambio de estilo que se busca) salga cedido. Usman Garuba estará sin estar por su lesión en el tendón de Aquiles que le tendrá fuera toda o prácticamente toda la temporada. Y sigue el núcleo duro ya clásico que forman Facundo Campazzo, Edy Tavares (35 años el base, 34 el pívot), Sergio Llull (38, en principio ante su última temporada), Gabriel Deck (31) y Alberto Abalde (30).
Y, juntos a ellos, tres que llevan menos tiempo pero en los que se piensa casi como fichajes ahora que habrá nuevo entrenador: Chuma Okeke es un alero multiusos que rindió por debajo de lo esperado en su primera temporada y que parecía tener un pie fuera hasta que la llegada de Pedro Martínez cambió su hoja de ruta. Su intensidad física y su capacidad para hacer distintas cosas en la sala de máquinas, sobre todo de la defensa, pueden darle un rol más importante en un equipo más elástico y más rápido, igual que a un Theo Maledon que llegó como fichaje estrella hace un año y, en líneas generales, decepcionó. Fue poco determinante, especialmente en los partidos importantes, y no encontró su sitio en un juego muy masticado en estático y en el que su rol se duplicaba muchas veces con el de Campazzo o un Andrés Feliz que da la sensación de tener dentro un jugador todavía mejor (ya es muy bueno) al que se le empieza a quedar corto el rol de simple secundario. Hay fe en ellos, y ganas de ver al francés más liberado y concentrado en el tipo de juego, con la bola en las manos, que le puede convertir (veremos, ahora es cosa suya) en la estrella de la Euroliga que pareció en el ASVEL, tras volver de la NBA, pero que el curso pasado no hizo la mudanza a Madrid.
Una reformulación casi total
Siete salidas, diez que siguen (nueve y el lesionado Garuba) y ocho altas, muchísimas, para una plantilla larguísima que podría sufrir algún recorte más tras la llegada y cesión (al Asisa Joventut) de Eli John Ndiaye, el ala-pívot que no se hizo hueco en los Hawks… pero tiene todavía 22 años y es internacional con la Selección. El Madrid no tiene minutos para él, pero tampoco quería ceder el control de un interior de su potencial. Así que igualó la oferta del Valencia Basket y lo fichó. Ahora jugará en Badalona, la vía de cesión que puede ser Procida.
Además de Ndiaye y en cuanto a los que sí estarán en plantilla, la transformación es absoluta en todas las líneas: para la rotación de guards (bases y escoltas), dos que llegan de la NBA como Max Shulga y Nick Smith Jr. Un alero que ha rendido de forma extraordinaria en el Baskonia como Timothe Luwawu-Cabarrot y una reformulación del juego interior con Damian Jones (ex NBA que estaba en Puerto Rico), Olivier Sarr (G League), Jaime Pradilla (Valencia Basket) y Mikael Jantunen (Fenerbahçe). De un primer vistazo, el Madrid será extremadamente profundo y versátil, con muchos jugadores que pueden hacer muchas cosas. Con más piernas, más juventud, músculo… y puntos y tiro exterior entre la zona de creación y las alas, necesidades que se demostraron muy obvias en la finalmente fallida temporada pasada.
El nuevo Madrid podrá jugar con quintetos clásicos o atípicos, grandes o pequeños. Pedro Martínez podrá tirar los dados tantas veces como quiera. Tiene jugadores que pueden ubicarse en dos y hasta tres posiciones, mucho más físico para las zonas, la posibilidad de tener unas cuantas navajas suizas en defensa (llega Jantunen, se puede explotar mucho más a Okeke, Shulga tiene tamaño y cabeza por fuera…) y un ataque con las jerarquías más repartidas y una explosividad que la temporada pasada no llegó a lo que necesita, de forma sostenida, un peso pesado de la Euroliga. Sí lo fue, cuando había que anotar mucho, el Valencia Basket… de Pedro Martínez. El Madrid correrá muchísimo, más que casi cualquier otro aspirante a la corona (que defiende el Olympiacos). Y, desde luego, mucho más que en su última versión, la de un Scariolo al que le gusta el juego embridado, un libreto al que saca brillo en situaciones extremas como la Final Four del OAKA, donde el equipo compitió de forma excepcional con el juego interior bajo mínimos, pero que dejó una sucesión de mañanas y tardes demasiado áridas, anónimas, en las agotadoras fases regulares de ACB y Euroliga; una montaña de partidos en las que el equipo, funcionarial, perdió conexión con un público decreciente.
Un eco muy lejano de aquellos tramos dorados de la era Laso en las que los partidos de Euroliga del Madrid eran un evento en la capital. Eso, además de los títulos, es lo que tiene que recuperar Pedro Martínez, un entrenador con el estilo ideal para lograrlo… y el reto de aplicarlo en un club de exigencia y entorno tan complejos como un Madrid en el que era muy difícil imaginarlo durante casi cualquier otro momento de su brillante carrera. Con 65 años, sin embargo, ha decidido que tenía que ser ahora, justo cuando el equipo necesitaba también a alguien como él. Sin miedo y con las ideas claras.
Una situación inestable en los contratos
El Real Madrid, por lo tanto, se mete de lleno en su segunda temporada seguida de transformación, necesidad impulsada por unos resultados muy por debajo de lo previsto pero también por la nueva realidad de un mercado carnívoro en el que cada vez cuesta más construir bloques que resistan el medio plazo, no digamos el largo. Una sensación que podría acentuarse, también emocionalmente, cuando cierren sus históricas etapas en el club veteranos como Campazzo, Tavares y un Llull que, en principio, tendrá ya muy poco peso en pista en el nuevo curso. Los otros dos, como Deck, han demostrado en pretemporada que pueden seguir siendo importantes a (por ahora: veremos) los que tenían unas dudas en parte lógicas sobre su encaje en el estilo de Martínez; si bien es igual de cierto que, y ese es una de las cosas que tienen que conseguir los nuevos (entrenador y jugadores), lo ideal sería que ya no tengan que ser esenciales. El Madrid ha vivido demasiado tiempo acostumbrado a depender hasta extremos tóxicos del eje Campazzo-Tavares. Ahora, en teoría, tendrá muchos más argumentos. Más formas de ganar.
Pero hay una nueva realidad de la que no se libra nadie. La que hace que Lyles se vaya aunque pregonó durante meses (y lo dejó claro en sus redes) que había encajado como un guante en la vida madrileña o que Hezonja lo intente como meritorio en la NBA con 31 años, después de ser MVP de la Liga y ya lejos de los años en los que juraba que no volvería a EE UU (tiene el derecho obvio a cambiar de opinión). Una que cambia la fisonomía de un equipo en el que entran muchos jugadores, otra vez, y también se apilan las salidas y se alarga una rotación que va mucho más allá de lo que hacía falta hace apenas unos años: la sombra de los casi 100 partidos es alargada y la Euroliga repite, aunque parecía cosa de un año, el formato de 20 equipos y todos contra todos. Solo otro año más antes de la ampliación, las Conferencias… y el acuerdo o el conflicto de intereses con la NBA.
Una revisión a los contratos del Madrid arroja una realidad que da vértigo pensando en lo que puede ser, en un año, otro verano muy movido. Y esos in contar siquiera, todavía, con cómo irán las cosas en lo deportivo, qué objetivos se conseguirán y cuáles no y qué jugadores rendirán como se espera de ellos o perderán el paso. Solo dos tienen contrato más allá de 2028, Jaime Pradilla (hasta 2031: se ha pagado 1,5 millones por su libertad) y un Edy Tavares que regresa tras una fea lesión de rodilla y que envía señales muy positivas en pretemporada aunque jugadores de tanto tamaño suelen tener problemas en la parte ya avanzada de sus carreras. Y, también importa, a pesar de que muchos no veían claro su encaje en la forma tan agresiva de defender y tan vertiginosa de atacar del nuevo entrenador. Por ahora, la sensación es que técnico y pívot se entienden y que Tavares será, como siempre, muy importante. A pesar de los pesares.
El resto de la plantilla tiene solo una temporada o dos de contrato. En gran parte, el signo de los tiempos. Hasta nueve jugadores acaban su vínculo el próximo verano, así que solo están ligados al Madrid esta temporada: Campazzo, Feliz, Maledon, Smith Jr, Llull, Abalde, Okeke, Garuba y Jones. La zozobra en la línea exterior, por ejemplo, puede ser completa mientras jugadores como Nick Smith Jr saltan desde Estados Unidos con contratos de un año, sin ni siquiera un 1+1 y con la mente puesta (tiene solo 22 años y fue una estrella de instituto al que no le ha ido tan bien como se esperaba) en un hipotético regreso a la NBA por la vía rápida. A partir de ahí, será cuestión de ver qué pasará con quién.
Los contratos cortos, el problema permanente de los cupos, las idas y venidas entre Estados Unidos y Europa y la carrera desquiciada por arrasar el mercado en una competición continental que no consigue estabilizar el modelo (la ambición de los grandes, la llegada de nuevos ricos, la sombra de la competición europea de la NBA…) generan un entorno salvaje en el que para los equipos, ni siquiera para uno como el Real Madrid, ya no basta con tener dinero. Y en el que el presidente, Florentino Pérez, se vuelve a sentir más cómodo con el método que ya conocía, o el que vio funcionar a las mil maravillas. El de Juan Carlos Sánchez.
Mientras, el Madrid se prepara para la Supercopa de Europa, una creación de nuevo cuño que generará ingresos y reforzará la marca Euroliga en las semanas que pueden decidir el futuro del baloncesto (hoy y mañana hay board de una NBA que, en principio, hará una oferta para hacerse con la competición continental), y acelera en una pretemporada en la que, con los obvios asteriscos de la necesidad de ensamblaje y la falta de cohesión, ya se ha visto cómo de prometedor es el nuevo equipo y cómo de divertido puede ser el nuevo estilo.
Si Maledon se parece al Maledon que fichó el Madrid y no al que jugó en el club blanco la temporada pasada, Luwawu-Cabarrot se afianza como uno de los mejores aleros de Europa y Nick Smith Jr aterriza de pie y puede enseñar su indiscutible talento, el Madrid tendrá potencia anotadora en una dimensión totalmente distinta a la de hace un año. También más tiro, algo en lo que ayudará un Shulga que ha demostrado que puede hacer un poco de todo, como base o escolta.
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Luwawu-Cabarrot exhibe talento
Del mismo modo que, por dentro, Jantunen es un defensor inteligente que anota tiros liberados, corre la pista y puede hacer de cuatro intenso o de cinco pequeño, roles que en gran parte compartirá con Pradilla, mientras Jones y Sarr, dos perfiles de pura explosión física cada uno a su manera, se disputarán ese puesto de suplente de Tavares que nadie ha ocupado con garantías desde que se fue Poirier. Con virtudes, pero los dos con dudas que resolver en términos de disciplina (en pista, no fuera de ella) y cohesión defensiva, son como mínimo excelentes finalizadores por encima del aro para un juego de pick and roll que ganará protagonismo. El Madrid hará más amplia la pista a lo ancho… pero también a lo alto. Más triples y más presión cerca de canasta. Si al menos uno funciona a nivel óptimo, si Smith Jr se asienta como uno de esos fichajes NBA que sí funcionan en Europa, si jugadores como Shulga, Pradilla y Jantunen redimensionan la rotación… hay muchos condicionantes, pero todos por ahora en el lado positivo de las preguntas. El beneficio de la duda. Veremos en qué quedan las respuestas, pero este es desde luego otro Real Madrid. Uno con muy buena pinta y, por lo que se ha visto, con los mimbres para jugar al estilo Pedro Martínez, llevar otra vez más publico al Movistar Arena y correr mucho; correr hasta que el rival quede atrás, con la lengua fuera.
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