Tan increíble como cierto. En pleno mes de agosto, una intensa y repentina granizada obligó a cancelar la tercera etapa de La Vuelta 2026 por parte de sus organizadores, una medida tomada tras unos minutos de incertidumbre, con los corredores refugiándose en las cercanías del final situado en Font Romeu, y con la principal intención de asegurar la seguridad de los ciclistas.
El fuerte granizo que se acumuló sobre la carretera condujo a La Vuelta a activar el ‘protocolo de condiciones de clima extremo’, que lleva vigente desde hace años bajo supervisión de la Asociación de Ciclistas Profesionales (CPA) que preside el excorredor Adam Hansen. Esta es una de las circunstancias (ver tabla) que conlleva la actuación del protocolo, junto a otras como la acumulación de nieve en el asfalto, fuertes rachas de viento, temperaturas extremas, poca visibilidad en el ambiente o la contaminación del aire.
Factores que activan el protocolo de ‘clima extremo’
- Lluvia helada
- Acumulación de nieve en la carretera
- Vientos fuertes
- Temperaturas extremas
- Poca visibilidad
- Contaminación del aire
Una vez que los jueces de una carrera consideran que se cumplen una de estas circunstancias se pueden tomar una serie de medidas, de menor a mayor grado de afectación para la carrera, después de evaluar la situación. En el caso de esta 3ª etapa de La Vuelta se decidió cancelar la etapa, cuando quedaban unos 15 km para su conclusión, pero también se contemplan decisiones (ver tabla) como cambiar el lugar de la llegada, utilizar un recorrido alternativo o neutralizar un tramo de la etapa como medida de seguridad.
Medidas del protocolo de ‘clima extremo’
- No acción
- Modificación del lugar de salida
- Modificación del tiempo de salida
- Modificación del lugar de llegada
- Utilización de un recorrido alternativo
- Neutralización de un tramo de la etapa/carrera
- Cancelación de la etapa/carrera
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Cabe señalar que estas medidas se llevan a cabo en su mayoría de manera subjetiva, de modo que para la mayoría de casos que obligan a activar el protocolo no existe una medición concreta para, por ejemplo, determinar la velocidad de rachas de viento o la cantidad de agua acumulada por metro cuadrado en una tormenta. Sí se cuantifica en el ‘protocolo de altas temperaturas’, que la UCI introdujo en 2024 y que actúa como complemento del anterior. En este caso, se establecen por colores una serie de franjas de temperatura que identifican diferentes niveles de riesgo según el estrés térmico (indicador basado en la temperatura ambiente, la humedad y la radiación solar): blanco (menos de 15º, muy bajo), verde (15 a 17,9º, bajo), amarillo (18 a 22,9º, moderado bajo), naranja (13 a 27,9º, moderado alto) y rojo (más de 28º).
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