Racing volvió a perder, esta vez 2 a 1 ante Atlético Tucumán (13 puntos) en Avellaneda, y ya es el peor de los 30 equipos del Torneo Clausura. Tiene 5 puntos en 8 fechas en la zona B, los mismos que Talleres (el último de la A) y Aldosivi (ganó y subió), pero peor diferencia de gol.
Una campaña terrorífica del equipo dirigido por Juan Pablo Vojvoda que este domingo presenció la peor versión de los suyos y no precisamente por el estreno de la camiseta amarilla y negra que causó algún revuelo durante la semana. Un elenco muy vulnerable en defensa, inofensivo en ataque y que, cuando se hace de la pelota, la maneja en campo propio hasta que de alguna u otra manera la termina perdiendo. El cambio de ritmo y la verticalidad, prohibidos.
Tan mala fue la cosa que a los 30 minutos el DT tuvo que sacar a Matko Miljevic y Ulises Ortegoza (entraron Gastón Lodico y Matías Zaracho) ante la apatía que mostraban los suyos. Para entonces Racing ya perdía y eso que Facundo Cambeses otra vez atajó un penal tempranero, como la fecha pasada a Independiente Rivadavia. Su nueva víctima fue Leandro Díaz, quien se hizo cargo de un penal finito que tuvo que ser largamente revisado en el VAR, dejando pasar incluso el minuto homenaje de aplausos para Lionel Messi, realizado en el segundo tiempo en un ambiente ya muy caldeado.
Pero ni el envión de su arquero ni el aliento de su gente podían motivar al once inicial que presentó Racing en la fría noche de Avellaneda. A los 24, LautaroGodoy puso el 1-0 para Atlético con mucha clase, colocándola al palo más lejano de Cambeses. El Decano fue una máquina de generar peligro en esa primera parte, como si Julio Falcioni tuviera una fórmula que Racing no: la de pasar mitad de cancha. Mérito del Emperador, que levantó a un equipo que venía muy mal.
La Academia mejoró con el doble cambio, ya sea por acertado, porque era imposible jugar peor o por gesto de rigor hacia los nueve que todavía quedaban en campo. De todos modos, uno de ellos, Tomás Conechny, fue una colección de errores difíciles de explicar y salió en el entretiempo, salvándose de los silbidos.
Con poquitas ideas, casi ninguna, Racing fue en busca del empate en la segunda parte ante un retroceso excesivo de Atlético. Lo que en la primera fue un sinfín de pases atrás sinsentido, en la segunda se limitó un poco por los reproches de la hinchada y así, el equipo avanzó. Generalmente finalizando las jugadas con algún pelotazo al área o, por citar al más lúcido (de nuevo, con poquito podía alguno destacarse), con algún pase filtrado de Lodico. El “Gato” fue justamente quien ganó el tiro libre del empate y metió un muy buen centro que, tras una serie inusitada de rebotes, cayó en Leonel Pérez para el 1-1.
Como con ganas de honrar su nueva vida, la Academia se volcó a conseguir dos puntos más. Con la misma fórmula, es decir, los pelotazos. Y tuvo algunas ocasiones, como un cabezazo de Maravilla Martínez muy bien salvado por el arquero Ingolotti. O la que terminaba en gol de Toto Fernández, anulada por el árbitro una supuesta mano del nueve (no pareció). Pero esa nueva vida no vino acompañada de orden. En una jugada agónica, Marcos Rojo salió a cualquier lado, el fondo quedó muy mal parado y, perdido por perdido, su debutante compañero de zaga Matías Pérez se jugó a tirar la posición adelantada. Funcionó para el árbitro, no para el VAR que dictaminó que Ruiz Rodríguez estaba habilitado cuando recibió el pase y 2-1 final de Atlético Tucumán para que el Cilindro hierva. Insultos a la dirigencia, personificada en Diego Milito y reproche a los jugadores con el famoso “himno”.
Por lo pronto, Vojvoda se mostró convencido de su continuidad en conferencia de prensa. Más difícil la tendrán Miljevic y Conechny, por citar unos casos que colmaron la paciencia de los hinchas. De todos modos, el más complicado es el propio Racing.

