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En la pantalla, la imagen de un león. En la platea, las 15 copas internacionales representadas en banderas. En los sectores populares, la pirotecnia y las bengalas de humo… Y el grito ensordecedor que empezó mucho antes del inicio, cuando en el estadio Uno sonó Hells Bells de AC/DC. Con los de afuera apoyando a los de adentro, Estudiantes apeló a la historia en el partido de ida de las semifinales de la Copa Libertadores. Hizo el gasto, tuvo actitud y llevó las riendas, pero el empate 0 a 0 ante Flamengo lo dejó inconforme y el jueves próximo tendrá que recurrir a la épica y a la mística copera para ganar la serie y decir presente en el gran partido en el estadio Centenario, donde se consagrará al campeón.
Un clásico moderno de la Libertadores. Equipos que marcaron época en el máximo torneo de clubes que organiza la Conmebol. Estudiantes, con el triplete 1969 y 1970, cuando se gestó la mística del Pincha con la guía de Osvaldo Zubeldia, y sumó una cuarta corona en 2009, bajo la tutela de Alejandro Sabella y con su actual presidente, Juan Sebastián Verón, como estandarte. Flamengo, el gigante y equipo más popular de Brasil, recién se despertó con una conquista en 1981, en su primera final, y levantó el trofeo en tres oportunidades en los últimos siete años. Una rivalidad que se alimentó con cinco partidos en los dos últimos años, el tercero en el actual calendario, después de compartir el Grupo A, ganado por los brasileros. Fla lleva las riendas en los cruces, con dos triunfos -siempre en Río de Janeiro-, un empate y un tropiezo que tuvo un final feliz en la definición por penales en los 4tos de final en 2025. Anoche también salió airoso.
Las lesiones minaron la robustez y en la variedad y jerarquía de los planteles, Flamengo salió menos lastimado porque tiene nombres para ensayar los reemplazados y que la estructura se resienta de modo más leve. La baja de Giorgian de Arrascaeta, indisimulable para el armado ofensivo; también Jorginho y Danilo, piezas que ofrecen experiencia y recorrido para darle presencia a la zona de volantes y la defensa.
El Pincha, en la final de la Supercopa Internacional -el presidente Juan Sebastián Verón, el vicepresidente Pascual Caiella y el director deportico Marcos Angeleri fueron sancionados por tres meses por ingresar al campo de juego y actuar con conductas incorrectas ante el árbitro Darío Herrera-, sufrió dos lesiones que anoche fueron ausencias: Gabriel Neves y Jalil Elías. Pero las suspensiones por acumulación de tres tarjetas amarillas de los defensores Leandro González Pirez y Tomás Palacios aumentaron la dificultad.
Ese hueco, Estudiantes intentó disimularlo con la contratación de Marcos Rojo, aunque no fue habilitado por la Conmebol y el club recurrirá al TAS: el público cantó en contra del órgano rector del fútbol sudamericano y también apuntó a Claudio Chiqui Tapia, mandamás de la AFA y vicepresidente de la Conmebol. La relación entre el club y la AFA está rota desde el espaldazo por el otorgamiento del título a Rosario Central, ganador de la Tabla Anual 2025.
Un juego con libretos definidos. Estudiantes recurrió a la intensidad y Flamengo a la circulación de la pelota para descubrir la mejor opción. Baltasar Rodríguez, de media distancia, puso a prueba a Agustín Rossi; Bruno Henrique no tuvo puntería, tras cabecear incómodo. En ese escenario, el Pincha confundió la agresividad bien entendida con un par de faltas y el apuro lo llevó a fallar pases que provocaron salidas rápidas de un rival que ejecutaba con aplomo su partitura.
El juego aéreo fue la respuesta para salir del sofocón y el mejor argumento durante todo el partido: los centrales Ramiro Funes Mori y Santiago Núñez, los que advirtieron que por esa vía el León podía inquietar. Las apariciones de Tiago Palacios también llevaron alivio: el uruguayo conducía y monitoreaba dónde enseñar superioridad. Algunos pases filtrados y movilidad para no ser detectado por Flamengo fueron las virtudes de quien no sintió la falta de rodaje: el reciente fin de semana retornó tras un un desgarro en el bíceps femoral derecho que le demandó 51 días de recuperación.
Cuando el equipo ganó serenidad, tomó el control del desarrollo. Le faltó ser punzante, pero le quitó el balón a una formación que adormila el juego y progresa con sucesión de pases. Dos acciones de pelota parada reflejaron el rédito que le podía sacar cada uno y que detrás de la ejecución hay un trabajo en las prácticas: Fernando Muslera descolgó con facilidad un envío desde el sector izquierdo y en el movimiento siguiente, Tobio Burgos asistió al capitán Guido Carrillo, que pareció desentenderse, aunque se trató de una distracción para tomar impulso desde fuera del área; el artillero no logró esquinar el martillazo y controló Rossi.
Los laterales brasileños históricamente fueron una solución ofensiva, aunque Eros Mancuso fue el que demostró mayor vocación para trepar y dañar. Dos veces piso el área y arrancó aplausos con un par de remates. Flamengo, con Jorge Carrascal, Samuel Lino y Lucas Paquetá exhibía talento y desequilibrio, pero no hacía valer esas individualidades y tampoco colectivamente marcaba el pulso.
Lo mejor del partido
Una reacción de Paquetá sobre Ezequiel Piovi -golpeó con el hombro izquierdo y luego movió el brazo- encendió las protestas y el pedido de una sanción severa, aunque el árbitro Juan Gabriel Benítez castigó con una tarjeta amarilla la infracción; también el colombiano Carrascal se ganó una amonestación, en otro síntoma de la impotencia. El Cacique Medina movió las piezas y mandó a la cancha a Joaquín Correa, Miguel Monsalve y Edwin Cetré para refrescar y para sostener el asedio, porque Estudiantes se llevaba por delante a los cariocas, que empezaban a observar con agrado el empate y llevar la definición al Maracaná.
Por Alberto CantoreCopa LibertadoresFlamengoEstudiantesConmebolAFAConforme a
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