Tal vez, en lo relacionado al mundo ciclista, el Hotel El Capitán, a escasos kilómetros de Cangas de Onís, puede ser uno de los que más simbolismo tenga. En 1996, Miguel Indurain echó pie a tierra en una etapa que terminaba en los Lagos de Covadonga y se paró en el mencionado hotel, en el que estaban hospedados, y se bajó de la bicicleta para siempre. Fue su última imagen como ciclista en activo. En esta Vuelta 2026, camino de Font Romeu y en una granizada histórica que provocó la cancelación de la etapa, otro alojamiento entró en la historia de la carrera: el Igesa Village Club Les Sorbieres, a poco más de 10 km de una meta a la que nunca se llegó.
Cuando se tomó la decisión de dar por finalizada la etapa, los corredores se protegían como podía de un granizo que hacía daño. Mikel Landa y Carlos Canal lo hicieron bajo paraguas de aficionados y la gran mayoría acudieron al Igesa, que se encontró con casi 200 aficionados de pronto en sus instalaciones. ¿Su respuesta? Sacar toallas y café para todos ellos, muchos de los cuales estaban tiritando por el frío y con dificultades para entrar en calor. Fue una tarde de imágenes más propias del pasado, de historias del ciclismo que cuentan de hace más de 70 años, pero que ocurrieron en pleno 2026. El ciclismo es así.
Buenos días
A tod@s los empleados y personal del Hotel Igesa Village Club Mont-Louis. Refugio de los más de 180 ciclistas durante la granizada y que se volcó. El mundo sigue siendo maravilloso, aunque unos pocos se empeñen en lo contrario.
FinFoto: @PhotoGomezSport pic.twitter.com/5KGShKsSlV
— Luis Pasamontes (@pasamontesluis) August 25, 2026
Por eso, y más allá de los detalles que tuvieron con los anfitriones, los corredores piden a la gente que den cinco estrellas en las reseñas de Google por la tremenda hospitalidad que tuvieron. “Si te gusta el ciclismo, aquí está el hotel que nos acogió durante la tormenta. Nos trajeron toallas, té y frutas. ¡Un gran agradecimiento a todo el equipo! No dudes en darles 5 estrellas», cuenta Bernard, del Lidl-Trek. En pleno pirineo francés, cerca de la frontera con España, a buen seguro que este día marcará un antes y un después para los amantes del ciclismo, ya que pasa a convertirse en un ‘lugar de culto’.
El público respondió al llamamiento con miles de reseñas, algunas de ellas bromeando (“Estaba alojado ahí, escuché un ruido, salí al pasillo y había 180 ciclistas de La Vuelta”). “Ubicación perfecta después de una granizada e incluso nos proporcionan toallas a los dos minutos después de que lleguen 180 ciclistas sin previo aviso”, publicó el noruego Tobias Johannessen, del uno X. “Sin duda, lo mejor del hotel es su gente. Mil gracias por el trato recibido”, ponía en su reseña David de la Cruz, del Q36.5. Seguro que más de uno vuelve en el futuro… sin necesidad de estar debajo de una granizada.
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