Kyrie Irving sigue ahí: con 34 años y sin haber tenido presencia tangible en la NBA desde un tramo verdadera agitado de su carrera, en la que pasó de jugar las Finales de 2024 en los Mavericks liderados por Luka Doncic a vivir desde el interior de una franquicia en convulsión atómica la salida del esloveno (1 de febrero de 2025), la llegada de Anthony Davis, su noveno billete para un All Star (solo nueve días después) y, un mes y dos días después del traspaso de los traspasos, una rotura de ligamento que le hizo perderse el final de aquella temporada, maldita para los Mavs, y toda la pasada, la primera de una nueva era con Cooper Flagg al frente.
Por el camino, Kyrie firmó un nuevo contrato de tres años y 119 millones en Texas, pero el primer año se lo pasó entero recuperándose mientras los Mavs enhebraban ese nuevo proyecto, pensado para un arco de edad diferente: Flagg cumplirá 20 años unos días antes de Navidad. Así que le queda esta temporada (39,4 millones)… y la siguiente (2927-28) con una player option (42,4) que puede dejar correr para ser agente libre sin restricciones en julio. Por eso, porque puede irse sin dejar nada a cambio y porque tiene quince años más que el nuevo jugador franquicia, los rumores en torno a su futuro son permanentes, y seguramente así será hasta el cierre de mercado invernal. Si vuelve a un buen nivel, especialmente, estará en boca de todos como opción para un aspirante que necesite un talento tan especial como el suyo.
Él, a las puertas de volver a las pistas más de un año y medio después, se quita esas cábalas de la cabeza: “Evidentemente, me siento distinto. Siempre es así cuando pasas por el quirófano, de ahí no sales como entraste. Es una pena, la rehabilitación es dura, es una mierda, te pone a prueba mentalmente…. Pero mi ética de trabajo es lo que me ha traído hasta este punto. Soy un jugador distinto, sí, pero por eso puede demostrar algo todavía más grande que otras veces. Adoro Dallas por cómo me recibió cuando llegué; no solo la franquicia, también los aficionados. No voy a negar que mi etapa aquí ha sido hasta ahora un poco caótica, dentro y fuera del vestuario. Pero estamos construyendo algo, intentando volver a esa mentalidad de ganadores que nos haga capaces de lidiar con lo que sea que nos encontremos en el camino. ¿El futuro? Ojalá estuviera más en mis manos, pero sí creo que es algo en lo que tenemos que colaborar. Hay una disparidad de edad, y todo el mundo le da mucha importancia a eso, pero vamos a intentar ganar partidos. Nadie va a tirar la temporada, a decir que no había expectativas. Nosotros las tenemos, muy altas, y ahora estamos en el proceso de ir cumpliéndolas”.
El guard, nacido en Australia y criado en New Jersey, dejó claro que, después de una recuperación tan larga y de no forzar su regreso en la segunda parte de la temporada pasada, trabaja ya con el equipo sin ninguna restricción física y a las órdenes de Dusty May, el entrenador que triunfó con Michigan y que sustituye ahora a Jason Kidd, otro rastro borrado del catastrófico fin de la era Doncic, una etapa de la que Kyrie es uno de los pocos supervivientes. “La gran lección de estos meses ha sido ver cómo se gestiona la paciencia cuando realmente quieres algo. Y yo quería estar en la pista, pero tenía que ser paciente y ser cuidadoso con mis compañeros. Hay muchos chicos jóvenes ahora en el equipo, incluido Cooper, que tiene una montaña de talento pero necesita guía y liderazgo, y yo he intentado aportar en eso todo lo que he podido. Pero ahora, con el equipo montado y el nuevo cuerpo técnico hecho, creo que vamos a poder hacer grandes cosas, sacar cada uno lo mejor del otro. Los meses en los que he tenido que ser una especie de entrenador/jugador han sido divertidos, me ha gustado. Pero ya estoy listo para volver a una pista y patear algún culo”. En la temporada 2024-25 promedió, hasta su lesión en marzo, 24,7 puntos y 4,6 asistencias con un 40,1% en triples.
Flagg, por ahora, también celebra que puedan jugar juntos y que Kyrie siga en el equipo del que él, en todo caso, es ya máximo responsable: “Es uno de esos jugadores que lo hace todo muy fácil para ti cuando estás en pista. Obviamente, es uno de los grandes, un talento increíble. Pero si sumas su forma de ser, es un tipo con el que muy fácil jugar pero también tenerlo sentado al lado. Este verano hemos podido jugar ya juntos y ha sido muy positivo, estamos empezando a construir una conexión, así que estoy muy contento. Tener alguien así a tu lado cuando sales a jugar es algo increíble”.
El base, mientras, continúa con la nueva perspectiva que le ha dado la última, y muy grave, lesión de rodilla: “Estar apartado del baloncesto te da perspectiva, así que diría que esta lesión es lo mejor que me ha pasado. Estaba obsesionado con perfeccionar cada parte de mi juego y estar en pista todos los minutos posibles. Creo que en los dos años anteriores no estaba siendo honesto con mis sensaciones físicas, pero también sentía que llevaba mucha carga en los hombros. No alcanzamos nuestro gran objetivo, y esta última temporada sin jugar me dio tiempo para reflexionar sobre lo que quería conseguir ahora como jugador y, sobre todo, como persona. Cómo otros podrían acercarse a mi para ser mejores líderes, mejores comunicadores, más vulnerables emocionalmente… era el momento de actuar acorde a mi edad. Me siento muy bien, creo que soy mejor persona ahora, he sentado las bases de algo y todo fluye en esa dirección”.
Los Mavs son un equipo totalmente nuevo. Después de esas Finales de 2024, llevan dos temporadas con balance perdedor (39 y 26 victorias), sumaron a Flagg (número 1 del draft de 2025) y el pasado junio a Morez Johnson Jr (pick 9 en 2026). May se estrena en los banquillos y en los despachos ahora mandan Masai Ujiri, uno de los ejecutivos más respetados en la NBA de la última década, y Mike Schmitz: “La temporada pasada fue dura. Por el balance de victorias, por la situación emocional del equipo… no solo por mí, dabas una vuelta por las instalaciones y lo veías. Aquí hay muchos jugadores que son ganadores, a nadie le gusta perder. Se trataba de que se siguiera trabajando, que no se aflojara ni en los entrenamientos ni en los partidos, y ahí es donde intenté aportar, en la cultura que teníamos que construir, en cómo teníamos que confiar los unos en los otros”.
Kyrie Irving when asked about Sergio De Larrea calling him the “perfect” teammate to learn from and how he can help the young rookie:
“Gave him a thousand dollars…He’s a high-IQ player already. He’s a winner, comes from a winning franchise overseas, and you can tell he’s… pic.twitter.com/UFQ2cLSrUj
— Noah Weber (@noahweber00) September 26, 2026
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Kyrie, por último, se refirió, durante el media day de los Mavericks, a Sergio De Larrea, el base español que da el salto este año a los Mavs después de haber sido la elección número 25 en el pasado draft: “¿Ha dicho que soy el compañero perfecto y que le estoy ayudando mucho? Es que le di mil dólares para que lo dijera (risas). Es un chico que ya tiene una gran IQ; es un ganador, viene de un equipo con mentalidad ganadora en Europa, y se nota que tiene hambre por aprender, quiere empaparse de todo y progresar rápido. Podrá apoyarse en mí siempre que quiera; vamos con él, queremos que triunfe, y él se está machacando para conseguirlo”.
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