Mario Pesquera, nacido en León en 1952, es uno de los seleccionados este 2026 para entrar en el Hall of Fame del baloncesto español que organiza la FEB con el soporte de AS. El entrenador, uno de los técnicos más representativos de los años 80 y 90 del siglo pasado en nuestro país y jefe de banquillo de la Selección Española en unos Juegos y un Europeo, repasa su trayectoria con nuestro medio, una de las que vertebra la historia de este deporte en terreno patrio y en la que ha pasado por diversos puestos de relevancia, por lo que es un individuo sin par si lo que gusta es conocer varios prismas de un mismo relato. Pesquera, ahora afincado en Madrid, ensalza con glosas continuas la labor de los entrenadores españoles, a los que representará en el Salón de la Fama cuando tenga lugar el evento, por una preparación extraordinaria e incansables ganas de enseñar. También muestra emoción y agradecimiento por las que llama sus tres chicas, su mujer y sus dos hijas, por la ayuda inestimable en el camino. Maestro de preparadores, pero también directivo y comentarista, y leyenda viva.
¿De dónde brota su pasión por el baloncesto? ¿Cómo son sus inicios?
Empecé a jugar en mi colegio, en los Agustinos. No lo hacía mal, pero era bajito. Me fui a estudiar a Valladolid la carrera de Medicina y empecé a entrenar, ya que no era fácil seguir jugando. Y fue entrenando a chicas. Porque he recorrido todo el baloncesto: niños de minibásquet, infantil, juvenil, tercera división, Primera B y ACB. Allí, en Valladolid, comencé a hacer los cursos de entrenador, de provincial a nacional, y se medio bien. Acabé dejando Medicina y dedicándome al baloncesto. Primero, en colegio; luego, en universidad, donde además quedé subcampeón de España. Poco a poco. A los 26 me llamó el Valladolid para que entrenara allí, en un club que estaba en la Liga Nacional, y así fui haciendo.
Lo decía en la respuesta. Desde su óptica, la de entrenador, es uno de los que estuvieron en el cambio de Liga Nacional a la denominada ACB entre 1982 y 1983. Uno brusco pero que ha perdurado. ¿De qué manera vivió aquello?
Estaba entrenando en la tercera división, ascendimos y allí empecé a encontrarme a técnicos que luego serían importantes: Comas o Iriarte, por ejemplo. Con la llamada del Valladolid yo me sentía preparado, porque me he sentido un estudioso y aprendiz de todo y de todos. Los americanos, por ejemplo, a los que he copiado y adaptado mucho a lo que fue mi estilo. ¿El salto? Pues fue grande, ya que por aquel entonces la Liga la organizaba la Federación Española y no los clubes. Pero fue bonito. Había mucha competencia, y nosotros éramos un equipo modesto, pero acabamos jugando las Copas del Rey -para las que unos años se clasificaban cuatro; otros, ocho- y empezamos a estar bien.
Y tanto. Se convirtió en el entrenador de uno de los conjuntos cruciales en España en los 80 y 90, aquel Fórum de Valladolid en el que estuvo ocho años. En los albores ya dirigió a esa plantilla en la que estaban, entre otros, Nate Davis y Carmelo Cabrera. Qué espectáculo, ¿no?
Sí. Y también Arturo Seara, Samuel Puente, ellos dos, etc. Había una plantilla buena. Nate Davis, en concreto, era un fenómeno. Pocas veces he visto saltar como lo hacía él. Tuve la suerte de estar 17 días en North Carolina con Dean Smith, aprendiendo, y coincidiendo con Michael Jordan mientras él entrenaba allí; y puedo decir que el único jugador comparable, entre comillas, con él era el bestia de Nate Davis. Un espectáculo impresionante.
‘Yo vi jugar a Nate Davis’
‘Informe Robinson’ (2013)
Ya que lo menciona, ¿cómo eran esos viajes a Estados Unidos para nutrirse de ideas? Ahora, en el mundo de los entrenadores, está más visto, pero en aquel tiempo igual no tanto.
Intentaba ir cuando estaba entre equipo y equipo, que tenía meses de descanso, y me ayudaba que estaba digamos enchufado por amigos. Uno, Antonio Díaz-Miguel, que era un precursor de este tipo de viajes, y su ayudante, Josep Lluís, que también era el segundo en la Selección. Coincidí en North Carolina con Dean Smith y con Bobby Knight en los Hoosiers de Indiana. Mi misión era aprender de ellos. Me dejaban acceder a la sala de vídeo, verlos y copiarlos, y me veías allí como un animal metiéndome todo en vena para aprender de los que casi eran los mejores entrenadores del mundo. Tuve mucha suerte. Me ayudaron mucho, también el gran Walter Szczerbiak, porque aquellos viajes no eran fáciles para que además te dejaran verlo todo.
Mencionaba a Davis y me viene a la memoria lo que suele contar Cabrera sobre la prohibición del alley-oop por parte de la FIBA para que no hubiera ventajas por físico. El balón no podía lanzarse por encima del paralelo del tablero. Que en realidad iba por otro lado, más por personas como Tkachenko, pero en el Valladolid se intentaba la jugada porque se podía. Y eso no lo puede decir cualquiera. ¿Nate era, en el buen sentido, incontrolable?
Es que aquel juego era espectacular. Yo a Nate le he visto hacer animaladas, de estar en el centro de la zona, llegar a la esquina del campo y pegar un salto para taponar que te hacía pensar si lo que estabas viendo era un extraterrestre. Me acuerdo de una vez en la que tenía un brazo lesionado, e iba con una venda que casi era escayola, y perdíamos de doce o catorce puntos contra el Ferrol, se empeñó en salir en la segunda mitad, se quitó el vendaje y empezó a dar un recital de tapones, de saltos, de canastones… Era muy buen jugador y, además, espectacular. Saltaba mucho y tenía un tiro en suspensión muy bonito. Vino a España hace unos años, pude cenar con él y resulta que ha tenido una vida complicada después, pero era un gran jugador y también una gran persona. El mérito, de todas formas, de que llegara a nuestro país es de Josean Gasca, que le fichó para San Sebastián.
‘Club Baloncesto Valladolid’
‘Conexión Vintage’ (2017)
Hablamos de Valladolid y después iremos a Zaragoza, otras de sus experiencias. Y de ahí una duda que surge. ¿Se le rompe un poco el corazón de pensar en que los equipos de esas ciudades, absolutamente legendarios, siguen existiendo pero bajo otra denominación porque han sido refundados? La parte económica siempre juega un papel crucial en los clubes deportivos, no hay ninguna duda.
La economía, como dices, hace mucho. En aquel momento en Valladolid había muchas ayudas del Ayuntamiento y de organismos públicos que intermediaban para que alguna marca apostara y diera algo de dinero. Sin la colaboración de las instituciones era difícil prosperar. A partir de esos años se politizó un poco la historia y la gente pedía que las corporaciones municipales no se gastasen tanto dinero en el baloncesto cuando debían hacerlo en parques, jardines y otros asuntos de ese estilo en la ciudad. Aquello provocó que los equipos más modestos, que no tenían un gran patrocinador detrás (y no hablo ya de los que venían respaldados por clubes de fútbol), se iban quedando. Y no eran equipos más gobernados: en Valladolid, Gonzalo, alguien magnífico; en Zaragoza, Rubio, que estaba muy metido. No era fácil competir con los grandes. Había seis u ocho equipos muy buenos y los demás éramos un poco comparsas.
Tras aquello llega al Caja de Ronda, dos cursos y medio entre 1988 y 1991. Y, para ser tan poco, se le dio bien: dos premios a mejor entrenador, uno de la AEEB y otro de Gigantes del Basket y en años distintos. Le sacó provecho a su estancia. ¿Cómo la vivió?
Para mí, de lo más grande de mi carrera. Le tengo muchísimo cariño. Suena casi pedante, pero jugamos un baloncesto muy bueno. Los jugadores eran inteligentes, no demasiado jóvenes por lo que lo principal no era el físico, eran listos. Tácticamente era un equipo bonito de llevar. Se divertían los jugadores al tener que concentrarse para hacerlas, me divertía yo y empezamos a ganar muchos partidos. Entonces se jugaban dos series, la A y la B. Empezamos en la parte de abajo y se nos había complicado. Ganamos diez de once encuentros. Pero claro, en casa perdíamos todo y fuera era donde triunfábamos. Le decía en broma a mi mujer: ‘Prepara las maletas, que de aquí nos echan’. [RISAS] Porque aquello era duro. Pero terminó siendo una temporada extraordinaria.
La primera allí es la llamada Liga de Petrovic, ¿no? Que en realidad no la ganó Petrovic.
Sí. Además tuve la suerte de conocerle un día que venía el Real Madrid a jugar contra nosotros. Fui a verle al hotel con Lolo [Sainz] y me dejó anonadado. Se sabía el calendario, con los partidos que jugaban ellos y nosotros, con una capacidad que me dejó atontado. Qué monstruo, y eso aparte del jugador que era.
En Málaga se juntan, sobre todo, cuatro jugadores de los buenos. Ricky Brown, Joe Arlauckas, Rafa Vecina y Fede Ramiro, que además termina como líder en asistencias en una de tus temporadas. ¿Cómo definiría el juego que hacíais allí?
Eran muy listos. Nos teníamos que defender de equipos que eran mejores que nosotros, en todos los sentidos, atléticamente y por potencial porque tenían diez tíos que eran buenísimos. Entonces, desde la defensa, haciendo muchas cosas, poner muchos problemas al equipo contrario para que no supiese y tuviera que pensar qué estaba atacando. Porque, si no, nos pasaban por encima. A base de eso y ser muy listos en ataque salieron dos temporadas magníficas.
“Mi etapa en Málaga es de lo más grande de mi carrera”
Mario Pesquera
Además yo disfrutaba. Entrenando más que el día de partido, porque lo hacían muy bien. Y es que eran listos. Yo defiendo que al baloncesto no se juega ni con las manos ni con los pies, sino con la cabeza. Cuando un equipo es así, da gusto. Hombre, si no tienes físico, y más hoy en día, al final resulta imposible. Cada vez son más rápidos, más fuertes, llegan a cualquier sitio, recuperan cualquier posición, etc. En ese sentido, todo aquello era muy distinto porque eran otros años.
¿Qué falló allí? Porque las fases regulares estaban bastante bien, pero en los dos cursos cayó en primera ronda del playoff. ¿A qué lo achaca?
Realmente tuvimos mala suerte. En uno se lesionó Rafa Vecina. En el otro, si no recuerdo mal, Fede Ramiro. Cuando llegamos al final de las temporadas, lo hicimos cascados. Estaba orgulloso. Claro que quieres jugar unas semifinales de Liga, pero no me importaba tanto que ver cómo jugaban, se comportaban, leían el baloncesto… Aunque parezca una concepto un poco cursi, saber leer lo que pasa y cómo lo va a hacer el equipo contrario te da una ventaja que se superpone a la falta de otras capacidades. Disfruté mucho con ese equipo.
Ya que lo enmarca en una de las épocas más felices de su trayectoria, y más teniendo en cuenta que es el germen del Unicaja de hoy y ha sido un club hegemónico en dos décadas distintas, ¿siente el calor y el recuerdo de la gente de aquellos tiempos pasados?
Sí. Las veces que he ido a Málaga, menos de lo que me gustaría aunque he estado varias veces, lo he sentido. Con el presidente actual, Antonio Jesús [López Nieto], tengo buena relación y me hicieron un homenaje interno hace un año y pico. Estuve con la gente, ya un poco mayor porque los jóvenes no saben ni quién he sido ni que existo, y los que eran jóvenes ahí y ahora son cuarentones todavía se acuerdan me hicieron sentir querido.
De Málaga salta a Zaragoza en 1992. Una temporada, que no terminó como técnico. Es el primer año en el que no está el CAI como patrocinador. ¿Qué ocurrió realmente allí?
Pues ya has dado en la clave. Llegué en un año malo, el anterior había estado mi amigo Manel Comas y habían realizado una buena temporada, pero se acabó el patrocinio y se acabó el dinero. Así de claro. Con el equipo que se pudo hacer, sobre todo los fichajes de los extranjeros en un equipo que además había sido siempre habilidoso en esa parcela, no tuvimos suerte.
“¿Zaragoza? Allí gané la Copa de Europa con el Madrid y era el día de mi cumpleaños”
Mario Pesquera
Creo que cuando me despidieron éramos quintos de la Liga, que no era un mal puesto, pero estaban acostumbrados a pelear entre los tres o cuatro primeros y no hubo más paciencia. Tengo, de todas formas, buen recuerdo del equipo y la ciudad. Además el club me gustaba mucho por cómo estaba organizado, pero llegué con el pie izquierdo: se había acabado el lujo.
Es un mal endémico también hoy en la Liga Endesa: como no aciertes con los americanos, la historia se complica y mucho.
Eso es. Y si hacías alguna virguería porque tenías un pívot nacional que te valía (como en España se solía fichar a los dos pívots de fuera al carecer de altura en los de aquí), pues mejor. En Valladolid, por ejemplo, trajimos a Juanito de la Cruz y después completamos el plantel como Michael Young y Mike Phillips y el equipo estaba muy compensado. Pero cuando no aciertas en ellos, o no tienes dinero y tienes que mirar un segundo mercado, es muy difícil.
Su siguiente paso en como directivo. En 1995 llega al Real Madrid. ¿En qué circunstancias se da su incorporación?
Me llevó Ferrándiz. Había elecciones en las que se presentaba de nuevo Ramón Mendoza y Pedro Ferrándiz iba con él en la candidatura. A través de mis agentes, Ortega y Arizaga, de la empresa Ariber, me trasladaron que Ferrándiz quería hablar conmigo. Estuvimos en Málaga reunidos, porque yo vivía allí, y me ofreció el puesto de director general si ganaba las elecciones. El día que pasó me di cuenta de lo que se venía encima: cambiar mi casa, a mis hijas de sitio… Me fui a Madrid yo solo unos meses hasta que me acompañó el resto de la familia. Fue un fichaje bonito porque era llegar a un gran club, que es otra cosa, pero con la pena de estar de nuevo en un momento muy difícil económicamente. Dificilísimo, en ese aspecto.
¿Más difícil pilotar otras naves que un transatlántico como el Madrid?
No creas. Una vez que ves el baloncesto desde el punto de vista del entrenador hay una cosa que aprendes: a planificar. Tu equipos, entrenamientos, cómo va a ser la temporada, etc. Aquí, al fin y al cabo, había que estar enterado, y lo estaba porque había entrenado hasta hacía nada y, de lo que no, te ponías al día con los agentes. Y de la parte económica de encargaba un director financiero, que eso sí era diferente al tratarse de un club como el Real Madrid. Mi encargo era llenar el pabellón. Y la verdad es que no salió muy bien. Recuerdo en el debut, en Europa contra la Cibona, que algún socio se metía conmigo: ‘Mario, que soy socio de hace muchos años y ahora no puedo entrar’. Se habían agotado las entradas. Trabajando con la ACB y una campaña de captación que prepararon se hizo un buen esfuerzo, porque yo no sabía de esos temas, y fue bien. Mi primer despacho estaba en la ciudad deportiva; que, por cierto, al estar solo al principio, era una vida que me gustaba hacer allí ésa de ver a los jugadores de fútbol y empaparte y empaparte de aquello. Fue una experiencia muy bonita. Lo económico, que era lo que yo no conocía, lo llevaba otro directivo. Yo me encargaba de las actividades del equipo y de acompañarles. Además debuté con la Copa de Europa que ganamos en Zaragoza, ¡y el día de mi cumpleaños!, que imagina qué alegría. Mendoza era interesantísimo, muy listo y rápido, en el fútbol y al margen del mismo.
Aquellos presidentes del fútbol en los 90, sí, que eran de otra pasta.
[RISAS] Sí, aquello era otro mundo.
La salida de Arvydas Sabonis causó un gran efecto en el Real Madrid aquel verano. ¿Fue aquella fricción con Pedro Ferrándiz uno de los detonantes de su salida?
El equipo estaba económicamente mal. Se tomó la decisión, en contra de lo que yo decía, de dejar ir a Sabas a la NBA. No creo que cesara por eso, pero sí fue un punto que me separó un poco de Pedro Ferrándiz. Estaban empeñados y yo me negaba en la medida que podía. Y, después de aquello, otros asuntos, como los patrocinios, llevaron a varias disquisiciones y salí. Eso sí, me pagaron mi contrato. Estaba ya Lorenzo Sanz de presidente, estaban Silva y Onieva, y me llevaba muy bien con todos ellos. No fue un tema agradable, pero conservé las relaciones que allí hice.
Después hay unos años en los que no entrena. Y, de repente, suena el teléfono y es la Selección. Acabó la etapa de Moncho López en 2003 y empieza la suya. ¿Cómo se gesta aquello y quién está detrás de la decisión además del presidente de la FEB?
Yo ya estaba en la Federación y mi encargo era dirigir a la sub-20, donde se esperaba que estuviera -entre otros- Marc Gasol. En el EuroBasket de aquel año habló conmigo Ángel Palmi, director técnico de la FEB, y quedamos en eso. Dije que sí y estuve unos meses pensando en ello. Entonces dimitió Moncho López, porque se marchaba a entrenar al Breogán, y me llamaron. Que querían entrevistarse conmigo. Ya me imaginé un poco por dónde iba la historia. Y una noche, en un restaurante, sacaron el tema, dando rodeos, hasta que me dijeron que habían pensado en mí para llevar la Selección y evidentemente dije que aceptaba. Era un sueño, un puesto muy querido y encima empezaba en unos Juegos Olímpicos. Desde niño, estar en un evento así, con todo lo que eso conllevaba, era especial. Con unas condiciones que no eran ventajosas, porque eran sólo unos meses, pero que no me importaban en absoluto porque me había tocado el Gordo. No podía decir que no.
August 26, 2004: The United States defeats Spain, 102-94, in a quarterfinal round game at the Olympics in Athens.
Stephon Marbury led Team USA with 31 PTS (10-15 FG/6-9 3P) and Allen Iverson added 16 PTS (3-8 3P). For Spain, Pau Gasol scored 29 PTS (9-17 FG/11-11 FT), José… pic.twitter.com/I6r1648UCQ
— NBA Cobwebs (@NBACobwebs) August 26, 2026
En los Juegos de 2004 se da una situación curiosa conociendo lo que en años posteriores ha ocurrido con España. En torneos así se ha sabido jugar con los resultados para tener cruces más beneficiosos. Allí, en Atenas, se ganó todo en la fase de grupos (5-0) y, en las eliminatorias, la primera en la frente: Estados Unidos. Qué pena, ¿no?
Ésa es la peor suerte de mi vida. Hicimos una ronda de grupos buenísima; y yo soy muy crítico, pero al volver vi los partidos repetidos y habíamos jugado mejor de lo que yo pensaba. Me lo decía la gente, que habíamos estado muy bien. Yo siempre me fijo en lo que hacemos mal para mejorarlo. Recuerdo estar con [Joan] Creus viendo a Lituania frente a los estadounidenses, que caían al cuarto puesto y nos tocaban si perdían. Y cayeron. Y nos tocó porque nosotros habíamos sido primeros de grupo. Tenían un equipo que, a pesar de lo que se dice, era un equipazo. Se les empezó a criticar. Pero tenían a Tim Duncan, a Wade, LeBron James, Carmelo, etc. Jugaron muy mal allí y el día que nos tocaron a nosotros en el cruce las metían todas. Sobre todo, Stephon Marbury.
Marbury es el que ha quedado en el recuerdo. En comparación con otros del equipo, los antes mencionados o Allen Iverson, Lamar Odom, Shawn Marion y alguno más, no tiene tanto esplendor ni palmarés. Un jugador con pasado callejero que en los Knicks sí es una institución, pero no al nivel global que lo han llegado a ser los otros. Pero aquel día nos mató.
Tenía buen potencial. Era un jugador de la calle, como dices, y que a lo mejor te hace tres partidos muy buenos de diez que juegue. Y aquel día lo metió todo. Pero todo. 31 puntos. Ni en los entrenamientos las metía así. [RISAS] Lo intentamos con varios defensores, que eran buenos en eso, y no hubo forma. Fue lo que nos estropeó. Eran unos Juegos muy abiertos, también porque Estados Unidos estaba jugando mal hasta ese día, pero es que nosotros habíamos ganado al que fue campeón (Argentina) y al que fue subcampeón (Italia).
Estaban en esa época de valle entre los noventa y todavía no habérsela pegado muy fuerte con jugadores que ya no todos eran los mejores. Pasó en 2002, 2004, 2006 y después ya hubo una reacción.
Pero repasas los nombres y… Yo estaba en desacuerdo con la gente. Tim Duncan era una estrella. LeBron era muy joven pero ya imponente en lo físico. Eran mejores de lo que hicieron. Rindieron por debajo. Hacían una vida distinta a los demás, estaban en un barco de lujo fuera de la villa olímpica, algo que hacen a veces. Estaban como despistados. Y el día que se concentraron, nos pillaron con el camión.
A un servidor, personalmente, se le quedó en la retina lo que pasó al final, el pique ardiente con Larry Brown porque pidió un tiempo muerto sin venir a cuento cuando el partido estaba visto para sentencia.
Le conocía a través de un representante. Con él estaban Gregg Popovich y Roy Williams, al que conocía de cuando estuve con Dean Smith y eran unos chavales los dos. Teníamos alguna anécdota que habíamos vivido juntos en los Tar Heels. Y éste era muy bueno también. Claro, siempre llevan unos entrenadores de la leche.
Me cabreó mucho en aquel instante. Roy intentaba frenarme. Luego Brown explicó que si no se sabía las reglas de la FIBA o no sé qué. Bueno: lo que está en el campo, se queda en el campo.
Sí me molestó de verdad el arbitraje. Porque fue muy perjudicial al permitirles tantos pasos de los que dan en su liga. No pitaron nada. Y había un árbitro que era portorriqueño que les favoreció todo el rato. Sé hasta quién le designó. Fue un arbitraje vergonzoso.
Uno de Puerto Rico arbitrando a Estados Unidos…
Sí. Me acuerdo de que, en la rueda de prensa, empecé a hablar en inglés. Y no lo hablo bien. Había hecho una especie de cursillo. Y luego lo pensé y dije: ‘¿Pero por qué no lo digo en español?’. Así me entendían mejor.
📹 El día en el que Fran Vázquez acudió al RESCATE de #LaFamilia en el @EuroBasket 2005 🙏
Dominó la zona y anotó la canasta que forzó la PRÓRROGA ante Croacia 🇭🇷 en cuartos ‼️
📆 23/09/2005
📊 26 puntos, 9 rebotes, 3 tapones#SelMAS 🇪🇸 #SomosEquipo pic.twitter.com/ekVHPXUqsY— Baloncesto España (@BaloncestoESP) May 7, 2020
Después de aquello el reto era el EuroBasket de 2005. La derrota en la semifinal con Alemania, con un tiro de Nowitzki casi en la cara de Garbajosa, no significó tanto como el mal papel en la lucha por el bronce, donde Francia ganó por 30 puntos. ¿Es esto último lo que valió su destitución?
El problema fue de lo que perdimos contra Francia. Porque el equipo llegó fundido. No alcanzamos la final por ese tiro de Nowitzki. Pero fue un buen campeonato. Comenzamos ante Serbia y Montenegro con la mayor derrota que han tenido en su casa jamás. Partido malo contra Israel. Vencimos a Croacia en la prórroga. Y ese día de Alemania, el lanzamiento de Nowitzki (y eso que Jorge saltó). La pena fue cómo fue lo de Francia: imagen mala, mucha diferencia… Para mí, el peor que ha jugado un equipo mío en la historia. Luego José Luis Sáez, uno de los que tomó la decisión, me dijo que iba a seguir. Vi el percal, pregunté, tenía alguna oferta y me apetecía, dijo que hablara con Ángel [Palmi] y después todo cambió y me comunicaron que no continuaba.
El Europeo en el que está Fran Vázquez y no Pau Gasol.
Faltó Pau. Fue lo más importante. Estaba allí retransmitiendo el partido con la televisión. Estaba ante una temporada importante en la NBA, con preparación veraniega, y no estuvo disponible. Sin él no habríamos perdido.
Se le renovó
El acuerdo llegaba hasta el siguiente Mundial.
Pero acabó cayendo
La directiva no le dejó continuar hasta Japón.
Y, después del encargo de la Selección, le hemos visto precisamente de eso, de comentarista.
Eso es. Yo ya había estado con [José María] García, cuando estaba en Antena 3, porque tenía muy buena relación con Javier Ares en mi época de Valladolid. Colaboré, a García le gustó, después me llamó cuando firmó un contratazo en Vía Digital y allí estuve con Fernando Ruiz [Álvarez]. Antes y después de estar en el Madrid estuve en Televisión Española, ahí me tocó con Ramón Trecet o Nacho Calvo entre otros. Y, por último, en DAZN. Ha sido una labor muy bonita. Me ha gustado siempre mucho la labor del periodista y de la divulgación.
Teniendo todo lo que hemos hablado en mente, hago la última. Ahora que entra en el Hall of Fame del baloncesto español, ¿cómo quiere ser recordado Mario Pesquera?
Como un aficionado tremendo y un estudiante del baloncesto, una persona a la que lo que más le ha gustado es conocer. No sólo la información, que yo lo separo, sino el conocimiento: darle vueltas a las cosas para entenderlas, mejorarlas, copiar sin problema de quien fuese, siendo un hombre que ha aprendido mucho de los demás. Es lo que más me ha puesto, si se puede decir así. Siempre digo que no necesitaba droga; cuando vas perdiendo de uno y tienes posesión de balón o vas ganando de uno y la tiene el contrario, no hay momento de mayor excitación.
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