La campana tañirá en las próximas veladas de boxeo por uno de los grandes. José Legrá (Baracoa, Cuba) se ha marchado a los 90 años, después de lanzar un uno-dos e intentar escurrirse de una grave enfermedad con sus piernas de gacela tras luchar contra ella en el Gómez Ulla de Madrid. Los cuadriláteros, el sagrado 6×6 cercado por 16 cuerdas, están más vacíos aún después de perder al dos veces campeón del mundo y siete de Europa del peso pluma. Un personaje que trascendió al deporte y que pasó los últimos años en una residencia de mayores donde el exboxeador Manel Berdonce ejercía de su Ángel de la Guarda.
Pronuncie ‘Legrá’ ante un aficionado al boxeo y se quitará el sombrero. El negrito al que los turistas estadounidenses tiraban monedas al mar para que las rescatara con los dientes, el que vendió maní y periódicos, llegó a España porque Fidel Castro prohibió el boxeo profesional. Antes, había pasado por México, y por el mítico 5th Street Gym de Miami, donde se fijó en él un tal Angelo Dundee, el ‘padre’ de Cassius Clay. “Ali era muy fanfarrón, pero lo que decía lo cumplía. ‘¡I am the best, I am the best!’, gritaba. Pero es que era el mejor de veras. Yo también era fanfarrón. Algo se me pegó de él. Los rivales subían al ring contra mí y entraban con miedo. Se les veía en la mirada”, contó con gracia a AS en 2017.
Y llegó Legrá a Madrid, en 1966. Encontró a Kid Tunero. Entró en el templo del Palacio de los Deportes y Vicente Gil, médico de Franco y presidente de la Federación de Boxeo, vio que el ‘Puma’ era un león. Le arregló los papeles rápido, y con pasaporte español el ‘Pequeño Clay, se proclamó campeón de Europa en 1967 en el coliseo de la calle Goya. Con el humo de los cigarros quemando en los pulmones, una derecha firme dejó tieso a Yves Desmartes.
Golpe a golpe, gracia tras gracia, llegó su gran noche el 24 de julio de 1968. “Las tablas de la caja de limpiar calzado se han convertido en un trono. Era madera de campeón. El bolero oscuro y desharrapado ostenta ahora el cetro mundial de los plumas”, comenzó el maestro Manolo Alcántara la crónica de su apoteosis en Porthcawl, Gales. “Usted no sabe el hambre que yo he pasado, tengo que vencer”, le había dicho el púgil de 25 años al cronista en el hall del hotel Esplanade, antes de subir al ‘cadalso del encordado’. Finiquitó a Howard Winstone en el quinto asalto. Los españoles presentes le alzaron en hombros y Matías Prats (enviado especial de TVE) y él entonaron el ‘La, la, la’ de Massiel. Felicidad en vena para un país gris. Franco le premió con un chalet y un Oldsmobile de la General Motors. Era el segundo español en ceñirse una faja mundial, tras Baltasar Belenguer ‘Sangchili’ en 1935. Una sequía demasiado larga que acabó con Legrá.
Con su gran swing, unas extremidades largas como tentáculos para su peso y un crochet abierto a la carótida marca de la casa fue haciendo carrera. Perdió su cetro (”me lo robaron», matizó siempre él) en el Royal Albert Hall de Londres contra a Johnny Famechon en 1969, y lo recuperó en Monterrey (México) ante Clemente Sánchez en 1972. Pero se retiró pronto, al año siguiente. Tras 148 batallas, de las que ganó 133, perdió 11 y cuatro acabaron en nulo.
Después, se fue esfumando. Como se esfumaron sus bolsas. Montó una firma de zapatillas deportivas, Legrá Sport, que no tiró y en su última época laboral hizo de relaciones públicas de una empresa de seguridad de un amigo, Jesús Capote. Entre medias, muchos batacazos. “Gané casi 400 millones de pesetas. Pero la inexperiencia en la vida… Creía que el mundo era mío. Gasté mucho dinero y puse negocios que fueron mal o regular. ¡No tenía ni puñetera idea! Invertí bien en negocios inmobiliarios y gané mucho, pero con el tiempo se fue fastidiando todo”, confesó. El periodista José María García le ayudaba económicamente. El Consejo Mundial de Boxeo también le echó una mano. Vivía con su compañera (mujeriego empedernido, sentó la cabeza tarde) en un piso del barrio de Las Ventas. Últimamente, en una residencia de mayores. Era difícil verle. Su última aparición pública fue para asistir en febrero del 2020 a la presentación de su biografía, ‘Arte en el cuadrilátero’, de Benjamín Hernández. Con la sonrisa pilla que desquició rivales y enamoró a un país. La del ‘Puma de Baracoa’. Un genio de otros tiempos.
“¿Más golpes da la vida?”, le preguntó este periodista en una entrevista. El típico tópico. “¡Eso es un dicho, pero yo no puedo decirlo! La vida no me ha dado golpes, esa es la verdad. No se ha portado tan mal conmigo”, contestó. Hasta siempre, campeón.
Los restos mortales de Legrá descansan en el Tanatorio Norte de Madrid y su entierro será este jueves a las 11:00 en el Cementerio Sur
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