Las redes sociales explotaron cuando Russell Westbrook anunció su retirada. No era para menos, ya que siempre fue un jugador que favorecía a esa narrativa inherente a la NBA, una que se mantiene viva por obra y gracia del debate constante, ese que utiliza para cimentar la opinión pública, el lugar en el que se ganan y se pierden las batallas que deciden las guerras. El base perdió la suya particular en una lucha incesante contra sí mismo en la que finalmente pereció. Y, sin embargo, eso no impidió que las buenas palabras hacia él se multiplicaran tras el vídeo en el que decía adiós: desde citas a su currículum hasta la nomenclatura de leyenda, pasando por los halagos constantes al tremendo esfuerzo y la intensidad que demostraba en pista. Y sí, es habitual en estos casos ensalzar lo bueno y apartar lo malo. Pero, ¿ha sido realmente tan bueno Russell Westbrook?
Desde luego y eso es indiscutible, estamos hablando de un currículum inabarcable, aunque sea casi en exclusiva a nivel individual. MVP de la temporada y campeón olímpico en 2012, Westbrook ha sumado nueve presencias en el All Star, del que fue dos veces MVP, nueve presencias en los Mejores Quintetos, dos títulos de Máximo Anotador, tres de Máximo Asistente y su particular inclusión en el Mejor Quinteto de Rookies en su año de novato. Todo ello tras pasar por la prestigiosa UCLA de su California natal, cuando dio sus primeros pasos en la zona de Long Beach. La estrella también se hizo con el oro Mundial de 2010, conquistó el NBA Community Assist Award de 2015 (por su actividad filantrópica) y fue incluido en la lista de los 75 mejores jugadores de la historia de la NBA, todo un honor que le permite codearse con los más grandes de todos los tiempos… en teoría.
Pero si hay algo que ha definido la carrera de Westbrook ha sido su asociación con el triple-doble, la estadística que le ha acompañado siempre. Tras la salida de Kevin Durant en 2016, el jugador empezó a coleccionar este tipo de datos un día sí y otro también. Ha promediado esas cifras en cuatro temporadas diferentes, consiguiendo un récord de 209 (12 más en playoffs) y dejando muy atrás los 181 de Oscar Robertson. Eso sí, Nikola Jokic ya lleva 198 y no tardará en superarle, aunque el serbio se define por más cosas aparte de por ese dato. Además, Russell Westbrook es el jugador que más triples-dobles ha conseguido en una temporada con 42 en la 2016–17 (0,518%). El propio jugador tiene el récord de mayor promedio de triples-dobles en una temporada con (0,58%) en la 2020–21, campaña que se acortó a 72 encuentros. Y es uno de los tres jugadores junto a Robertson y Jokic en hacer un doble triple-doble, algo que consiguió el 2 de abril de 2019 al llegar a los 20 puntos, 20 rebotes y 21 asistencias ante los Lakers.
Pero, ¿es eso suficiente? Westbrook ha sido un base potente, con una gran capacidad para el salto vertical, capacitado para hacer grandes penetraciones y bonitos mates. Pero también ha sido errático en defensa, su toma de decisiones fue muy cuestionada durante toda su carrera y carece totalmente de lanzamiento exterior, promediando poco más del 30% en las 18 temporadas que ha jugado. Las carencias del base han sido diametralmente opuestas a un carácter que siempre le ha permitido presumir de ser un buen tío, pero su negativa a mejorar, su indolencia y la falta de capacidad crítica que ha tenido en su juego impide que se le sitúe como una auténtica leyenda. Más aún si tenemos en cuenta que no tiene anillos: las Finales de 2012 es lo más cerca que estuvo y ha disputado tres finales de Conferencia más. Un pobre bagaje para una carrera que se extiende en casi dos décadas.
Los claroscuros, muy oscuros
En realidad, Westbrook sólo ha estado en la órbita del anillo en su etapa en los Thunder, franquicia de la que es el máximo anotador histórico. Allí, aparte de las Finales de 2012, tuvo su gran oportunidad junto a Kevin Durant en 2016. Antes, en 2013, una lesión en playoffs demostró que el equipo era mejor con él que sin él, y tres años después estaba en plena sintonía con Kevin Durant, con el que estuvo a punto de apear a los Warriors del 73-9. Iban 3-1 arriba y el sexto encuentro lo dominaban con creces, pero la magia del campeón (que en las Finales se vio en la misma situación, pero a la inversa) y 10 triples de Klay Thompson les obligaron a jugar el séptimo. Tembló el pulso y perecieron en el antiguo Oracle, donde nada pudieron hacer. Durant salió, Westbrook se hizo con la franquicia mientras coleccionaba triples-dobles y acusaba de traidor a su excompañero. Y se acabó lo que se daba, claro.
El resto, ya se sabe. Westbrook impuso en Oklahoma un culto a una personalidad que era la suya, se puso como loco a hacer estadística y ganó el MVP. La afición le aplaudía como el mesías que acabó siendo, el que se quedó y no se marchó como hizo el otro. Y se convirtió en uno de los mejores jugadores de una entidad que, cuando le dejó marchar en 2019, inició un camino que les llevó, por fin, al anillo en 2025, comn Shai Gilgeous-Alexander haciendo lo que Westbrook no fue capaz. Russ, al contrario que Durant, fue aplaudido en sus retornos a Oklahoma, pero la estrella empezó inmediatamente a perder luz en unos Rockets en los que se reencontraría con James Harden. Ahí pareció que la cosa podía funcionar, con el base rompiendo la monotonía de los triples y la zona, aprovechando la media distancia, promediando 27,2 puntos, 7,9 rebotes y 7 asistencias por noche mientras su compañero se iba a 36,1 tantos por duelo, el mayor promedio del siglo XXI. Pero los Lakers, camino a su 17º anillo, les apearon en semifinales de Conferencia y Westbrook hizo efímero su paso por Houston.
En los Wizards disputó, probablemente, su última gran temporada: 22,2+11,5+11,7, cuarta y última campaña promediando triple-doble y líder en asistencias, con una segunda parte del curso sensacional y liderando a la franquicia de Washington a sus únicos playoffs en los últimos ocho años. También allí su estrancia fue breve antes de que LeBron James le reclamara en los Lakers para destrozar el proyecto y hacer evidentes sus carencias, las de la ausencia de tiro exterior, la incapacidad para jugar sin balón, su escaso poder defensivo y sus ganas de asumir un rol imposible. Salió en mitad de su segunda temporada para permanecer en Los Ángeles, pero en los Clippers, donde siguió haciendo de las suyas. En la 2023-24 promedió 6,3 puntos en playoffs con un 26% en tiros de campo y un 23,5% en triples, un auténtico desastre que le hizo ser el chivo expiatorio de un proyecto que nunca funcionó. Ya establecido como carne de trapaso protagonizó un digno paso por los Nuggets de Nikola Jokic antes de perderse definitivamente en Sacramento, donde siguió acumulando estadística sin que a nadie le importara. Y ahora, el exilio. El adiós. La retirada.
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Así ha sido la carrera de Russell Westbrook, un buen tío al que reclamaban casi todas las estrellas pero que no ha funcionado en lo referente a proyectos competitivos. Que amasaba mucha estadística y mucho balón, pero no trasladaba lo que hacía al bienestar de sus equipos. Lo último que se ha sabido es que los Kings querían que volviera y que el base no lo vio claro a pesar de que en su última campaña se mostró bastante funcional a pesar de sus 37 años (que serán 38 el próximo 12 de noviembre): 15,2 puntos, 5,4 rebotes y 6,7 asistencia. Sumó seis triples-dobles más, el último frente a los Clippers, el pasado 14 de marzo. Unos días después jugó por última vez, esta vez frente a los Sixers, el día 19: 11+3+8. Después, al dique seco. Y tras mucha reflexión y rumores que incluso indicaban que iba a irse para el Viejo Continente, anunció lo que ya se sabe. Los Thunder igual le firman un contrato de un día para que se retire con ellos. Y poco más. Dice adiós un jugador que quizá no haya sido tan bueno, pero que nunca ha dejado indiferente a nadie. Dice adiós el rey del triple-doble: Russell Westbrook.
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