Bob Iger y Josh Kushner no podrían ser más distintos, pero juntos forman un dúo digno de crossover cinematográfico, el magnate tecnológico que invierte en todo lo que se mueve y el señor Disney que compró medio Hollywood como quien hace la compra del sábado. Ahora comparten algo más que una afición por los negocios gigantescos: una participación en los Lakers que los coloca en el centro de la franquicia más mediática de la NBA.
Bob Iger
Bob Iger es ese tipo de ejecutivo que parece haber vivido varias vidas dentro de la industria del entretenimiento. Nacido en 1951, criado en Long Island y graduado en Televisión y Radio, empezó en ABC en 1974 haciendo tareas básicas. Poco a poco fue ascendiendo hasta llegar a ABC Sports, y en 1988 tuvo su primera prueba de fuego, salvar la programación de los Juegos Olímpicos de Invierno de Calgary, arruinados por el mal tiempo. Para rellenar horas, decidió centrarse en historias personales de los deportistas, y el público respondió con récord de audiencia. Ahí empezó a quedar claro que Iger tenía olfato.
Ese olfato se confirmó un año después, cuando fue nombrado Director de Entretenimiento de ABC y dio luz verde a Twin Peaks. Sí, Twin Peaks, la serie que convirtió a medio planeta en detectives aficionados intentando descifrar quién había matado a Laura Palmer mientras David Lynch se reía en silencio. Que Iger aprobara un proyecto tan raro y tan adelantado a su tiempo dice mucho de él: no solo sabía hacer dinero, también sabía detectar fenómenos culturales. En esa misma etapa también impulsó America’s Funniest Home Videos y Cop Rock, demostrando que su rango iba desde el surrealismo lynchiano hasta vídeos de gente cayéndose por las escaleras. Versátil es poco.
Su ascenso continuó hasta que Disney compró ABC en 1995. Iger se integró en la compañía, asumió la presidencia de Walt Disney International y, en el año 2000, se convirtió en el segundo ejecutivo más poderoso del grupo. La empresa atravesaba una crisis creativa y corporativa monumental, con Roy E. Disney liderando el movimiento “Salvemos Disney” contra Michael Eisner. Entre la guerra abierta con Steve Jobs, el declive de la animación 2D y la fuga de talento, al castillo mágico le salieron goteras. En 2005, Iger tomó el mando como CEO para arreglar el desastre.
Y vaya si lo arregló. Su primera gran jugada fue recomponer la relación con Steve Jobs, lo que derivó en la compra de Pixar por 7.400 millones de dólares. Después llegó Marvel por 4.000 millones, un movimiento que básicamente nos regaló el UCM y que, sinceramente, ya lo convierte en héroe nacional. Más tarde compró Lucasfilm por 4.050 millones, lo que significa que Iger es responsable de que Star Wars e Indiana Jones vivan bajo el paraguas de Disney. Y por si eso fuera poco, en 2019 cerró la compra de 21st Century Fox por 71.300 millones. A estas alturas, si hubiera querido comprar la Luna, probablemente también habría encontrado la forma.
Su gestión llevó a Disney a una expansión sin precedentes: taquillas millonarias, parques temáticos históricos como el de Shanghái, amistades con figuras como Jack Dorsey y Steve Jobs, y el lanzamiento de Disney+, que consiguió 10 millones de suscriptores en sus primeras 24 horas. Iger era conocido como el CEO más amable de Hollywood.
Claro que no todo fue perfecto. Su sucesor, Bob Chapek, protagonizó polémicas como el conflicto con Scarlett Johansson por Black Widow, y cuando Iger volvió en 2022 para enderezar el rumbo, tuvo que aplicar recortes de 7.500 millones, despedir a miles de empleados y enfrentar críticas por sus comentarios sobre las huelgas de guionistas y actores. También admitió que Disney había priorizado la cantidad sobre la calidad, lo que llevó a fracasos en taquilla de Marvel y Pixar. Aun así, logró estabilizar Disney+ y cerrar la compra de la participación restante de Hulu.
Tras veinte años como CEO, Iger dejó Disney con una mezcla de admiración y cansancio por parte del público. Quintuplicó el valor de la compañía, dejó récords de taquilla y construyó un imperio mediático. Además, recibió el título de Caballero Comandante del Imperio Británico, que no sirve para pilotar un X-Wing pero queda espectacular en el currículum. Bob Iger es uno de esos ejecutivos que parecen sacados de una serie. Aunque, siendo sinceros, si su vida fuera una ficción, probablemente también la habría comprado Disney.
Josh Kushner
Josh Kushner nació en Nueva Jersey, hijo del magnate inmobiliario Charles Kushner, que pasó dos años en la cárcel y luego terminó como embajador de Donald Trump en Francia. Su hermano Jared está casado con Ivanka Trump, así que las cenas navideñas deben ser un espectáculo digno de Succession. Josh, mientras tanto, crecía a la sombra de esa familia tan… intensa.
Pero lo más importante de su biografía, y esto es totalmente objetivo, es que está casado con Karlie Kloss, modelo, empresaria y amiga de medio Hollywood. Fueron a la boda de Taylor Swift, dato absolutamente esencial, probablemente el mayor hito de su carrera, y eso que ha invertido en OpenAI. Compraron una mansión de 22 millones en Miami Beach y luego se mudaron a un chalet de 43 millones en el Puck Building de Nueva York, propiedad de la familia Kushner y sede de Thrive Capital. Todo muy humilde.
Con todo esto queda claro que el apellido Kushner no pasa desapercibido cuando entra en una habitación. Aunque Josh había pasado desapercibido si se le comparaba con sus otros parientes, su nombre saltó hace unas semanas a los titulares de medio mundo cuando su fondo de capital riesgo, Thrive Eternal, se convirtió en el comprador de una participación minoritaria de la Copa del Mundo por 4.200 millones de dólares.
Una iniciativa impulsada por Gianni Infantino, presidente de la FIFA, que finalmente parece aparcada por la negativa de múltiples federaciones (las agrupadas bajo el paraguas de la UEFA principalmente) de que el fútbol fuese vendido y controlado por manos privadas.
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