Después de la temporada 2025, era difícil pensar que alguien distinto a Jannik Sinner y Carlos Alcaraz pudiera encabezar en 2026 el ranking de títulos en Grand Slam. Y menos que ese jugador pudiera ser Alexander Zverev, que siempre ha ido a remolque. El italiano y el español llevaban dos años seguidos repartiéndose los majors. Nada indicaba que en la presente campaña iba a ser el alemán quien ganara dos, cuando nunca antes había escalado esa cima. Alcaraz y Sinner han conquistado un grande cada uno, Australia y Wimbledon, pero Zverev ha doblado esa cosecha en un año físicamente vulnerable de sus rivales. No sería justo decir que los títulos de Sascha han sido regalos, pero la realidad es que ha sabido aprovechar el camino allanado. El alemán ha conquistado Roland Garros y el US Open sin haberse cruzado con Sinner o Alcaraz en ninguno de los dos cuadros. Tampoco con Novak Djokovic.
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Esto es un dato estadístico frío, no una crítica. Hay que aplaudir que Zverev, el más prometedor de la generación de los 90, haya aprobado al fin su asignatura pendiente con los Slams. Pero la grandeza no se alcanza solo con el grosor del palmarés, también con duelos épicos ante los mejores. Zverev sigue teniendo el cara a cara en contra con los tres: Sinner (5-11), Alcaraz (6-7) y Djokovic (5-9). Y las veces que se ha cruzado con ellos este curso ha perdido: una ante Carlos y cinco ante Jannik. En los dos majors que no ha ganado este año ha sucumbido ante ambos, lo que también es indicativo. El último tropiezo con el italiano fue en la final de Wimbledon. Ahí sí vimos a un Zverev heroico, que murió en la orilla. Como imagen, esa derrota le ha dado más prestigio a ojos de los aficionados que sus éxitos ante rivales menores. Pero ya nadie le quitará sus dos Grand Slams. Un premio a su regularidad, pero no a la brillantez.
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