Mucho antes del famoso “Hola, mundo” de Tiger, adornado con toda la parafernalia con la que Nike imprime un halo casi divino a sus estrellas, en el mundo analógico de 1976, alguien tan importante o más en la historia de este deporte se presentó en sociedad. El British Open se jugaba ese año, como lo hará de jueves a domingo en su 154ª edición (desde las 07:30, Movistar Golf), en Royal Birkdale, donde se fraguó uno de los grandes episodios de la leyenda de Seve Ballesteros.
Tenía 19 años en aquel entonces. Apenas llevaba dos como profesional, y aún estaba por caer la primera de sus 50 victorias en el circuito europeo (todavía sigue siendo el récord), que llegaría unas semanas más tarde en el Dutch Open. Pero ya desprendía un aura especial, que enganchó a la avezada parroquia británica. Gente que sabe cuándo tiene algo especial entre manos, y lo reconoció en ese muchacho con media melena y sonrisa magnética al que acabarían apodando ‘el quinto Beatle’.
Era su segunda aparición en el Open, que no ganaría hasta tres años después en Royal Lytham, la primera de sus tres Jarras de Clarete, la del golpe desde el parking. Después llegarían la del 84 en St. Andrews, que terminó de situarle como un icono en las islas y produjo la mítica foto de David Cannon, y la del 88, de nuevo en Lytham. La del 76 acabaría en manos de Johny Miller, que sin embargo no fue el golfista más celebrado esa semana. Ese honor correspondió a Seve, quien llegó líder a la última jornada. Tenía a tiro convertirse en el campeón más joven del torneo desde Tom Morris Jr. en 1870. Se desinflaría con un 74 que le dejó empatado en la segunda plaza con Nicklaus, pero para entonces ya tenía a todos en el bolsillo.
“Se llevaba todos los titulares. Era guapo, con un swing despampanante, muy interesante. Un tipo apuesto. Era un soplo de aire fresco y yo me quedaba embobado mirándole”.
Johnny Miller, de Seve Ballesteros
“Yo era uno de los favoritos para ganar esa semana, y de repente ahí estaba un chaval español de 19 años, de nombre Severiano Ballesteros. El primer día terminó arriba y me quedé sorprendido. Era una bonita historia. El segundo día era líder y no pensaba que fuera capaz de mantenerse, pero el tercero me tocó jugar con él y se aferró durante todo el día, manteniendo una ventaja de dos golpes. Se llevaba todos los titulares. Era guapo, con un swing despampanante, muy interesante. Un tipo apuesto. Era un soplo de aire fresco y yo me quedaba embobado mirándole. Tenía mucha presión por sostener ese cuento de hadas que estaba creando, pero yo también la tuve intentando darle caza”, diría Miller, que ya había ganado un US Open y la Ryder y había rozado el Masters. Después de retirarse haría una gran carrera como analista de la NBC. Ese día representaba al establishment contra la nueva ola.
Seve arrancó el último recorrido embocando un putt de seis metros que le puso tres arriba. “Pensaba que, si tenía alguna debilidad, afloraría el domingo. Y acabábamos de empezar y ya tenía tres de ventaja y yo estaba un poco preocupado”, rememora el californiano, que enjugaría dos golpes en el 2 gracias a un birdie y una pobre salida de Seve que le costó el primer bogey del día. Cuando el genio cántabro incurrió en un doble bogey en el 6 y su rival metió un putt largo de par, la suerte estaba echada. “Fue un punto de inflexión. Yo trataba de mantener mi hierro 1 en la calle y dejar que el valiente español pegase el driver todo el rato, que es lo que hizo”, lo narra Miller. Un triple bogey al 11 fue la sentencia de Ballesteros.
“Tengo un español muy limitado, pero recuerdo acercarme a él y decirle ‘vamos, aún puedes pelear la segunda plaza’. Estaba cabizbajo, pero a partir de ahí volvió a jugar el golf que le había puesto en cabeza, y nació una amistad, un vínculo, que sería muy fuerte”, recuerda Johnny. Muestra de ello lo que ocurrió en el 18. Ballesteros necesitaba un up and down desde el contorno del green para acabar segundo junto a Nicklaus. Jugó uno de esos golpes que solo él era capaz de imaginar e hizo el birdie para delirio de la galería, que ya no le abandonaría nunca. Aún hoy en día uno pregunta en cualquier rincón de la geografía británica por Seve y es como preguntar por Dios en el Vaticano.
“Tiré un 66, récord del campo, pero fue un gran día de golf sobre todo porque fui capaz de ganar a Seve”, reconoce Miller. “No conocía el miedo. Siempre decía ‘mientras sea joven, si la tiro a un arbusto siempre voy a tener un golpe, siempre voy a ser capaz de recuperar y meter el putt’. Creía que ocurriera lo que ocurriera sería capaz de sobreponerse. Fue increíble para el golf y yo le adoraba”, remata. Poco después Seve cantaría en Países Bajos su primera victoria como profesional. Y el resto es historia.
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