El martes llamó la atención, sobre todo en Italia, la visita de Jannik Sinner a la clínica de fisioterapia de Vía Fontana, en Milán, un centro de evaluaciones y tratamientos fisioterapéuticos. Porque aunque, en principio, se trataba de un chequeo rutinario, el hecho es que el número uno del mundo tenía una inflamación en la rodilla derecha.
Pero la exploración a la que fue sometido reveló que podía seguir entrenándose y, de hecho, lo hizo este miércoles con normalidad. Y viajará este domingo a Cincinnati, donde al contrario que Carlos Alcaraz, si podrá defender, al menos intentarlo, su puesto de finalista en el Masters 1.000 estadounidense.
Allí cayó en 2025 precisamente contra el español y partidrá en la presente edición como gran favorito para hacerse con el título. Sería el sexto suyo en la categoría en lo que va de temporada, después de triunfar en los cinco anteriores: Indian Wells, Miami, Montecarlo, Madrid y Roma. Su ausencia en Montreal le ha impedido hacer aún más historia, porque interrumpe su racha.
Sinner suele tomarse muy en serio, como es normal, su condición física, y este año se ha sometido a controles exhaustivos tanto en Montecarlo, donde reside, como en Turín y Milán.
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