A falta de frentes abiertos en lo deportivo, Racing se los crea en lo institucional. No pasaron ni 72 horas de la tremenda eliminación en la Copa Argentina que Marcos Rojo no se presentó a la práctica de este miércoles para forzar su salida a Estudiantes y, de paso, desatar una guerra con la dirigencia académica.
El antecedente inmediatamente previo al faltazo de Rojo fue la reunión que mantuvo el martes con el presidente Diego Milito. Siempre según trascendidos, el defensor le comunicó su intención de volver al club que lo formó justo cuando la Academia pasa un pésimo momento y la charla fue subiendo de volumen hasta terminar con la postura de no negociar de un lado, y la de no jugar más del otro.
El repentino interés pincha por repatriar al central se debe a que tiene suspendidos a Leandro González Pírez y Tomás Palacios por acumulación de amarillas para la semifinal de ida de la Copa Libertadores, el jueves 15 de octubre contra Flamengo en La Plata. Vale recordar que la Conmebol permite modificaciones en la lista de buena fe copera para las semifinales y la urgencia platense -también tiene dos cupos abiertos por lesionados- habilitó el regreso del defensor, cosa que había sido resistida en temporadas anteriores tanto por hinchas como por dirigentes ante el mal recuerdo que dejó Rojo en su vuelta en 2020 (jugó un solo partido), para meses después irse a Boca. Por lo pronto, el zurdo ya habría cerrado números con el club comandado por Juan Sebastián Verón para pegar la vuelta.
Las razones de Racing para no rescindirle el contrato a Rojo y dejarlo ir son varias:
A Racing le quedan seis partidos por la fase regular del Clausura y su clasificación a los octavos de final depende de un milagro. Su próxima cita será ante Estudiantes de Río Cuarto -el peor equipo del año- en Córdoba y la siguiente será contra Belgrano en Avellaneda, donde se espera un verdadero hervidero y nuevos insultos contra la dirigencia como ya sucedió en los últimos partidos. Para colmo, por delante tendrá a Independiente en el Cilindro y a River en el Monumental (cerrará con Aldosivi en Avellaneda y Barracas en Barracas).
Al filo de no jugar copas internacionales por primera vez desde 2014 -y adelgazar significativamente su presupuesto-, ya hay racinguistas que empiezan a ver los promedios. El año que viene se le irá una temporada de 70 puntos y arrancará en mitad de tabla, por lo que los 18 puntos en juego de lo que queda del Clausura cobran un significado extra.
Ese contexto enmarca la situación de Racing y Rojo. Un barco que viene a los tumbos y que, en su peor momento, ya tiene al primero en mandarse hacia el bote salvavidas. Por ahora, su destino es incierto. Eso sí, a favor de Rojo, vale recordar que la Academia lo fue a buscar en su momento conociendo sus antecedentes, de un Boca donde estaba colgado por peleas con la dirigencia. En aquel segundo semestre de 2025, Racing también lo fichó pensando en la Libertadores -torpezas dirigenciales mediante- y el central tuvo protagonismo absoluto en la eliminación: el único gol de la serie se produjo tras un desvío en él y sobre el final del partido de ida, lesionó con un codazo al mejor jugador académico y capitán, Santiago Sosa, marginándolo de la vuelta. El rival, Flamengo. La instancia, semifinales.

