Por si a alguien se le había olvidado, Carlos Alcaraz demostró este martes que no hay nadie en el circuito capaz de afrontar una final como lo hace él, salvo Jannik Sinner, baja para lo que resta de temporada, y un tal Novak Djokovic, que se resiste a abandonar a sus 39 años. El murciano siguió un plan de partido prácticamente perfecto para batir en la final de Tokio a Jiri Lehecka (7-6 (4) y 6-4 en 96 minutos) y hacerse así con el 27º título de su carrera, tercero en lo que va de curso, tras los del Open de Australia y Doha. Ya es el tercer español con más trofeos, igualado con el gran David Ferrer, por detrás del inconmensurable Rafa Nadal (92) y de otra leyenda como Manuel Orantes (34), a quien tiene ahora ‘en su punto de mira’.
“Qué viaje tan increíble desde que me lesioné. Ha sido mucho tiempo, un proceso muy largo y lento, con altibajos, dudas y también momentos realmente buenos. Pero el trabajo que todos habéis hecho para que estuviera preparado, para que llegara en buena forma y físicamente sano a mi regreso, y para aseguraros de que no volviera a lesionarme, ha sido increíble”, le agradeció a su equipo Alcaraz, que no pierde en un ATP 500 (20-0) desde hace más de un año y medio, cuando le batió Holger Rune en la final de Barcelona. Es el cuarto tenista que gana al menos 10 trofeos de esta categoría, uniéndose a Federer, Nadal y Djokovic. También el tercer jugador capaz de repetir éxito en el Japan Open, después de Edberg (1989-91) y Sampras (1993-94), y el primer representante de la Armada que lo consigue.
Riqueza de recursos
Carlos demostró que la variedad es oro en un tenis actual marcado por la velocidad y el despliegue físico. Ante un rival, el fornido checo de 24 años y 19º del mundo, que es uno de los mejores sacadores del circuito, por potencia y colocación, el murciano de 23 años derrochó recursos para revertir un mal comienzo de partido, en el que perdió su servicio de salida. Con cambios de dirección, de altura e intensidad en los golpes, y dejadas letales, fue sacando a Lehecka de su zona de confort hasta derribarle en un desempate del primer set que se le había puesto cuesta arriba.
En el segundo, el palmareño maduró aún más su receta y frustró al de Mladá Boleslav, que terminó hundido tras encajar un segundo break en el séptimo juego. La gira está llena de muy buenos tenistas que adolecen de talento táctico y, sobre todo, de mentalidad. Porque sacando como saca Jiri no se puede perder así un desempate, por mucho Alcaraz que se tenga enfrente. “Has vuelto y has demostrado que sigues teniendo el nivel, por desgracia. Siento muchísimo no haber sido capaz de conseguirlo hoy. Estoy muy triste por ello, pero creo que, si alguien me hubiera dicho que iba a jugar una final contra uno de los mejores jugadores del mundo aquí esta semana, lo habría aceptado”, le dijo en la entrega de trofeos. Charly, por cierto, cerró el torneo habiendo ganado los cuatro tie-breaks que jugó en cuatro encuentros diferentes, ante Michelsen, Arnaldi, Shapovalov y el propio Lehecka. Un ejemplo de que él sí que es duro de cabeza y de que le sobra valor y determinación.
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