La Euroliga siempre encuentra maneras de revisitar sus viejas historias, pero pocas tan llamativas como esta: Guerschon Yabusele y Zeljko Obradovic vuelven a encontrarse, esta vez como jugador y entrenador del Panathinaikos. Un reencuentro que parecía improbable hace apenas un año y que ahora se convierte en uno de los grandes focos del verano en Europa.
Yabusele llega a Atenas tras unas temporadas muy complicadas en la NBA, marcadas por la falta de continuidad y un rendimiento lejos de los esperado en los Philadelphia 76ers, New York Knicks y Chicago Bulls. Su regreso al continente, renunciando a una considerable cantidad de dinero para volver a sentirse importante en la Euroliga, ya era noticia por sí sola. Pero este nuevo destino tiene un poco de morbo para algunos, ya que volverá a ver a Obradovic, el mismo técnico que estaba al frente del Partizán aquella noche del 27 de abril de 2023 que paralizó al baloncesto europeo.
Aquel Real Madrid-Partizán en el Wizink Center, a día de hoy Movistar Arena, quedó marcado por una tangana monumental. La falta antideportiva de Sergio Llull fue la chispa que encendió un incendio que terminó con 21 jugadores descalificados y un partido suspendido. En medio del caos, Yabusele protagonizó la acción más dura y bochornosa: agarró por el cuello a Dante Exum, lo placó y lo derribó. El francés recibió la sanción más severa, cinco partidos, aunque muchos pensaron que podrían haber sido más
Obradovic, por su parte, se mantuvo al margen de la pelea, ya que trató de apaciguar los ánimos, abandonó la pista hablando tranquilamente con Rudy Fernández y tuvo que mediar para evitar que alguno de sus jugadores se encarara con los aficionados. Su mensaje posterior fue tan firme como conciliador “No sé qué puedo decir. Está en manos de árbitros y Euroliga. Lo que ha ocurrido no es bueno para el basket. No puede pasar esto nunca más. Necesitamos hablar de baloncesto. Cuando se habla de baloncesto no hay nada mejor”.
El playoff terminó con la épica remontada del Real Madrid, que levantó un 0-2 en contra. Yabusele, todavía con jugadores de ambos equipos sobre la pista, se dirigió al público con un “esto es Madrid”, que quedó grabado en la memoria de la afición blanca. Desde entonces, la pregunta ha flotado en el ambiente: ¿Cómo sería el reencuentro entre el francés y el técnico serbio?
La respuesta, ahora, se escribirá en verde. Ha pasado mucho tiempo, las aguas se han calmado y el baloncesto, al final, siempre acaba imponiéndose. Pero la curiosidad es inevitable, después de todo ahora hay dos protagonistas de una de las noches más caóticas de la Euroliga unidos en el mismo vestuario, con el mismo objetivo y bajo el mismo escudo.
Además, el Panathinaikos vive un verano de reconstrucción profunda. Obradovic vuelve al club 14 años después acompañado por viejos conocido como Mike Batiste en el cuerpo técnico y Dimitris Diamantidis en la estructura del club. La plantilla se está rearmando a toda velocidad. Moustapha Fall ya está dentro, Isaac Bonga y Brancou Badio han aterrizado en Atenas, y el propio Yabusele forma parte de ese paquete de fichajes que el presidente Dimitris Giannakopoulos prometió como “cuatro grandes incorporaciones”.
En este proyecto, Yabusele tiene un papel clave, recuperar su mejor versión, demostrar que su regreso a Europa no es un paso atrás sino un renacer, y hacerlo bajo las órdenes de un entrenador que, aunque estuvo presente en la noche más oscura de su carrera, nunca fue un enemigo, solo un testigo.
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