Nuevos comienzos. Quizás demasiados. En los últimos tres años el Barcelona ha sido un foco de cambios, tirar la casa para volverla a construir, decepciones y derrotas. La salida de Jasikevicius, que vino a dar lustre a la última década en la sección de baloncesto, y otros miembros ilustres de la plantilla como Mirotic y Clyburn marcó un camino. Uno pedregoso. Había que ajustar los presupuestos por despilfarros anteriores. Aún dura. Grimau y Peñarroya fueron quemados. Xavi Pascual regresó tras la etapa rusa al club en el que lo fue todo, ilusionó y se ha ido por la puerta de atrás a por el dinero dubaití. La responsabilidad recae, otra vez, en personas distintas en las que poner el foco.
Sisco Pujol es el nuevo directivo responsable de la sección. Xevi, tocayo de apellido, será el mánager. Juan Carlos Navarro quedó relegado a un rol de representación. Esos cambios, por arriba. En la pista, más de calado. El esloveno Aleksander Sekulic, de 48 años, fue el elegido para el banquillo viendo que otras opciones como Obradovic o Galbiati no estaban disponibles. Por repetir, el perfil de un técnico sin un gran palmarés se pone a prueba en el Palau Blaugrana. A ver cómo sale la apuesta.
Sekulic es un entrenador forjado en su país, en el Slovan y en el Krka. Recibió una oportunidad para saltar a la palestra internacional siendo asistente de la selección nacional bajo el mando de Igor Kokoskov y aquello multiplicó su éxito: se llevaron a casa el Europeo de hace nueve años, hito histórico, y se colocó en el mapa del baloncesto a nivel continental. Asumió el liderazgo de Eslovenia. Sin los Udrih ni Goran Dragic, contando con otros nacionalizados que no eran Anthony Randolph, el núcleo que formó Aleksander alrededor de Luka Doncic, para ellos el talento generacional por excelencia, se volvió más y más fuerte. Siendo un país pequeño y con pocos recursos, el jugador de los Lakers y compañeros como Prepelic, Cancar, Dimec y tantos otros elevaron el nivel. Eslovenia saltó al primer plano mundial. Mérito también del jefe del banco.
Esos tiempos se acaban este año. Eslovenia se volverá pasado para Aleksander Sekulic, ya que según se avanza en la prensa local abandonará las funciones como entrenador de la selección para centrarse en el Barcelona. No dirigirá en la próxima ventana disponible, en noviembre, con los suyos jugándose la Copa del Mundo. Se plantea una transición tranquila hacia un nuevo liderazgo. El de Liubliana les dirigía desde 2020. Dos séptimos puestos y un sexto en tres participaciones entre EuroBasket y Mundial y el cuarto lugar en los Juegos de Tokio, donde el bronce se lo arrebató Australia con una exhibición monstruosa de Mills. Para las armas con las que cuentan, meritorio. Ahora Sekulic buscará replicar éxitos en la ciudad catalana.
Pascual dejó el banquillo cuando había enamorado de nuevo a la afición y apareció Aleksander para, curiosamente, intercambiar posiciones. Xavi se va al Dubái con un contrato de ocho dígitos, era complicado de rechazar, y sustituye allí al entrenador que acabó la temporada inaugural de los de Emiratos en la Euroliga: no otro que el propio Sekulic. El esloveno había sido contratado a falta de una jornada para terminar la fase regular del torneo europeo, con opciones aún de resistir sin caer eliminados, cuando despidieron al Jurica Golemac tras el trabajo de todo el curso. Se le valoró para continuar hasta que apostaron, y bien fuerte, por el de Gavá. Con el que además compartía otro destino: Sekulic había asumido el mando del Zenit de San Petersburgo que soltó tras cinco años allí el mencionado Pascual. Carreras que se entrelazan.
Primer contratiempo
Evbuomwan no empezará la temporada con todos por una lesión.
Doncic, por lo tanto, queda atrás. También la estrategia que Sekulic seguía con Eslovenia: liderazgo hipermarcado y auténticos soldados dispuestos a matar en la guerra por él. Luka absorbía mucho balón en los ataques y obviamente mejoraba a sus colegas, que sobre todo se centraban en moverse sin balón y desmarcarse por fuera para recibir el pase del ‘77′ si éste no se veía para finalizar de cara al aro. En defensa, protección a jugador que no destaca en tal área. Se iba a marcadores altos, ritmo ídem, y los resultados daban la razón tanto a jugador como entrenador. Ahora, en el Barça, todo cambia. Ni contará con semejante talento natural, alguien capaz de destrozar a cualquier oponente casi en solitario, ni se asemejan plantilla y estrategia. El Barcelona ha acometido una renovación completa, con más de una decena de fichajes, con objetivos como bajar la media de edad y priorizar el aspecto atlético sobre el parqué. Nada que ver. Ahí habrá que ver el toque de magia de Sekulic. Como destacaba el periodista José Manuel Puertas en fechas recientes, la experiencia no será un grado en los culés: los que se han ido este verano sumaban 1848 partidos en la Euroliga; los que han venido, 186 y uno de ellos -Josh Nebo- acapara 106. Escenario virgen para la mayoría, prueba de cuantioso categoría para un técnico poco habituado a ello. El plan de Doncic ya no vale; hay que pasar al siguiente nivel.
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