Con el fichaje de Saint-Supéry por el Valencia Basket muchas alfombras se han levantado. En diversos puntos del mapa por el que se ha movido el andaluz durante estos años de explosión en el baloncesto. Una que todavía continúa. Ahora, más que nunca un punto de inflexión: regresar a Europa después de ganar un buen dinero en América y hacerlo en un club que acaba de proclamarse campeón de Liga y de firmar una temporada histórica en la Euroliga. Pero eso es otro cantar.
Además de las balas que vuelan en Málaga por haber perdido un talento así (el Unicaja priorizó el dinero rápido de la cláusula de salida a guardarse los derechos de preferencia sobre el jugador por si volvía a España), el otro foco del incendio está en Gonzaga. La universidad que apostó por él en 2025 se ha quedado sin respuesta ante la estrategia de ‘El Principito’, un apodo que ya no reverberarán en positivo. Según los periodistas que siguen habitualmente la información de los Zags, hay palabras para definirlo: “decisión irrespetuosa” con un “desarrollo chocante” para una conclusión, que es que aguarda un “verano tumultuoso” en esas oficinas.
Gonzaga ha filtrado a la prensa que no estaba al tanto de la negociación entre Mario y el Valencia y que se enteraron poco antes. El jugador se encontraba entrenando con normalidad el día anterior. Precisamente ahí acudió a un acto de recuerdo a Domantas Sabonis, con el que departió afablemente dado que ambos comparten la formación como jugadores en Málaga. Una operación salida manejada a sorbo callado.
En declaraciones a Spokeman-Review el padre de Mario, Kiko, apunta a una “decisión baloncestística” la que se ha llevado a cabo. Las cifras del contrato con el Valencia Basket que se han publicado en Estados Unidos, 15 millones por cuatro años decía el periodista de CBS Matt Norlander, son incorrectas. La apuesta de Juan Roig es potente pero no tanto.
Mario no es el único que ha contribuido a que la situación se haya revirado en Spokane. La salida se une a la de Jack Kayil, que en el último momento apostó por ser drafteado y lo logró en junio al ser escogido por los Knicks. El alemán era, junto al español, los proyectos que los Bulldogs tenían para el puesto de base de cara a la próxima campaña. Ahora necesitan buscar a alguien potente para esas plazas.
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— Gonzaga Basketball (@ZagMBB) July 10, 2026
Aunque quedan meses para el inicio de la temporada 2026/27 en la NCAA, desde Gonzaga consideran que esto es una carrera a contrarreloj. Los jóvenes de mayor futuro ya han elegido las universidades en las que estudiarán el próximo curso. Queda rebuscar. Como parte de la PAC-12, una de las mejores conferencias posibles en el baloncesto universitario, Gonzaga se había vuelto a posicionar alto en las listas de equipos con el trabajo de Few a nivel de reclutamiento y como entrenador. Kayil y Supéry están fuera. Lo más parecido con lo que cuentan en la dirección de juego es Nathan de Sousa, un francés al que acaban de amarrar.
Saint-Supéry se queda con una temporada de altibajos en la que promedió 8,6 puntos, 3,8 asistencias, 2,8 rebotes y 1,3 robos en 35 citas. De todo el partido que le podía sacar a los contratos por derechos de imagen (NIL), razón principal por la que muchos europeos están priorizando la NCAA sobre el baloncesto del Viejo Continente, el resultado es corto en ese aspecto. Volverá a Europa con un reto mayúsculo: ser uno de los cabezas de cartel de un proyecto en fulgurante ascenso. Y este sorprendente movimiento es una especie de devolución de todo lo que ha sido este trasvase al básquet americano: por una vez es un equipo de la NCAA el que claudica. En Gonzaga, a pesar de que en los puestos directivos haya estupor por cómo se ha dado la salida de Saint-Supéry, no hay mala sangre si se pregunta a sus ya ex-compañeros, como es el caso de Jalen Warley: “Ha tenido que ser una decisión dura de tomar. Es un buen chico y buen jugador. No quiero ver nada de odio contra él porque disfrutó cuando estuvo aquí. Para muchos novatos hay una curva de aprendizaje durante la temporada y él se la tomó con mucho gusto. Siempre voy a querer su bien y me tendrá en su esquina, sea en Estados Unidos o fuera de ellos”. Un caso que mueve de sitio el paradigma y que abre los ojos a más de uno: ni la NCAA es la panacea ni el baloncesto europeo deja de ser el refugio de mayor valía para los jugadores continentales. Mario, a sus 20 años, afrontará a partir de septiembre una ilusionante desafío para su vida, pero aunque se marche de América no hay que perder el foco de otro de los sitios en los que le tienen echado el ojo: la NBA. A ver.
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