“A los aficionados de los Clippers que me siguen en esta red: este ha sido un trance muy difícil para todos los que estamos vinculados a la franquicia y eso es algo que lamento profundamente. Quiero pedir perdón a nuestros fans y empleados, y al resto de propietarios de la NBA por las distracciones y el malestar que todo este asunto ha causado, uno por el que asumo la responsabilidad ya que yo soy el propietario de los Clippers. Estamos decididos a dejar atrás este episodio. Le hemos comunicado a la NBA que aceptamos los castigos que se nos han impuesto, que hemos pagado la multa y que nuestro objetivo es seguir adelante. Aunque mantenemos las discrepancias con respeto a lo que expresó el informe de la investigación, no es en eso en lo que me quiero concentrar. Un propietario tiene que ser un apoyo, no una distracción. Afrontamos retos muy significativos, y queremos seguir construyendo nuestro equipo e invirtiendo en nuestra comunidad. La confianza de nuestros aficionados es nuestra máxima prioridad. Con el talento de nuestros jugadores, la brillantez de nuestro staff y una visión clara, tengo la certeza de que competiremos al más alto nivel y seremos una organización de la que los aficionados estarán orgullosos”.
For my Los Angeles Clippers followers
This has been a very difficult time for everybody associated with the Clippers, and for that, I have sincere regrets. I want to apologize to our fans, employees, and my fellow NBA team owners for the distraction and distress this matter has…
— Steve Ballmer (@Steven_Ballmer) September 14, 2026
Ese es el comunicado con el que, a través de sus redes sociales, Steve Ballmer, el propietario de los Clippers, cambia radicalmente de registro y se mete de lleno en el futuro. eso pretende. Hasta ahora, y desde que Adam Silver sacó el martillo con unas sanciones mucho más duras de lo previsto por la mayoría, pero justas (incluso cortas, para muchos) a la vista de lo que reflejaron los informes (que tardaron más de un año en llegar), Ballmer se había mostrado beligerante, altivo, indignado. Un disfraz de agraviado que ahora se quita, aunque sigue sin dar la razón (“mantenemos las discrepancias…) a esos informes que confirmaron lo que apuntó, en un excepcional trabajo periodístico, Pablo Torre. Ballmer estaba acorralado, y su actitud parecía un brindis al sol, una forma de coger una carretera sin retorno por pura cuestión de orgullo… o porque no está acostumbrado a que las cosas le salgan mal.
Mentirosos, tramposos, farsantes…
La NBA actúa tarde pero con dureza contra Steve Ballmer y los Clippers.
Ahora, aunque con todos los asteriscos que quiera, reconoce que él y su franquicia se saltaron las normas e hicieron trampas con un asunto capital, el salary cap del que emanan todas las reglas del juego competitivo en la NBA. Los Clippers tejieron una red de contratos fraudulentos y movimientos no permitidos de dinero para pagar un extra por debajo de la mesa a Kawhi Leonard. Torre, aunque muchos quisieron desacreditarle, lo descubrió. La NBA investigó y, finalmente, actuó: cinco rondas de draft y 30 millones de sanción para los Clippers, un año de inhabilitación para Ballmer y su directora del área empresarial, la conseguidora Gillian Zucker, seis meses para el Lawrence Frank, principal ejecutivo del área deportiva (y el que más colaboró con la investigación, al parecer) y solo 700.000 dólares de multa para Kawhi aunque el papel (con su entorno, un tío Dennis sancionado con cinco años sin tocar la NBA aunque el jugador ya se deshizo de él) que jugó como corruptor es obvio. Silver optó por el apretón de manos con el sindicato de jugadores para apretar las tuercas a Ballmer y cerrar puertas a posibles alegaciones.
Ballmer contrató a abogados de altísimo rango en Nueva York, pero se rinde y cede justo cuando se sabe, lo anunció el New York Times, que hay en marcha una investigación federal por los manejos económicos del caso Kawhi. Un problema que, obviamente, puede ser mayúsculo más allá de los asuntos deportivos de los Clippers. Este comunicado llega a las puertas de un board de la NBA en el que se tratará, entre otros temas, esta sanción y tras el que hablará públicamente Silver, que evidentemente se ha enfrentado, y no estaba claro que fuera capaz de hacerlo, al propietario más rico del deporte estadounidense, un ex CEO de Microsoft cuya fortuna ronda los 150.000 millones. Y que ahora se transforma, deja atrás aquella entrevista llena de mentiras con Ramona Shelburne, uno de los pesos pesados de ESPN que sale muy tocado de este asunto por su proximidad al acaudalado (ejem) Ballmer, y los comunicados agresivos y opta por la vía pacífica. Seguramente porque sus asesores le habrán dejado claro que está arrinconado, o tal vez porque quiera ver si la NBA se apiada y, en algún momento del futuro, le devuelve alguna de las rondas quitadas, como hizo con los Timberwolves en el último gran caso, antes de este, de cap circumvention, el de Joe Smith en 2000. La franquicia de Minnesota recuperó, por buen comportamiento, dos de las cinco rondas que se le habían sustraído.
Por unas cosas o por otras, o tal vez por todas a la vez, Ballmer, que llegó a hablar de caza de brujas durante su ridícula huida hacia delante de los últimos días, confirma que ha pagado la multa de 30 millones, que acepta (a regañadientes) la culpabilidad con la que ha sido señalado y asegura que se pone manos a la obra para seguir adelante, seguramente la venta habría sido el único final posible tras un escándalo semejante para un propietario con menos poder, con una franquicia cuyo futuro deportivo queda condicionado por las sanciones pero que, sobre todo, afronta una crisis de imagen y credibilidad terribles. Lo propio para quien ha hecho trampas de forma sostenida y masiva.
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Ballmer llevaba doce años, compró la franquicia en 2014 por 2.000 millones, intentando que los Clippers dejaran de ser el gran hazmerreir del deporte USA. Lo logró, pero parte de su éxito se basó en prácticas ilegales que ahora han salido a la luz. Y eso es algo mucho más duro, para el largo plazo, que las cinco rondas o los treinta millones (calderilla para él). El enorme precio de su sometimiento a un Kawhi cuyo traspaso a los Raptors, por cierto, sigue sin cerrarse. No debería demorarse.
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