Los problemas de River no son solo futbolísticos, ni por el deslucido y nervioso juego que muestra. Tampoco empezaron con su último fracaso: la eliminación en la Copa Sudamericana. Pueden ser por abundancia de dinero, diría el incisivo Dante Panzeri. A menor cantidad de billetes en una cuenta bancaria “menor es el dramatismo corruptor”, escribía en Burguesía y gangsterismo en el deporte, allá por 1974. En los últimos partidos, la tensión que crecía tornó irrespirable el clima con Eduardo Coudet parado a los gritos desde el costado de la cancha. La mesura no lo caracterizaba, pero tampoco quedó demostrada en la gestión de Stéfano Di Carlo cuando salió al mercado a comprar jugadores y sacarse de encima a otros que se desvalorizaron.
Gastó unos 67,7 millones de dólares en casi diez meses –asumió la presidencia el 3 de noviembre de 2025– o sea, un promedio de 6,7 millones cada treinta días. Si a ese desembolso se suman los 140 millones que pagó en refuerzos Jorge Brito, su antecesor en el cargo, la cuenta da 207,7 millones. Una friolera. El caso de Kevin Castaño es sintomático. River invirtió 17 millones de euros brutos por un refuerzo que nunca rindió.
La pregunta es: ¿para qué? O también: ¿River nada en la abundancia por los recursos que genera y no lo disimula ni un poquito? Ésa no es la mejor imagen para enfrentar al modelo de las SA que se intenta imponer en el país, ubicado en las antípodas de lo que piensan los socios e incluso la asamblea de representantes del club que las rechazó.
Sobre el fútbol argentino sigue pesando la amenaza del lobby por las sociedades anónimas deportivas, las SAD. No es de ahora. Un trabajo de zapa, que Mauricio Macri alentó como nadie en su presidencia y le dejó el recado a Milei cuando se alió con él y le prestó su fuerza propia para gobernar.
Una institución tan grande como River manejada como una financiera o una billetera virtual no sugiere austeridad, ni inversiones con retorno para los socios. Es una sociedad civil sin fines de lucro que el 25 de mayo cumplió 125 años. Su objetivo requiere capitalizarse en bienes durables como hizo con la ampliación del estadio o lo que está invirtiendo en el predio de Cantilo que le entregó el estado por treinta años. Es una institución sólida en lo económico –recibió este año un crédito del BID por 100 millones de dólares- pero que derrapó en el fútbol con gastos a la vista injustificables y alimentados por una mala gestión de su secretaría técnica.
Su responsable Enzo Francescoli sobrevive en el cargo desde 2014 sin dar explicaciones en público, ni rendir cuentas. Tampoco Pablo Longoria, el español que el club contrató como director deportivo y que con la eliminación del equipo consumada contra Independiente Santa Fe, no estaba en el país. Se había marchado a casarse en Europa, dicen, en un viaje que ya estaba programado.
Francescoli y Longoria, como Di Carlo, son responsables de las últimas decisiones en la compra de jugadores con edad avanzada o escaso poder de reventa que se habían iniciado con Brito. Tomaron la decisión de excluir a otros catorce futbolistas que estaban en el plantel desde el gobierno anterior y habían sido pedidos por Marcelo Gallardo. Una docena de ellos terminó entrenándose en el complejo deportivo de Cantilo y cambiándose en un contenedor.
Di Carlo dijo que asumía la pérdida de cotización de ese grupo de profesionales y River los fue cediendo en cuentagotas a otros clubes. Todavía quedan dos apartados y por ahora, sin nuevo destino: Matías Viña y Fabricio Bustos. Giuliano Galoppo está con un pie en el Atlanta United de la MLS.
El asturiano Longoria cobra un salario por varios miles de dólares al mes. Depende de la fuente que lo explique, va desde los 50 a los 100 mil us$. Fue presidente del Olympique de Marsella, consultó a su madre para el fichaje de un jugador inglés que tenía antecedentes de violencia de género cuando vivía en Francia y en su pasado europeo decía: “mi sensación es que partido a partido me juego el proyecto, la credibilidad y me juego todo”. La frase se la dijo en 2022 al medio francés Podium Podcast, en un documental titulado Monsiuer le Président, producido por la agencia EFE. Hoy su credibilidad en River está por el subsuelo.
Longoria, que es un producto de las SA europeas, llegó esta temporada a un país donde la inmensa mayoría de los socios e hinchas de los clubes no las quieren. Aunque el régimen de extrema derecha que conduce a los tumbos Milei detuvo su ímpetu depredador, nadie podría asegurar que no vuelva a la carga con Mauricio Macri como apuntador de un viejo libreto.
En River, que se distanció de la AFA el 5 de marzo pasado y no tiene representante en su comité ejecutivo, un par de dirigentes opositores hicieron declaraciones después de la eliminación en la Copa Sudamericana. Pusieron más énfasis en lo que venían sosteniendo hacia tiempo que en la negativa actualidad. Carlos Trillo, representante por la minoría en la comisión directiva, posteó en X: “El problema de River no es quedar eliminado de una Copa. El problema es haber perdido el rumbo futbolístico y haber tomado decisiones millonarias sin que, hasta ahora, los resultados estén a la altura de lo que River merece”.
Daniel Kiper fue más allá: “River de hecho es una sociedad anónima. Porque todo lo que deja plata ya está tercerizado. Los recitales, los restoranes, el estacionamiento, con lo cual somos una SA de hecho y la actividad deportiva prácticamente está en el mínimo. Han sacado los gimnasios, el anillo ya no los tiene, no quedó nada. Son puras paredes blancas y oficinas. La excusa de que van a mudar todo al predio de Cantilo tiene una trampa y es que se le entregó a River por treinta años para acostumbrar a las nuevas generaciones a que no hagan deporte en el club y el que venga en el futuro que se arregle”. Página/12 intentó hablar con el vicepresidente 1° del club, Andrés Ballota, pero no recibió respuesta al mensaje en su teléfono.
River por ahora tiene una billetera abultada. Por la venta de Enzo Fernández del Chelsea al Manchester City, el club recibirá 5,5 millones de euros porque le corresponde el 5 por ciento del pase. También cobrará por Exequiel Palacios 2,3 millones porque deja el Bayern Leverkusen que se lo vendió al Ipswich Town y falta una eventual transferencia de Julián Álvarez si consigue salir del Atlético Madrid, donde su futuro parece imposible. Pero la principal fuente de recursos es la cuota que pagan 350 mil socios activos, un capital que lo ubica al club en el tercer puesto a nivel mundial. Solo lo superan Bayern Munich y Benfica, con 400 mil cada uno (fuente: Transfermarkt).
Otra cosa es cómo River gestiona las tensiones que provoca el mal presente futbolístico. Una actualidad que está lejos de ser pacífica. La noche de la definición por penales perdida en el Monumental, el hall de ingreso a la platea San Martín baja, volvió a ser la caja de resonancia histórica de los malos momentos. Un dirigente y responsable del área de Seguridad, el vocal titular Ramiro Álvarez, fue denunciado internamente por forcejear, empujar a un grupo de socios hacia la salida e invitarlos a pelear. Los mismos que pagan la cuota mes a mes. El texto enviado por Kiper al presidente señala que “intentó cerrar una salida, ejerció violencia física contra socios e incrementó la tensión en un lugar por el que circulaba una gran cantidad de personas”. El dirigente opositor pidió “la inmediata separación preventiva de toda responsabilidad relacionada con el área de Seguridad del Club y de cualquier otra función que implique el control o trato directo con los socios”, para el dirigente oficialista.

