Pulsar la opinión sobre los tres últimos años en la vida golfística de Jon Rahm es un ejercicio ciertamente enriquecedor. Hay tantas como culos, que diría aquel. Un paseo por el Club de Campo de Madrid en la mañana de este jueves, horas después de que el vasco anunciara, por medio de su defensa, al juez que administra la quiebra del LIV en un tribunal de Nueva Jersey que no va a seguir vinculado a la superliga en su nueva etapa (si es que esta llega a ver la luz), era un paseo por una Torre de Babel. No había conclusión mayoritaria posible.
Para Carlos y Antoni, veinteañeros que se declaran seguidores acérrimos de este deporte (y su outfit respalda sus palabras) saltar del barco es “la mejor decisión que ha tomado en su vida”. “Al final, pues bueno, te ofrecen esa cantidad de dinero y la aceptas, pero luego ves dónde está el mejor golf y los mejores torneos, y ahí es donde debes estar”, razonan. Y oponen que a nivel de resultados “le ha ido bien”. “Si no me equivoco es el que más victorias tiene en el LIV (el chileno Joaquín Niemann, con nueve entorchados, es el que más torneos ha ganado, pero las tres generales de los cursos en los que ha jugado Rahm se las ha adjudicado). Eso demuestra la calidad que tiene”, completan. Su ausencia en este Open de España es “una putada”, pero el reportero les deja siguiendo el partido de Ángel Ayora, el “futuro del golf español”. “Será el campeón el domingo”, se aventuran. Con buen criterio, porque acabaría entregando un 67 (-4) en la primera jornada para colocarse a un golpe de la cabeza. Él fue uno de los que dijo ‘no’ al LIV en su día. “Tomé la decisión que tomé y no me arrepiento. Lo de Rahm para nosotros mejor. Va a jugar nuestro circuito y alguien como él se va a notar a nivel de público”, aportó después.
Unos hoyos por delante, siguiendo al canario Cabrera Bello, van Miguel y Javier, padre e hijo. A ellos no les rompe los esquemas no poder ver a Rahm: “Habríamos venido igualmente”, afirman antes de celebrar su decisión. “Nos gusta. A mí me decepcionó que se fuera con todo lo que había dicho antes”, apunta Javier, el padre. “Ahora podremos verlo en el circuito europeo, que es el que más vemos en la tele, es lo mejor. Y luego en el PGA, con los campos más históricos, siempre gusta más verle que en Indianápolis, por ejemplo”, remata el planteamiento Miguel. Casi al unísono declaran que el cambio de aires le ha “empeorado”. “Ha tenido demasiada presión y se le ha castigado mucho. En cuanto esté más tranquilo y vuelva a jugar este tipo de campos, volverá a ser lo que era, porque el nivel lo tiene”, concluyen.
En el green del 9, una preciosidad, un inglés se ha situado bien para seguir los últimos putts en la vuelta de Eugenio Chacarra, Shane Lowry y Patrick Reed, uno de los partidos estelares de este Open repleto de grandes figuras. A Bryan, que peina canas y tiene pinta de saber perfectamente cómo hay que jugar un links, no le duelen prendas en decir que lo de Rahm ha sido “un error”. “Un error muy valioso”, matiza mientras hace el gesto universal del parné. “Estoy seguro de que tiene ganas de volver al PGA”, remata.
Puig, otra baja
A la hora de comer llega al 18 David Puig. Cariacontecido porque ha hecho el par “sin pegarle mal a la bola” anuncia que se adhiere a la ‘vía Rahm’, aunque la suya es una decisión “personal”. “No me veo jugando el LIV 2.0. Es una decisión que tengo tomada”, suelta a los periodistas, y otro seísmo sacude las oficinas del LIV.
A última hora de la tarde hace un frío que pela cuando se presenta ante los micrófonos Sergio García. Luce radiante tras firmar una tarjeta de 67 impactos (-4). El martes el juez Kaplan le ha liberado del contrato firmado con los saudíes en 2022. Es libre para decidir su futuro y huele a que va a estar en la pomada el domingo. “Es lo que es. Al final cada uno tiene que hacer lo que es mejor para él y para su familia. Yo respaldo lo que hagan y yo haré lo mismo”, aborda las nuevas que llegan de Rahm y Puig, su discípulo en los Fireballs.
Independientemente de lo que ocurra a partir de ahora y más allá de la diversidad de opiniones sobre Rahm, una cosa sí queda clara. Ahora Bryson DeChambeau es el tipo que sostiene la pistola apuntando a la cabeza del LIV.
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