En lo que es una nueva planificación a gran escala, debido a que es el segundo verano seguido en el que se reconstruye con un cambio de entrenador y de directiva, el Real Madrid que desde ahora dirigirá Pedro Martínez ha cogido casi toda la forma posible. Restan, en este punto, tres incorporaciones que oficializar por parte del club pero que están aseguradas (Shulga, Sarr y Jones). ¿Acaba ahí la planificación? No, se deben dar algunos retoques más.
Se ha estabilizado el colectivo después de que hubiera alguna amenaza sobrevolando el mercado europeo. Campazzo y Maledon, por ejemplo, fueron mencionados en la intención del Panathinaikos por buscar otro base más, que por circunstancias del destino acabó siendo Sylvain Francisco. Gaby Deck también sonó levemente para salir, pero en su caso la continuidad genera además esperanza: ya ha logrado la ciudadanía española y deja de ser extracomunitario, lo que da una flexibilidad al club para fichar talento de cualquier país sin generar un problema de fichas. Chuma Okeke mantuvo contrato, estará una temporada más. Los dos argentinos mantienen su experiencia a largo plazo; los otros dos, el año pasado con Scariolo debutando en el Real, continúan. Sí salieron Len, Krämer, Lyles y, sobre todo y con una tirantez excesiva, Hezonja; este último sí trastocó planes, lógicamente dada su importancia en el esquema.
En el plano de entradas hay que contar con el que se espera que sea el último fichaje, un escolta que aspire a la titularidad. Se cuenta con que lleve un consistente peso ofensivo a lo largo de la temporada. Desaparecieron opciones que había sobre la mesa: Armoni Brooks se decidió por una curiosa cesión al Valencia Basket; Lonnie Walker ha decidido apurar sus opciones en América con los Nuggets. El nombre que ha sonado y queda sin equipo es el de Lester Quiñones, aunque la búsqueda no se reduce sólo a él.
El capítulo de fichajes, que pasarían a ser siete contando a Jantunen, Pradilla y Luwawu-Cabarrot y los tres antes mencionados, se cerraría ahí. Salvo un giro de los acontecimientos, por supuesto. Y teniendo en cuenta otro asunto: el movimiento que realizó el Madrid con su derecho de tanteo para que el Valencia no firmara en el mes de julio a Eli John Ndiaye. Esa herramienta burocrática, la de igualar una oferta por un jugador sobre el que tienes los derechos, debe tener un desenlace que todavía no se ha producido. Ndiaye, que se marchó en 2025 a la NBA, sigue con el futuro abierto: de jugar en España, habría que negociar con los blancos; de irse fuera, es totalmente libre.
Es la de Ndiaye una de las incógnitas por resolver. El Madrid, que en su idea actual no cuenta con el internacional español nacido en Senegal, tampoco tiene previsto quedarse con Izan Almansa. En este caso, una salida prevista. Falta formalizarla. El pívot tomó el camino de irse a la competición universitaria estadounidense, alcanzando un acuerdo con Gonzaga, pero no tiene luz verde por parte de la institución y está por ver si es elegible para jugar esa liga. Todavía con contrato, el club facilitará la salida allí o a otro lugar.
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Por último, enlazando con Izan, queda ver cómo se encaja la sección de jóvenes valores. ¿Se podrá continuar rodando a Gabriele Procida? La cesión del italiano está sobre la mesa, se explora esta opción. En la cantera hay esperanzas puestas en Kayser y Kutluay, que podría completar entrenamientos con la primera plantilla -e incluso tener minutos esporádicos- a lo largo del curso 2026/27. Todavía queda tarea en las oficinas de Valdebebas para cerrar el plantel del Madrid, aspirante a tres títulos con un proyecto remodelado entre manos.
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