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A las filtraciones premeditadas surgidas desde las entrañas de River sobre los días contados que le quedaban a Leonardo Ponzio, los jugadores respondieron con una goleada que llevó el mensaje implícito de que no es el momento de precipitarse con decisiones drásticas. Si el entrenador se vio debilitado desde el jueves por una ola de rumores que no hacían más que socavarlo para instalar el regreso de Ramón Díaz, sus futbolistas lo fortalecieron con la mejor victoria de su corta gestión. Fue así por más de un motivo. Por la producción futbolística, ambiciosa y sostenida. Porque ese rendimiento fue para superar a Belgrano, el último campeón y un rival que periódicamente lo manda al diván. Y porque aparecieron en su dimensión algunas de las contrataciones millonarias que deben hacer la diferencia, como lo fue Ángel Correa, la gran figura, y, ya con la victoria encaminada, la irrupción de Thiago Almada.
Ambos equipos volvieron a cruzar sus caminos casi cinco meses después de la final del Apertura que Belgrano se llevó con dos goles en los últimos cinco minutos. Desde ese partido se proyectaron consecuencias que llegan hasta la actualidad. Belgrano mantiene todo, la formación, el entrenador y el proyecto general. La estabilidad lo describe. River fue todo lo contrario, ya que la gestión de Coudet se empezó a erosionar a la velocidad de la luz y anoche volvió al estadio Kempes con seis titulares que aquella tarde ni siquiera estaban en el plantel. La abrupta transformación con rumbo incierto es la dinámica de River.
En el séptimo encuentro de su gestión, Ponzio hizo más variantes que nunca. Uno por línea. Uno obligado: Ortega por el lesionado Acuña. Las otras variantes buscaron dinamizar el funcionamiento. Después de dos cotejos como suplente tras la recuperación de discopatía lumbar, Moreno sustituyó a un Vera que no tenía la presencia suficiente como volante central. Y en la delantera, el despliegue generoso de Lucas Beltrán recibió una oportunidad por encima de las lagunas de Driussi.
River salió en tromba. Antes de los 20 segundos ya estaba posicionado en el área local, con una definición de Beltrán bloqueada por un defensor. El equipo de Ponzio era vertical, a veces con los envíos frontales de Martínez Quarta y Otamendi. Pero estaba muy clara su premisa de jugar en campo adversario, sin especular, a un ritmo alto, favorecido por el estado húmedo de la cancha. La pelota corría rápido y había jugadores que la soltaban enseguida, nadie la adormecía en los pies.
Fueron muy buenos los primeros 15 minutos de River. Belgrano se veía superado, pero se sabe que no es un equipo de claudicaciones, la adversidad no lo doblega fácilmente. Resiste y también se reserva el derecho a responder porque tiene futbolistas curtidos (Mudo Vázquez, Zelarayan, Rigoni) y con recursos.
Ante un River que buscaba mucho por el eje central con los dos delanteros y los dos mediapuntas (Galván y Almada), el Pirata apretaba líneas en torno a Licha López y Maldonado, a los que se sumaba Morales, que también tiene formación de zaguero central.
La actividad de Correa era constante; se ofrecía al compañero, gambeteaba, filtraba pases. Y también remataba, sin poder vencer la oposición del arquero Cardozo, que tuvo dos atajadas fenomenales. Con menos frecuencia que River porque no disponía tanto de la pelota, Belgrano armaba ataques. Santiago Beltrán tuvo que atorar a Zelarayan en un mano a mano y le tapó un remate peligroso a Hernández. Un cabezazo del tanque Passerini se había ido apenas desviado. La mejoría de River no incluía el cierre de sus habituales grietas defensivas.
El VAR salvó a Dóvalo de la equivocación de la expulsión de Licha López por un foul inexistente a Correa. La resolución de esa incidencia consumió casi cinco minutos; interrumpía una dinámica que no daba respiro. River necesitaba más del aporte de Almada, del que no había más rastro que un remate desviado. Ya aparecería en su dimensión de futbolista formado en el potrero.
Al equipo de Ponzio le faltaba un punto de serenidad y justeza para aprovechar lo que generaba. Es un déficit de arrastre. Se iba el primer tiempo y River encontró recompensa; su vocación para desnivelar por superioridad numérica llevó al atrevido Montiel a aparecer como un centrodelantero que dio el pase para el remate ajustado de Tomás Galván. Fue el cuarto gol del volante en el Clausura; una cifra nada despreciable en un equipo que suele andar corto de eficacia.
El triunfo se allanó en el arranque de la segunda etapa, a partir de la presión de Beltrán para que Morales se equivocara en un pase; llegó Correa para definir con la puntera del botín. Belgrano fue a la carga y descubrió las filtraciones por el techo de River; le cabeceaban fácil, pero Beltrán fue el arquero del primer semestre para tapar cabezazos de Licha y Passerini.
«ESTAMOS MUY FELICES POR ESTA VICTORIA» La palabra de Ángel Correa tras la goleada de River ante Belgrano en Córdoba.
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— ESPN Argentina (@ESPNArgentina) October 19, 2026
Esta vez Ponzio no demoró los cambios; ingresaron Vera -al ratito salió con una lesión muscular- y Driussi. Belgrano empezó a trasmitir cierta impotencia y se abrió atrás, dejaba espacios. Almada desempolvó al atrevido de Fuerte Apache y armó un golazo por las gambetas y la definición cruzada. El VAR no convalidó un segundo gol de Correa por una discutible mano de Ortega en el inicio de la jugada. Terminó siendo una anécdota por lo que River había hecho antes.
Goleada y momentos de alto vuelo futbolístico ante un oponente calificado para dormir por primera vez en puestos de clasificación a los playoffs. Suficiente para cambiar la agenda semanal de River y posponer las operaciones por el futuro de Ponzio.
Lo más destacado Belgrano 0 – River 3
Por Claudio MauriTorneo Clausura 2026Mundo RiverLeonardo PonzioAngel CorreaFútbol argentinoConforme a
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