Durante años nos acostumbramos a la alta cocina del fútbol: bastaba sentarse a la mesa y esperar a que Lio Messi resolviera en un segundo lo que a cualquiera le lleva una vida de terapia. Vivíamos en una bacanal de caños, tiros libres al ángulo y champán. Pero tras el atracón inolvidable, llega la sobredosis de realidad. El día que la varita mágica no está, el menú pasa sin escalas del caviar al arroz hervido sin sal.
Para llevar paz a los hogares golpeados por la nostalgia y el pánico de no saber a quién darle la pelota, presentamos la guía culinaria definitiva para encarar esta etapa de vacas flacas.
RECETA PARA UN EQUIPO POST-MESSI
(Del libro “Cocina de Supervivencia: Qué comer cuando se termina la fiesta”, por el Chef Scaloni)
Ingredientes:
· 1 DT táctico y sobrepasado por la nostalgia.
· 11 titulares que miren para los lados buscando a quién darle la pelota.
· 2 toneladas de presión popular (“a ver qué hacen ahora”).
· 3 tazas de comparaciones odiosas con el 2022.
· 100 gramos de tenencia inútil de pelota.
· 1 puñado de pibes de Europa con ganas de comerse el mundo.
· 22 huevos (frescos, así de grandes).
· Cantidad necesaria de café amargo para pasar el bajón.
Preparación:
1. Tome el campo de juego y retire cuidadosamente la camiseta número 10. Note el vacío absoluto que queda en el centro de la mesa. Trate de no llorar sobre la mezcla; aunque no sé si esto sea posible.
2. Coloque al DT a cabecear contra un pizarrón hasta que entienda que ya no hay nadie que gambetee a cinco rivales y la clave al ángulo.
3. Agregue los 11 titulares y revuelva con fuerza para intentar armar una “sociedad colectiva”. Espolvoree las tres tazas de comparaciones odiosas (“con Lio esto era gol”) y bata rápidamente para que la culpa no se asiente en el fondo.
4. Mezcle a los experimentados golpeados por los años con los pibes recién llegados de Europa. Suba el fuego de la presión popular a 200°C y espere a que la prensa deportiva meta la cuchara para agitar el ambiente.
5. Incorpore los 22 huevos de entrada y cocine con los dientes apretados. Como ya no hay magia, asegúrese de que el guiso tenga abundante pierna fuerte y mucho centro a la olla al minuto 89.
6. Sirva bien caliente en un Estadio Monumental repleto. Si la preparación queda un poco insípida, acérquese al micrófono más cercano y diga con dignidad: “Estamos en un proceso de transición”.
MARIDAJE SUGERIDO
· El Vino: Un Malbec “Cosecha Transición”, madurado en barrica de incertidumbre. Es un tinto áspero, con notas de nostalgia, regusto a empate clavado de local y un final en boca que te deja preguntándote quién va a patear los tiros libres de ahora en adelante.
· La Cobertura Mediática: Decantar con un panel de debate a las 11 de la noche donde cuatro analistas griten si hay que jugar 4-3-3 o rezarle a San Cayetano. Si el plato sale amargo, acompañar con portadas de diarios con la palabra “DUDAS” en tamaño catástrofe natural.
TIPS DEL CHEF TAPIA (Edición Amistosos de Bajas Calorías)
· Marinado Preventivo: Para evitar indigestionarse contra potencias europeas, el Chef Chiqui sugiere congelar la agenda y cocinar los próximos 12 meses a baño María únicamente contra rivales de nulo peso calórico.
· Ingredientes Tiernos: Organice amistosos internacionales de gala contra la Selección de Papas del Vaticano, el Combinado de la Isla de Pascua o el seleccionado de Mozos de Mar del Plata.
· Presentación del Menú: Venda cada triunfo 5 a 0 contra Tuvalu Oriental como un “test de carácter formidable”. Decore el calendario con una gira por Asia jugando a las 4 de la mañana contra la liga local de Pekín y sirva con foto protocolar en el vestuario para disimular la falta de equivalencias.
CONCLUSIÓN:
En definitiva, cocinar sin el ingrediente principal exige aceptar que el sabor cambió. Podemos disimular la ausencia de alta cocina con partidos contra la Guardia Suiza, empates con aroma a épica y debates a medianoche. Pero no nos engañemos: la verdadera prueba será cuando toque cenar con los grandes. Mientras tanto, la orden para el hincha es clara: comer despacio, no reclamarle al mozo y tener el digestivo a mano, porque el gran banquete ya nos lo dimos y ahora toca masticar el proceso.

