Ucraniano de nacimiento, criado entre León y Torrelodones, hijo y nieto de árbitros, exjugador de los Boston Celtics y ahora nuevo fichaje del Real Madrid. La historia de Max Shulga lo tiene todo. A sus 24 años, regresa al baloncesto español con dos etiquetas muy valiosas: la de gran tirador y la de jugador de cupo de formación. Un fichaje sorpresa que esconde un recorrido de película.
Todo comenzó el 25 de junio de 2002 en Kiev, donde nació y donde todavía viven parte de sus raíces. Su padre, Boris Shulga, y su abuelo fueron árbitros de prestigio internacional. Boris, con más de 25 años de carrera, ha dirigido encuentros de algunas de las competiciones más importantes como la Euroliga, la EuroCup o el Mundial de 2019. Su madre, Olga Sosnovska, jugó al baloncesto durante toda su adolescencia. Con esos antecedentes, era difícil que Max no acabara enamorándose de la pelota naranja.
En 2013, con solo 11 años, se mudó a España gracias a la influencia del también árbitro Vicente Bultó y del exjugador Juanjo Bernabé, quienes convencieron a Boris de que el Colegio Leonés era el mejor lugar para la formación de su hijo. En León encontró mucho más que una educación. Allí creció como jugador hasta convertirse en una de las grandes promesas de su generación, llegando incluso a ser convocado tanto por la selección de León como por las categorías inferiores de Ucrania.
Tres años después, con 14 años, volvió a hacer las maletas para instalarse en Madrid. Terminó sus estudios y completó su formación deportiva en la Escuela de Excelencia de Baloncesto de Torrelodones, una de las canteras más prestigiosas del país. Sin hacer demasiado ruido, tenía claro cuál era su siguiente objetivo: cruzar el Atlántico para jugar en la NCAA con Utah State.
Sin embargo, su aventura en Estados Unidos estuvo a punto de truncarse antes de empezar. En pleno verano de 2020, la pandemia paralizó consulados y embajadas, complicando la obtención de su visado de estudiante. Utah State buscó citas en distintas embajadas e incluso varios senadores estadounidenses intervinieron para agilizar el proceso. Aun así, Shulga no pudo llegar al campus hasta finales de agosto, cuando la mayoría de los jugadores llega dos meses antes.
Sus dos primeras temporadas en Utah State fueron de adaptación. Su protagonismo fue creciendo poco a poco, pero el golpe más duro llegó en febrero de 2022, mientras él competía en la NCAA, Rusia invadió Ucrania.
Su madre y su hermana consiguieron abandonar el país, pero su padre tuvo que quedarse. La ley marcial impedía salir de Ucrania a la mayoría de hombres de entre 18 y 60 años. Uno de los momentos más dolorosos llegó en 2023. Durante un partido entre Utah State y Colorado State, un grupo de aficionados comenzó a corear “Rusia, Rusia, Rusia” mientras Shulga lanzaba tiros libres. Los cánticos, dirigidos a un jugador cuya familia seguía sufriendo la guerra, provocaron una enorme polémica en Estados Unidos.
Colorado State pidió disculpas públicamente y el caso tuvo repercusión nacional. Medios de todo el país se hicieron eco de lo ocurrido y programas como Today o Good Morning America invitaron a Shulga para que contara su historia.
Sin embargo, él rechazó convertirse en protagonista. Su antiguo entrenador, Matt Henry, resumió perfectamente su forma de ser: “A Max no le gusta hablar de eso. Es una persona muy reservada. Nunca quiso sacar provecho de la tragedia de su país. Solo quiere ser jugador de baloncesto”. Para Shulga, el baloncesto fue la mejor forma de encontrar cierta normalidad en medio del caos.
Tras tres temporadas en Utah State, donde promedió 6,6 puntos, 3 rebotes y 2 asistencias por encuentro, decidió entrar en el portal de transferencias coincidiendo con la salida de Ryan Odom. Siguió a su entrenador hasta Virginia Commonwealth University (VCU), una decisión que cambió definitivamente su carrera.
En VCU explotó. Durante dos temporadas firmó medias de 14,5 puntos, 5,2 rebotes y 3,8 asistencias, fue incluido en el mejor quinteto de la Atlantic 10 en su primer año y, en el segundo, fue elegido Jugador del Año de la conferencia. Además, terminó su etapa universitaria con un acierto superior al 39% en triples, consolidándose como uno de los mejores tiradores del baloncesto universitario estadounidense.
Aun así, su edad jugó en su contra. Con 23 años, era considerado un novato mayor para los estándares de la NBA y cayó hasta la segunda ronda del Draft, donde fue seleccionado por los Boston Celtics. Su paso por la franquicia de Massachusetts fue breve. Apenas disputó 32 minutos con el equipo NBA y pasó la mayor parte del curso alternando convocatorias con los Maine Celtics, el filial de la G League. Aun así, dejó una curiosidad para la historia: se convirtió en el primer jugador de la franquicia en anotar una canasta en la NBA y en la G League el mismo día.
Sin un contrato garantizado para continuar en la NBA, Shulga decidió que había llegado el momento de volver a España. Tenía propuestas de varios equipos, pero finalmente eligió al Real Madrid. Así, más de una década después de llegar siendo un niño que aprendía baloncesto entre León y Torrelodones, Max Shulga regresa al país que le vio crecer convertido en un tirador de élite.
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