“Hay un jugador que sigue siendo un sueño mío, a quien aún no he firmado, pero lo firmaré el próximo año. Es Jokic, el mejor jugador del mundo. Este año, le hice una oferta muy seria tanto a su equipo como a él. Intenté comprar el último año de su contrato, pero me rechazaron. Esperemos al próximo año”. Son las palabras de Dimitris Giannakopoulos, el polémico y controvertido propietario del Panathinaikos. Un hombre con un modus operandi muy particular, que fuma a pie de pista en el OAKA viendo los partidos y que siempre que puede hace gala de su consabida verborrea para no dejar a nadie indiferente. Y ahora lo vuelve a hacer diciendo que dentro de una temporada, Nikola Jokic vestirá la camiseta del PAO.
El directivo insistió en el podcast Basketball Sphere, donde sus interpelados no se tomaban en serio lo que estaba diciendo el mandamás: “No te rías. Hasta que lo fiche, no me voy a ningún lado. Este año, intenté hacer una oferta, pregúntale a Misko Raznatovic (su agente). La gente dirá que estoy bromeando, pero hice una oferta muy seria, tanto a su equipo como a él. Me rechazaron”. Desde luego, tirar de talonario no es un problema para Giannakopoulos, que gasta a mansalva un año tras otro para construir el mejor equipo posible. Eso sí, parece complicado que pueda igualar los 60 millones que el serbio cobrará el próximo curso, el último que le queda de su actual contrato más allá de una player option para la 2027-28 que ya veremos si ejerce.
Y sí, en la NBA se va la mitad del dinero en impuestos y el presidente del Panathinaikos ofrece un salario neto como hizo con Guerschon Yabusele, pero entre el francés y el serbio hay mil vidas. Jokic es tres veces MVP de la NBA (2021, 2022, 2024), ganó el anillo en 2023 siendo MVP de las Finales, estuvo en el Mejor Quinteto de Rookies, ha sido ocho veces All Star, lleva dos temporadas consecutivas promediando triple-doble, ha estado seis veces en el Mejor Quinteto de la temporada y el curso pasado lideró la competición norteamericana en rebotes y en asistencias, algo insólito para un pívot. Todo eso ya le convierte en uno de los mejores jugadores de todos los tiempos, alguien único en su especie. Una leyenda viva que no para de coleccionar premios y de conseguir marcas.
Por eso, entre otras cosas, parece tan poco probable que Jokic vaya a salir de la NBA. El atractivo de la competición norteamericana es innegable y son muchas las situaciones en las que se ven jugadores yendo al Viejo Continente, pero en un contexto totalmente distinto al del serbio. Y, por mucho dinero que tenga Giannakopoulos es imposible que se pueda hacer con los servicios de alguien de semejante calibre por mucho que tenga un pasado en el baloncesto europeo en su país natal, Serbia, hace ya más de 10 años. Por lo tanto y salvo sorpresa mayúscula, nadie debería tomarse demasiado en serio lo que dice el mandamás del Panathinaikos. También es difícil tomarle en serio cuando no para de decir cualquier cosa que se le pase por la cabeza.
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