No era ni muy alto ni muy atlético para ser pívot. Ni un francotirador ni un machacador de aros. Sobraban kilos y faltaban centímetros. John Gabriel Pinone Jr. (Hartford, Connecticut, 1961) era así, un cóctel imperfecto de jugador de baloncesto, el lado oscuro de los estadounidenses que dominaron la ACB en la década de los ochenta. Pero, a pesar de todos esos defectos, se convirtió en uno de los grandes de la historia de la ACB. Una leyenda indiscutible. Un ídolo eterno para un Movistar Estudiantes con el que ganó la Copa del Rey de Granada y con el que alcanzó la Final Four de Estambul (chim-pún) en 1992. Desde este octubre, el Oso se convertirá en miembro del Hall of Fame del Baloncesto Español.
P: ¿Qué significa para usted entrar en el Hall of Fame del Baloncesto Español?
R: No sé qué puedo decir, es un grandísimo honor. Creo que jugué en una época en la que el baloncesto en España empezó a crecer y a tener un nivel mucho más alto. En esos años, levantamos la Liga porque en los ochenta el campeonato italiano o el yugoslavo eran mejores. Estoy muy orgulloso de haber sido parte de todo eso.
P: Con este honor se le reconoce como uno de los mejores extranjeros en la historia del baloncesto español. ¿Se siente así?
R: Es un gran honor ser considerado uno de los mejores extranjeros que han jugado en España. Obviamente, las cosas han cambiado con el tiempo: el estilo, la línea de tres puntos… Incluso, en el número de extranjeros. Ahora puedes tener cinco no españoles a la vez en la cancha. En mi época solo se podían tener a dos en plantilla y creo que en mi último año eran tres. Me encantó mi tiempo con el Estudiantes y en España.
P: ¿Cómo empieza John Pinone a jugar al baloncesto?
R: Yo era un chico tímido. Muy tímido. Me gustaba jugar al baloncesto en el jardín de mi casa y aprender por mi cuenta. Luego, pasé por diferentes ligas durante mi juventud y, literalmente, el baloncesto se convirtió en una obsesión para mí desde que tuve 14 años. Siempre jugaba después de llegar a mi casa de la escuela. Quería ser uno de los mejores jugadores de mi colegio.
P: ¿Qué significó para usted representar sobre una cancha a Estados Unidos?
R: Jugué dos veces para mi país. Primero, en la universidad, en 1981, y luego en 1982 en el Mundial de Colombia. Para mí fue un gran orgullo jugar para mi país, haber sido elegido entre los mejores jugadores de Estados Unidos y ganar la medalla de oro en los Juegos Universitarios. Es algo que recuerdo con gran amor y honor. Por desgracia, perdimos con los rusos la final del 82 con ese fallo de Doc Rivers. Esa derrota aún duele.
P: ¿Esa final de Cali fue algo más que un partido de baloncesto? Al final, era un duelo por el oro contra el URSS en una época de enfrentamiento en todos los frentes con ellos…
R: Sí. Tienes que volver al mundo que existía en 1982. Estábamos en plena Guerra Fría con Ronald Reagan como presidente de los Estados Unidos. Era muy importante ganar a la URSS. Y ya lo habíamos hecho un año antes en los Juegos Universitarios. Era algo personal entre ambos países. Una rivalidad que empezó después de los Juegos Olímpicos de Múnich (victoria en la final para los soviéticos por 51-50). Siempre existió una especie de odio entre los rusos y los americanos.
P: ¿Cómo decidió coger la maleta y venir desde Estados Unidos a jugar a Madrid con el Estudiantes?
R: Tuve una prueba con Utah Jazz en 1984, pero no la pasé. No conseguía equipo en la NBA, pero quería seguir jugando al baloncesto. Y la mejor opción era continuar con mi carrera en Europa y una cosa llevó a la otra. Llegué al Estudiantes y me quedé nueve años. Eso es lo que sucedió. Tiene que pensar que en los ochenta no podías cambiar siempre que querías la NBA por Europa y viceversa como pasa actualmente. Si volvía a jugar en la NBA (y no lo logré), no podía volver a Europa porque ya no era un amateur. Solo podías hacerlo una vez.
Llegar a la Final Four fue una hazaña enorme para un club que no tenía ni la talla de equipos como el Madrid o el Barcelona”
John Pinone
P: ¿Le impactó la España que encontró en los ochenta? Imagino que debía ser completamente diferente a Estados Unidos.
R: Sí, todo era realmente muy distinto. Totalmente diferente a lo que había en Estados Unidos en los ochenta. La hora de cenar, de comer, la manera de hacer las cosas. Yo soy una persona muy impaciente y en el Madrid de esa época todo lo que pedía era para “mañana”. Y como les digo a mis amigos, “el mañana nunca llegaba” (ríe). Todo era muy lento. Para conseguir un teléfono, Telefónica tardó dos o tres meses. Era imposible y muy diferente.
P: Su debut con el Estudiantes no fue un debut normal: jugó contra el Real Madrid (derrota por 98-86 a pesar de sus 24 puntos). ¿Ya vio que era un partido especial?
R: Debuté en el derbi prácticamente recién llegado de Estados Unidos y pude sentir que era un partido diferente a los demás. Era un encuentro distinto y muy especial para el club, porque todo el mundo decía que ellos eran mejores y que nosotros, simplemente, éramos el segundo equipo de la ciudad. Jugué muchas veces contra ellos y les gané muchas veces. Durante unos años fuimos superiores y tuvimos mejor equipo.
P: Poco a poco se convirtió en un ídolo de la afición estudiantil y, especialmente, de la Demencia, ¿cómo cree que les enamoró?
R: Creo que fue un poco por mi estilo de juego. Tengo una personalidad muy fuerte y soy muy emocional. Características que son muy parecidas a las que tiene la Demencia. Era muy intenso cuando saltaba a la cancha y ellos podían conectar con ese estilo, con esa personalidad que mostraba cada partido sobre la pista.
P: ¿Cómo era jugar en un instituto? ¿Cómo era disputar los partidos en el Magariños?
R: Recuerdo que hacía mucho frío (ríe). Era un gran factor a nuestro favor. Era una cancha muy difícil para todos los rivales porque estaba toda la gente encima, gritando. También había mucho humo de la gente fumando. Cuando jugué allí la primera vez dije: ‘¿Qué es ese humo?’, y era de los aficionados fumando. Ahora ya no se puede… ¡Menos mal!
P: Vayamos a la Copa del Rey de Granada en 1992. Ganaron al Real Madrid y luego al Joventut de Badalona. No podían perder contra el CAI Zaragoza en la final…
R: No. Aunque teníamos mucha más presión que en los dos primeros partidos porque contra el Madrid y el Joventut no partíamos como favoritos. También porque el año anterior perdimos la final contra el Barcelona por solo dos puntos (falló Herreros el triple que habría dado la victoria al Estudiantes) y, claro, no sabes cuándo vas a volver a disputar una final por un título. Tienes que ir a por todas cuando llegas a una final.
P: Y de Granada a Estambul para la Final Four de la Euroliga…
R: Ganamos el tercer partido contra el Maccabi por un punto para clasificarnos. ¡Había un ambiente! Probablemente fue mi mejor momento como jugador del Estudiantes. ¡Ya habíamos llegado! ¡Estábamos en la Final Four de Estambul! Fue una hazaña enorme para un club que no tenía ni el nombre ni la talla de otros equipos como el Madrid, el Barcelona u otros grandes de Europa.
La Demencia conectaba mucho con mi personalidad: era muy intenso cuando saltaba a la cancha, muy emocional”
John Pinone
P: No sé si sigue las últimas noticias sobre el Movistar Estudiantes. Lleva seis años ya en la Primera FEB…
R: Sí. Es una pena la situación en la que está ahora mismo el club. Recuerdo que un año antes de mi llegada estuvieron luchando por no descender. Es muy triste que estén ahora en Segunda. Es muy difícil para mí.
P: ¿A qué se dedica ahora Pinone?
R: Sigo con mis negocios, con el real state (sector inmobiliario). No entreno desde hace años, pero me gusta acudir a los partidos de mis antiguos asistentes y, de vez en cuando, voy a ver a Villanova, que fue mi universidad (1979-1983). También me gusta viajar y lo hago mucho con mi mujer. Este verano, por ejemplo, estuvimos en Italia.

