Giannis Antetokounmpo es dos veces MVP de la temporada, ha ganado un premio a Mejor Defensor, estuvo en el Segundo Mejor Quinteto de Rookies, ha sido siete veces parte del Mejor Quinteto de la NBA, dos del Segundo Mejor Quinteto, cuatro miembro el Mejor Quinteto Defensivo, dos del Segundo Mejor Quinteto Defensivo, fue Jugador Más Mejorado en 2017, ha participado en 10 ocasiones en el All Star siendo MVP en 2021, ha ganado el Premio Magic Johnson, la NBA Cup y su correspondiente MVP, hacemás de un bronce en el Eurobasket de 2025. También forma parte de los 75 mejores jugadores de todos los tiempos y es, claro, campeón de la NBA en 2021, año en el que también ganó el MVP de las Finales. Una carrera que le ha convertido en uno de los mejores jugadores, no sólo de la actualidad, sino de todos los tiempos. Y de forma indiscutible.
Todo ello, Giannis lo ha conseguido vistiendo la camiseta de los Bucks.
Su único equipo en su carrera en la NBA.
Hasta ahora.
Tras 13 temporadas con los Bucks, el 22 de junio de 2026, Antetokounmpo fue traspasado junto a Bobby Portis a Miami Heat a cambio de Tyler Herro, Kel’el Ware, Jaime Jáquez Jr. y Kasparas Jakucionis. El movimiento supuso el fin del matrimonio de la franquicia de Milwaukee y el que probablemente sea el mejor jugador de su historia (Oscar Robertson, Kareem Abdul-Jabbar, Sidney Moncrief…) y la culminación de un eterno sainete que torturó hasta la saciedad a una entidad que ha hecho todo lo posible para que la estrella se quede, sin suerte. Con una contradicción que es casi poética: los Bucks le han dado a Giannis todo lo que quería, día sí y día también, y eso ha sido lo que ha ido alejando cada vez más al griego del que hasta ahora era su único equipo en la NBA. Y, al final, se han visto obligados a iniciar una reconstrucción eternamente postergada mientras entregaban a su mesías a un rival directo con el que se han visto las caras en playoffs en los últimos años.
Los Heat ya no van a ser enemigos de los Bucks, porque la franquicia de Florida luchará por el anillo y la de Milwaukee hará todo lo posible para pasar desapercibida en el páramo en el desierto en el que se adentra. Pat Riley consigue una nueva joya de la corona, su cuarta gran adquisición en el soglo XXI tras Saquille O’Neal, LeBron James y Jimmy Butler, este último algo menos si lo comparamos con las demás, pero que permitió al equipo alcanzar dos Finales más, en 2020 y 2023. Antes de eso llegó el anillo de 2006, las cuatro Finales consecutivas de 2011 a 2014 y los dos títulos consecutivos de 2012 y 2013. Y un nuevo golpe sobre la mesa de la entidad, diametralmente opuesto al que han recibido sus homólogos en Milwaukee. En la resolución de una situación que, por desgracia, se veía venir.
Del ostracismo al anillo
Giannis empezó a explotar en la 2016-17, cuando ganó el premio a Jugador Más Mejorado a la vera de Jason Kidd. Voló al año siguiente, con 27 puntos y 10 rebotes de promedio, en el despido de su protegido en el banquillo para dar paso a un entrenador de transición como Joe Puntry. Fueron dos derrotas consecutivas en primera ronda, contra Raptors (4-2) y Celtics (4-3) respectivamente. Pero fue con la llegada de Mike Budenholzer en el banquillo con la que Antetokounmpo cimentó el camino para convertirse en leyenda: dos MVP consecutivos, el segundo acompañado del premio a Mejor Defensor, algo que en una misma carrera sólo habían conseguido antes Michael Jordan, Hakeem Olajuwon, David Robinson, Kevin Garnett. Los dos primeros y el griego, en la misma temporada. Su nombre empezaba a estar al lado de lo más grandes de todos los tiempos.
Pero daba la sensación, por el perfil de Budenholzer y el cariz que estaban tomando los Bucks, que el anillo era esquivo: en 2019 cayeron en finales de Conferencia contra los Raptors, a la postre campeones, y Giannis fue claramente superado por Kawhi Leonard. Al año siguiente y cuando llevaban 56 victorias la temporada se paró por la pandemia del coronavirus y se les atragantó la burbuja de Orlando en segunda ronda contra, vaya, los Heat. Los años pasaban y parecía que iba a ser imposible ganar, algo que ha torturado a muchos grandes campeones hasta la consecución del anillo prometido, un premio esquivo para muchos otros. Pero la pieza que faltaba, todavía en un contexto de pandemia pero ya con un porcentaje de los aficionados en las gradas, llegó ese mismo verano con Jrue Holiday.
Y ahí fue donde Antetokounmpo se convirtió en leyenda: los Bucks se hicieron con la victoria en las Finales ante los Suns de un Chris Paul que nunca lo tuvo tan cerca y emergieron para lograr el primer anillo de la franquicia en 50 años, el medio siglo que había transcurrido desde que en 1971 Oscar Robertson y Kareem (entonces Lew Alcindor) se hicieron con la victoria. Giannis cuajó unos playoffs siderales (30,2 puntos, 12,8 rebotes, 5,1 asistencias), unas Finales todavía más brillantes (35,2+13,2+5, con casi 2 tapones de media) y un último partido que fue una de las actuaciones más extraordinarias de todos los tiempos: 50+14+2, con 5 tapones. El título llegó, igual que las lágrimas a los ojos de una estrella que prometió que sería de los Bucks for ever and ever.
Pero hasta ahí llegó el equipo. Y hasta aquí ha llegado Giannis.
De vuelta al pozo
En 2022, los Bucks contaban con el que hasta ahora ha sido su último gran equipo competitivo. Llegaron a segunda ronda de playoffs, donde se enfrentaron a los Celtics, llegando a ir 3-2 arriba y cayendon por 4-3 en el Garden, lesión de Khris Middleton mediante en primera ronda ante los Bulls, lo que les hizo perder coba al estar sin un jugador clave que nunca volvió a ser el mismo. El vigente campeón no pudo con su rival a pesar del increíble nivel de Ginanis (34+15 de promedio en segunda ronda, con tres partidos por encima de los 40 puntos, dos por encima de los 20 rebotes y un triple-doble) y pusieron marcha al rincón de pensar. Budenholzer empezaba a tambalearse en su puesto porque el éxito es efímero y el fracaso dura para siempre. Y si bien la lesión de Middleton le dio una justificación sólida a la derrota, lo que estaba por venir era todavía peor.
Y ahí, en última instancia, acabó todo. El principio del fin se dio después de una temporada de 58 victorias y el primer puesto de la Conferencia Este, pero la derrota en primera ronda de playoffs ante unos Heat heroicos, esos que les volvían a apear de forma tan inopinada como merecida. Con un contundente 4-1, finales de partido mal ejecutados, remontadas imposibles y una historia maravillosa, las lesiones de Giannis, que se perdió el segundo y el tercer partido además de estar infiltrado en los dos siguientes, lo marcaron todo. El griego empezaba a hartarse y finalmente lo hizo tras el 126-128 del quinto asalto en la prórroga, con Jimmy Butler y compañía haciendo de las suyas. Budenholzer era despedido poco después y, por insistencia de un Antetokounmpo que amenazaba permanentemente con no renovar, se hizo el movimiento más incomprensible de todos.
Ahí fue donde se sacrificó a Jrue Holiday, pieza clave del anillo de 2021, en favor de un Damien Lillard que llegaba a Milwaukee con la etiqueta de estrella en la espalda. Eso sí, a algún lumbreras se le debió ocurrir la genial idea de dejar marchar a un seguro en la toma de decisiones aunque entrado en años para fichar a un jugador ofensivo, que no defiende, que necesita balón y a esas alturas también entrado en años. La realidad fue la que fue y la temporada acabó en catástrofe: Adrian Griffin, el elegido por Giannis para el banquillo, decía adiós por un despido forzado por el griego tras 43 partidos y un récord de 30-13. Algo falló en la comunicación entre ambos, pero estaba claro que Antetokounmpo había ejercido la peor parte de la era de los jugadores empoderados para hacerse con el poder de la franquicia. Y lo hizo.
Por una carambola que nadie entiende, fue Doc Rivers el que llegó a los Bucks para nada. Un entrenador anacrónico y obsoleto, campeón en 2008 con los Celtics pero que hacía mucho que había demostrado que no valía para volver a ganar. Llegó la NBA Cup, un pobre consuelo, más lesiones de Giannis, dos derrotas consecutivas contra los Pacers en primera ronda (4-2 y 4-1, la primera sin el griego y la segunda con), las luchas internas y una deseada extensión a la estrella que parecía atarle de por vida a los Bucks. Nada más lejos de la realidad: el fracaso se había instalado en un equipo que sólo mantenía a dos piezas del anillo de 2021, la del ala-pívot y la de Bobby Portis. De la mediocridad se pasó al pozo: 32-50 de récord, una temporada, la última, tirada a la basura, y la constatación de que la cosa se había acabado. Antetokounmpo no salió en el mercado invernal, pero sí en verano. Y lo que era un secreto a voces acabó por transformarse en realidad con su traspaso.
Se veía venir
Desde el anillo de 2021, los Bucks han sumado una derrota en semifinales de Conferencia, tres consecutivas en primera ronda y un año sin playoffs. Su balance en la fase final desde el anillo es de 9-17, a los últimos playoffs llegaron como el quinto entorchado del Este y esta temporada han quedado en la 11ª posición. En 13 años se han gastado más de 340 millones de dólares en contratos para Giannis y al final lo han acabado perdiendo. El griego ha tenido muchos problemas físicos y en el último curso apenas ha disputado 36 partidos, algo motivado en buena parte por los deseos de los Bucks de mantenerle sano para buscar el traspaso más beneficioso posible, algo que es imposible cuando te haces con un jugador de estas características. No aceptaron a Jaylen Brown, que ha acabado en los Sixers por otras peleas internas, las de los Celtics. Nadie se libra.
Al final, y mandándolo a Miami, se han quedado con un premio muy menor: Tyler Herro, Kasparas Jakucionis, Jaime Jaquez, Kel’el Ware y varias rondas de draft (a saber: el nº 13 de este 2026, dos de primera ronda en 2031 y 2033 que van sin protección, un intercambio para 2030 y una de segunda ronda en 2033). Todo ello soltando por el camino a Bobby Portis y permitiendo a los Heat emerger como principales favoritos en el Este junto a los Knicks. Todo ello en una NBA más abierta que nunca, que ha sumado ocho campeones distintos en las últimas ocho temporadas, uno de ellos los propios Bucks, que no han sido capaces de aprovechar la situación para hacerse con más anillos y han ganado uno que es para siempre, pero que visto lo visto sabe a poco si tenemos en cuenta que prometían dominar el mundo cuando alcanzaron el primer entorchado en 50 años.
En su carrera en la NBA, es decir en sus 13 temporadas con los Bucks, Antetokounmpo ha promediado 24,1 puntos, 9,9 rebotes y 5,5 asistencias, siendo uno de los muchos que ha redefinido la posición de ala-pívot en muchos aspectos, aunque con tímidas mejoras en el pase e inexistentes en el triple. En la última década, ha ganado dos MVP, ha sido siete veces votado entre los cuatro primeros y nueve en el top 10, además de ser candidato perenne al premio al Mejor Defensor. También ha superado la barrera de los 25 puntos por noche en nueve temporadas consecutivas, promediando de la 2022-23 a la 2024-25 más de 30. En las últimas tres campañas se ha ido, además, por encima del 60% en tiros de campo. Y está ya consolidado como uno de los mejores europeos de la historia y, también, su currículum le avala, uno de los mejores jugadores de todos los tiempos.
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Pero Giannis se ha aprovechado del contexto para secuestrar a su propio equipo, expresas sus deseos cada vez que ha podido amenazando por irse por el camino, una actitud muy típica de una era en la que los jugadores (o mejor dicho, las estrellas más importantes de la competición) se han hecho con el poder, deshaciendo y deshaciendo a su antojo. De esta forma, Antetokounmpo no sólo llevó a los Bucks al anillo, también fue hundiendo paulatinamente el proyecto exigiendo cosas varias (Lillard, Rivers, que Thanasis estuviera siempre a su vera…), mientras se quejaba a nivel público e interno del devenir de la franquicia, que le ha dado las gracias por los servicios prestados y ha anunciado que retirará su camiseta cuando se retire. No es para menos, ya que probablemente sea el mejor jugador de la historia de la entidad. Eso sí, sería osado pensar que su comportamiento ha sido intachable y que no ha tenido un papel fundamental en el hundimiento de un proyecto que llegó a ser maravilloso. Y que ahora, 13 años después, se ha visto reducido a cenizas.
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