En París 2024 la sequía prosiguió: 42 años han transcurrido desde aquella plata que Fernando Climent y Luis María Lasúrtegui lograron en el Dos sin Timonel (M2-). Esa presea supone el último éxito que el remo español amarró en unos Juegos Olímpicos. Han surgido nombres brillando en Europeos y compitiendo a nivel global, pero la presión no decrece. Ante este panorama, las victorias se celebran con ímpetu. Eso fue lo que ocurrió en el Mundial Juvenil que Plovdiv (Bulgaria) acogió el pasado agosto, donde la delegación, ausente en las quinielas, se impuso a las potencias extranjeras y conquistó el oro. Ahora, Alejandro Demiddi, seleccionador del combinado nacional juvenil, habla con AS.
Nombrado responsable en abril, el argentino inició un proyecto continuista que debutó en el anterior Campeonato de Europa, cuyos resultados no fueron los esperados: el Cuatro sin Timonel (JM4-) compitió en la final de consolación, despidiéndose de Brandeburgo en última posición. “Previo al certamen continental, planteé que, si las cosas no salían bien en la modalidad de cuplé, probaría a Manuel Cruz y Robert Privisterescu como puntas de lanza para formar un Cuatro sin Timonel”, narra.
Los ensayos arrancaron en Sevilla (donde se llevó a cabo la concentración previa a poco más de un mes del Mundial) con Cruz, Privisterescu y un tercer elemento: Juan Jesús Ortega, un andaluz que destaca por su capacidad física (todos de 2008). Ante la vacante de un cuarto integrante, las pruebas señalaron a Borja Núñez como la pieza idónea: “Se insertó y se ensambló, muy bien al barco”.
Tras rebajar su marca de un 6:10 a un 6:04, pusieron rumbo a Bulgaria. Allí, rebosantes de ambición y dispuestos a dar el campanazo en la prueba inaugural, pararon el crono en 6:14 con viento en contra; superaron a Alemania (campeona de Europa) y se erigieron como el bote con el mejor registro de todas las eliminatorias. En semifinales, amarraron un tercer puesto que les garantizaba el carril uno para la final. “Una de las mejores cosas que le pasó al barco para sacarle presión es haber clasificado… Estar en una calle exterior, no ser favorito y que también han hecho una mala regata, eso les hizo salir mucho más alerta y muchísimo más activados”, relata Demiddi.
“En una prueba de 2.000m, la medalla se gana en los 1000 metros centrales”, sostiene el técnico. Los primeros y los últimos 500 no eran determinantes. La clave era replicar lo que naturalmente les salía en cada entrenamiento. La escuadra forjó una estrecha amistad y evidenciaba una química excepcional. Así, en la final A, España rebasó la línea de meta en 6:00.97, certificando la corona mundial por delante de la representación británica, plata con 6:02.22; Francia, bronce a la postre (6:03.18); e Italia (6:06.96).
“Nadie nos ponía de favoritos”, explica Demiddi. Exhibieron una excelente velocidad base y, sin necesitar un pico altísimo en la sección decisiva, lograron una ventaja de unos 14 metros. “A partir de ahí, descuentan, descuentan, pero llegan asegurando cada palada para no cometer ningún error y terminan ganando la medalla de oro. Para nosotros fue histórico”, detalla el seleccionador.
Pese a la euforia, Demiddi exige cautela: “Quedan lejos los Juegos Olímpicos; toca mantener la calma, apenas tienen 18 años. Aquí no existen fenómenos precoces como Lamine Yamal en el fútbol”. Sin embargo, el remo, un deporte donde el físico es determinante, aguarda con expectación la evolución de este Cuatro sin Timonel. Su salto a la categoría sub-23 abre un horizonte de ilusión, un escenario en el que, como sentencia, “tienen muchísimo para ofrecer durante los próximos años”.
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