Hay jornadas en las que Novak Djokovic juega como aquellos humanos que afinan un instrumento antiguo: sin prisa, en un circuito dominado por bombarderos, emerge como un músico del viejo mundo que toca y toca sin importar la edad, convencido de que la melodía todavía le pertenece. La celebración lo exhibe a la perfección: apoya la raqueta en su hombro como un violín y desliza la mano ante la obnubilación del público. Los que están en la tribuna lo saben: acaban de ver otra función del extraordinario hombre de otro tiempo al que aún le quedan canciones por componer.
“Es la prueba de que todavía puedo vencer a los mejores”, soltó el incombustible serbio una vez consumada una de sus actuaciones memorables de los últimos años. Con 39 años y cuatro meses, sacó a relucir su poderío emocional para superar una prueba de riesgo. Ponía en juego un increíble invicto de 31 partidos en el ATP 500 de Beijing contra el alemán Alexander Zverev (2°), el jugador de la temporada que ganó dos Grand Slams -Roland Garros y el US Open- y principal aspirante al número uno mundial, pero sobrevivió: se impuso a los palazos del máximo favorito por 4-6, 6-4 y 6-4 y avanzó a las semifinales del certamen chino, instancia en la que lo espera el ex líder del ranking Daniil Medvedev (6°; eliminó al argentino Francisco Cerúndolo por 7-6 y 6-3).
El ganador de 24 torneos de Grand Slam prevaleció frente a los misiles del jugador más en forma del mundo. Diez años menor, Zverev conectó 19 aces y puso en juego el 80% de sus primeros servicios, pero el olfato de un viejo zorro suele ser imperecedero: Djokovic percibió los escasos agujeros de su rival, concretó dos de las cinco pelotas de quiebre que tuvo -salvó tres de las cuarto que otorgó- y estableció la diferencia en los instantes calientes del partido.
“Soy sincero: estos son los momentos por los que todavía sigo jugando. La motivación es grande cuando uno se siente bien y compite al mismo nivel que los mejores jugadores del mundo. Estos momentos que definen los sueños de todo tenista. Ha sido un año difícil pero sigo aquí, sigo esforzándome, sigo haciendo que los jóvenes se ganen su dinero”, expresó el actual 11° del ranking ATP y seis veces campeón en el China Open (2009, 2010, 2012, 2013, 2014 y 2015) en el corazón del Centro Nacional de Tenis del Parque Olímpico de Beijing, tras convertirse en el primer hombre en ganar sus primeros 32 partidos en un mismo torneo del circuito: dejó atrás la marca de 31-0 de Rafael Nadal en Roland Garros (2005-2009).
La cabeza de Djokovic, cuyo incentivo deportivo crece ante desafíos de esta magnitud, pulsó a favor de su tenis y de su físico: alimentó el impulso contra el jugador del momento y, contrario a sus últimos partidos, no necesitó ni atención médica por las molestias abdominales ni sufrió sus habituales vómitos. Si el cuerpo lo acompaña, en concreto, puede jugar como en sus épocas de top 5.
En la prestigiosa transmisión de Sky Sports destacaron que no hay que dar por muerto a un mito que sigue vivo: “Mucha gente pedía el obituario de Djokovic en el tenis tras las derrotas en primera ronda de Cincinnati y del US Open, pero acaba de vencer al sembrado número uno del torneo y al jugador con mejor forma física del mundo”. La longevidad del serbio desafía los márgenes: esta flamante victoria, tan resonante como la que consiguiera en las semifinales del Abierto de Australia ante Jannik Sinner, lo llevó a ser el tercer jugador en la historia del ranking ATP -nacido en 1973- que logra un triunfo contra un top 3 después de cumplir 39 años, detrás del australiano Ken Rosewall y del estadounidense Jimmy Connors.
Hay una certeza que no deja de ser relevante: Djokovic no es nativo digital. Llegó al mundo el 22 de mayo de 1987 en Belgrado y creció en medio de la Guerra de los Balcanes –“El sonido de los fuegos artificiales todavía me recuerda a las bombas y las granadas”-, pero a meses de cumplir 40 años demuestra que su pericia para jugar al tenis todavía puede hacer ruido frente a rivales formados en la era de las redes sociales. Ninguna inteligencia artificial podría emular este contraste de eficacia: mientras Alexander Zverev suma 73 partidos en 2026 y apenas dos victorias en diez cruces ante integrantes del top 10, el serbio logró cuatro triunfos en seis duelos ante ese grupo, en un año con sólo 24 partidos disputados.
“Está loco porque ya es viejo, no vamos a mentir, pero todavía puede jugar muy bien. Quizá un poco menos que cuando ganaba tres Grand Slams por año, pero sigue siendo un rival muy duro”, anticipó Medvedev, el favorito en el duelo de este lunes en China. Primero lo llamó viejo y, de inmediato, avisó que es un rival duro. En el fondo decidió protegerse: no vaya a ser que el veterano violinista tenga a mano una nueva partitura por estrenar.

