Una nueva generación pelea por los mismos objetivos que las pasadas: continuar en la cima del mundo. Estados Unidos afronta un leve relevo en la selección femenina absoluta de baloncesto, con Kara Lawson al frente del banquillo, para dominar la escena como ha hecho en los últimos veinte años. Nadie las tose. Veremos, si es que se produce, cuándo caen y bajo qué circunstancias.
Atrás quedaron las plantillas en las que el liderazgo corría a cargo de dos pilares fundamentales de la WNBA que trasladaban su calidad a las competiciones de la FIBA: Sue Bird y Diana Taurasi, Diana Taurasi y Sue Bird. Némesis. Cortadas por el mismo patrón, el de la U-Conn de Geno Auriemma, saltaron al profesionalismo para quedarse con todos los logros posibles. Campeonatos arriba y abajo en la liga norteamericana, oros continuados cuando les tocaba representar a su país. Ahora, ya retiradas, ven que hay mujeres que les han tomado el relevo de la mejor forma posible.
En la camada que se ha presentado a este Mundial ha faltado Kelsey Plum a última hora por problemas de salud no revelados. Era una de las bases habituales en la alineación. Pero Estados Unidos está tranquila: el relevo no puede tener más garantías.
A las Bird y Taurasi les han cogido el testigo otras dos jugadoras destinadas a hacer historia en el baloncesto mundial, algo que la WNBA conoce de primera mano en los últimos dos años. Caitlin Clark y Paige Bueckers, Paige Bueckers y Caitlin Clark. Lo mejor de lo mejor.
Para la Selección Española, y quien se ponga por delante de ellas el domingo, el reto es mayúsculo. Las de Méndez las conocen de primera mano desde el torneo clasificatorio que se disputó en Puerto Rico en marzo. Saben a qué peligro se enfrentan.
Clark, la número uno del Draft 2024. Bueckers, la número uno del Draft 2025. Parece suficiente para entender de quiénes hablamos. Caitlin, en las Fever, demuestra que es una de las mejores jugadoras del planeta si no es ya la mejor (Stewart y Wilson aún tienen algo que decir). Una megaestrella universitaria que a base de un ritmo altísimo y triples imposibles hace historia día a día. Es la imagen de la WNBA. De eso no hay duda alguna. 22,5 puntos y 8,4 asistencias en la temporada actual que se ha interrumpido con la Copa del Mundo. Bueckers, de portada de revista al primer plano tras superar una grave lesión de rodilla en la temporada 2022/23. En las Wings de Dallas cuentan con una impresionante embajadora. Qué dos bases tiene Estados Unidos para la próxima década o incluso más; así perviven el dominio.
El reverso de Clark y Bueckers se llama Sabrina Ionescu. Estadounidense con ancestros rumanos, a sus 28 años la base de las Liberty ya es campeona de la WNBA (2024). Es otra número uno, la que se suponía que vendría a cambiar la historia del baloncesto estadounidense hasta que aparecieron las otras dos. Siendo una magnífica jugadora, ha visto a dos chicas más jóvenes adelantándola por la derecha en términos de selección nacional. Siendo de ésas que ha roto barreras y se ha visto en promociones con los hombres, como aquel reto junto a Stephen Curry en un All-Star, las miradas no se han parado en ella. 15,1 puntos esta temporada en un conjunto superexigente, donde la competencia se llama Marine Johannès (la francesa es de las mejores del mundo), no le han servido para verse en la lista del Mundial. Sin hueco, la cara amarga de EE.UU. a pesar de su calidad y su importante exposición pública.
España lucha este sábado por tirar abajo un 70-0. Es el récord que Estados Unidos suma entre Juegos y Mundial al entrar a las semifinales del Mundial de Berlín. La Selección también afronta un cambio de generación estos últimos años: atrás quedaron Laia Palau y Silvia Domínguez para llevar la batuta, honor que pertenecerá a Iyana Martín (de 20 años). Con la ayuda de Flórez, Carrera, Pueyo, Buenavida y Awa Fam, la asturiana vivirá a partir de ahora para enfrentarse a americanas; el año que viene, si no hay cambio en la hoja de ruta, debutará en la WNBA de la mano de Portland Fire, que la escogió en el Draft de 2026 como la séptima mejor jugadora de la prole. Un test para el tipo de jugadoras a las que tendrá que habituarse. Que el futuro de la Selección pase por ese tipo de aclimatación, en el más alto nivel, es la mejor señal de que estamos ante algo muy grande.
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