LeBron James vuelve a colocar el foco mediático sobre sí mismo con una decisión que, de confirmarse, transformaría por completo su rutina profesional y personal: establecer su residencia en Nueva York mientras juega para los Philadelphia 76ers. La idea, que suena más a guion de serie que a planificación deportiva, ha encendido el debate sobre cómo se organizaría el día a día de una de las mayores estrellas de la historia del baloncesto. Y aunque solo es un rumor, merece la pena detenerse en él porque abre una ventana curiosa a la vida de un jugador que siempre ha vivido a lo grande.
La distancia entre Nueva York y Filadelfia es de unos 130 kilómetros en línea recta, que en coche se traduce a 1 hora y 44 minutos. Nada dramático para alguien normal, pero LeBron no es precisamente un ciudadano anónimo que se come un atasco en la I-95 mientras escucha un podcast de true crime. Para él, la opción helicóptero suena más lógica y acorde a su estatus. Dicen que el trayecto dura unos 45 minutos, el tiempo justo para una siesta corta o para pensar en por qué aceptó cobrar un 93% menos que en los Lakers. Pasar de 52,63 millones a 3,88 millones es un descenso tan grande que igual hasta se plantea ir en coche en solidaridad con la clase media.
Lo curioso es que esta idea de vivir en Nueva York mientras juegas en Filadelfia no sería nueva. Wilt Chamberlain ya lo hizo en los años sesenta. El jugador vivía en Central Park West, jugaba para los Philadelphia Warriors y pasaba las noches en Harlem, donde tenía un club llamado Big Wilt’s Smalls Paradise. Una vida paralela digna de una serie de HBO. El problema llegó cuando sus compañeros tuvieron que mover los entrenamientos a la tarde para que Wilt pudiera dormir más.
LeBron, sin embargo, no tiene casa en Nueva York, aunque si mañana decide comprarse un ático con vistas al Hudson, lo hace antes de que termines de leer este párrafo. Su colección inmobiliaria ya incluye una mansión en Beverly Hills de 36,75 millones, otra en Brentwood por 23 millones y su casa de Akron, valorada en 9,2 millones. También tuvo propiedades en Miami y una segunda residencia en Los Ángeles. A pesar de su disminución de sueldo, añadir un piso neoyorquino a su colección no será un problema para su cuenta bancaria.
Para sumar más caos, algunos aficionados especulan con una supuesta preferencia de LeBron por los Knicks; sugieren que, incluso tras el rechazo del equipo neoyorquino, el jugador conserva cierto apego sentimental por la ciudad. Aunque nada de esto tiene una base real, sirve para generar debate y alimentar la narrativa de que Nueva York siempre está en el centro de cualquier historia de superestrellas.
¿Tiene sentido todo esto? Probablemente no. ¿Es divertido imaginarlo? Muchísimo. LeBron James viviendo entre rascacielos, viajando en helicóptero para entrenar, manteniendo una vida dividida entre dos ciudades históricas del deporte… suena a exageración, pero también a una historia que solo podría protagonizar alguien como él. Y si algo ha demostrado LeBron a lo largo de su carrera es que siempre encuentra la manera de sorprender.
Noticias relacionadas
NBA
Los Warriors sin Curry, un futuro incierto
NBA
Así son los Cavaliers que se encuentra Hezonja
¡Lleva el deporte contigo!
Descarga la App de AS para recibir alertas al instante y configura en MiZona qué quieres leer, sigue a tus equipos y consulta sus partidos. Descárgala aquí. ¿Además buscas licenciar contenido? Haz clic aquí

