La pasión por la docencia atraviesa a Patricio Hernández. Sus raíces familiares, con padres y seis hermanos con diferentes actividades en el ámbito de la educación, han formado la huella que el ex volante ofensivo, uno con talento inmenso, asumió desde siempre y hoy continúa en la base del fútbol formativo de Racing.
De su San Nicolás natal llegó a La Plata y de allí se proyectó en una síntesis que pocos pueden acreditar. Él mismo, ahora a cargo del área de Metodología del Fútbol Juvenil, la resume: «Bilardo fue clave en mi etapa formativa cuando llegué a Estudiantes y Menotti, ya cuando yo ya estaba consolidado, porque seguí aprendiendo pese a que estaba afirmado en Primera y formaba parte de la Selección. Fui bendecido al tener a los dos como entrenadores», le cuenta la web oficial en una de las butacas del Cilindro, desde donde suspira por el verde intenso y parejo del césped. Pero no hay nostalgia porque el presente lo enfoca. Cabé, sí, el recuerdo genuino, como haber sido compañero de habituación de Diego Maradona durante el Mundial 1982, en España, entre otros hitos, como haber jugado en Italia cuando esa liga, la mejor del mundo, tenía acceso restringido a los extranjeros.
«Miguel Gomis, uno de los mayores pedagogos en el fútbol formativo, me convocó el año pasado y eso me generó una enorme satisfacción. En 2025 estuve como entrenador en Novena y ahora, a cargo de Metodología, un aspecto esencialmente de trabajo de técnica y desarrollo individual, que a la vez remite a una cuestión básica de la docencia: al entrenar a chicos, uno siempre debe recordar que también lo fue. En mi formación salesiana la amabilidad y la gentileza fueron ejes. Entonces, al chico hay que estimularlo para que descubra nuevos horizontes, estar cerca de él, contenerlo, tocar la tecla justa para que vaya creciendo en ese aprendizaje», detalla acerca de su tarea en el Predio Tita.
Ahí, en el corazón de Avellaneda, Hernández se entusiasma porque «el centro de captación de Racing es extraordinario. He recorrido varios de los principales lugares del mundo donde el fútbol tiene relevancia y no tengo dudas de que estamos en una de las mejores zonas de donde salen jugadores». Casi como orfebre, Patricio identifica, corrige y pule cada perfil. Entonces, pibes de 13 y 14 años suman horas en contacto con pelota para que el manejo, pegada, pase y colocación en campo se transformen en atributos que se transformen en destrezas. «Hoy se juega en espacios muchos más reducidos que antes. Esto obliga, ya desde edad temprana, a decidir con rapidez. Hay que pensar, recibir, decidir y pasar en un instante. Y eso se entrena», agrega Hernández con optimismo en lo que Racing puede aguardar: «Hay entre 15 y 20 chicos con mucho talento. Por supuesto -añade con prudencia- no hay apresurarse ni ponerles presión en exceso. No hay que olvidar que el contexto: chicos con carencias alimentarias, con desarrollo biológico demorado de acuerdo a la edad… Por eso el rol social que cumplen los clubes es impresionante».
Hernández, además, guarda el deseo que «en general, los chicos que se forman en un club tengan la chance de llegar a Primera porque tienen el valor de la pertenencia además de sus cualidades técnicas». Y también confía en que, como él lo fue, esos chicos encuentren en una pelota «el juguete más lindo. A mí me pasó y fui muy feliz».

