(BUENOS AIRES).- «Yo ya hablé con quien tenía que hablar y lo mejor para todos es una transferencia. No es momento de hablar de eso ahora, pero tampoco me voy a esconder porque quiero cumplir mi sueño», dijo Julián Álvarez. El delantero de la Selección Argentina tiene claro hacia dónde apunta: el Barcelona, justo cuando el Arsenal vuelve a la carga por su pase.
El periodista Fabrizio Romano reportó que el club inglés prepara una oferta superior a los 100 millones de euros por el ex River, después de que se le escapara Morgan Rogers al Chelsea. Incluso evalúan incluir a un futbolista como parte de pago. Sin embargo, el Atlético de Madrid mantiene una postura inamovible: la cláusula de rescisión del cordobés es de 500 millones de euros y, en teoría, no aceptaría ningún ofrecimiento por debajo de ese monto.
La dirigencia rojiblanca ya rechazó una propuesta del Barcelona por 100 millones y otra del Real Madrid por 150 millones, ambas lejos de la tasación que pretenden. Por eso, cualquier intento del Arsenal choca con la misma realidad económica.
La novela tiene un protagonista que ya se plantó. En mayo pasado, Julián Álvarez le comunicó al Atlético su deseo de marcharse. Su intención, según filtró él mismo durante el Mundial, es vestir de azulgrana y cumplir su sueño de jugar en el Barcelona. Tanto es así que medita no presentarse a la pretemporada que el Cholo Simeone programó para el 10 de agosto, cuando debían regresar los finalistas de la Copa del Mundo.
La presión del Barcelona
Joan Laporta no afloja. El presidente culé ya dejó su filosofía sobre la mesa: «Cuando un jugador quiere salir, la actitud del Barcelona como club es que, si quiere marcharse del Barça, puente de plata… Un club grande no puede permitirse tener futbolistas que estén a disgusto». A la vez, advirtió que la oferta azulgrana no será eterna: «No vamos a estar bailando la música a nadie».
Laporta completó: «Hay tantos casos en los que se ha dicho que un jugador no iría nunca al Barça y ha acabado viniendo… Hemos hecho una oferta muy importante. Si están dispuestos a aceptarla, fantástico, pero no va a ser ilimitada en el tiempo. Tenemos que tomar una decisión. Si mantenemos la oferta o no depende de cómo transcurran estas dos semanas que quedan de julio». El mensaje es claro: aprietan al Atlético y también al jugador para que fuerce la salida.
Mientras, Julián Álvarez sigue firme en su postura. Su sueño tiene nombre y apellido: Barcelona. La opción del Arsenal, millonaria pero insuficiente para el Atlético, hoy parece un destino que él mismo descarta de arranque. El 10 de agosto asoma como una fecha límite y las próximas semanas definirán si el Colchonero cede o la pulseada se estira hasta el final del mercado.

