En la antesala de cada superclásico, suele acostumbrarse poner a Boca y a River en la misma línea y entrar a comparar fortalezas y debilidades momentáneas para establecer cual de los dos llega mejor pisado al partido más grande del fútbol argentino. Después, los piques imprevisibles de la pelota harán lo suyo. Mientras tanto, especulamos.
En principio, hay una diferencia esencial: los dos técnicos, Rodolfo Arruabarrena y Leonardo Ponzio, no ocupaban sus cargos cuando jugaron por el Torneo Apertura en el Monumental. Aquella vez dirigieron Claudio Ubeda y Eduardo Coudet y Boca ganó 1 a 0 con el gol de penal de Leandro Paredes. Hay, además, pocos puntos de contacto entre ambos equipos: el venezolano Kendry Páez y Facundo Colidio, que esa tarde fueron titulares, ya no juegan más en el Millonario que ahora saldrá desde el principio con Nicolás Otamendi, Tobías Andrada, Angel Correa, Thiago Almada y tal vez Lucas Beltrán, quienes llegaron al club tras la vasta renovación del último mercado de pases.
En Boca, se afirmó la titularidad de los juveniles Facundo Herrera y Leonel Flores que Arruabarrena subió y sostuvo en primera y del colombiano Alvaro Montero como arquero y el uruguayo Leandro Lozano como lateral derecho. Serán entonces dos equipos diferentes los que jueguen en la Bombonera el domingo por la tarde. Los momentos también son diferentes: River llega bien, pero Boca llega mejor.
Con todos los frentes abiertos, Boca buscará inaugurar con un triunfo ante su rival de toda la vida, un mes en el que es posible que se consagre dos veces campeón: definirá dentro de dos semanas el título de Liga que otorga la tabla anual y el sabado 21 jugará en Barranquilla (Colombia) la final de la Copa Sudamericana ante Atlético Mineiro. Entre medio, tendrá con Banfield en Mendoza la semifinal de la Copa Argentina.
Para el equipo de Arruabarrena vale aquello que tanto repetía Carlos Bianchi en sus tiempos de gloria: “una victoria llama a la otra”. La confianza vuela alto, Paredes ordena en la cancha y en el vestuario, la idea de juego no se toca y los números resultan irreprochables: apenas dos derrotas (Riestra y Vasco da Gama) en los últimos veinticuatro partidos.
La vida de River no es tan bella. Pero si está mucho mejor que hace dos meses cuando se fue Coudet y llegó Ponzio. El equipo lleva cinco fechas sin perder y de a ratos, juega bien. Aunque todavía está pagando ese pésimo comienzo en el que perdió los primeros cuatro partidos del Torneo: figura cuarto en el grupo B con 23 puntos, pero sexto en la tabla anual con 52 puntos, a tres de Vélez que es el último que se está metiendo en la Copa Libertadores de 2027. Una derrota en la Bombonera volvería a dejarlo afuera por segundo año consecutivo del máximo torneo continental a nivel de clubes. Y en paralelo, agitaría otra vez los rumores del regreso de Ramón Díaz a la dirección técnica.
River se juega mucho el domingo en la Boca. Pero Otamendi, Correa y Almada están curtidos en el oficio de los partidos grandes. Dependerá de ellos ponerle una mano en el pecho y pararle a este Boca un envión ganador que viene con ganas de llevarse todo por delante.

