Al Gran Premio de Monza nunca le faltan ni mística ni épica ni emoción. La edición de este 2026, sin embargo, se propuso multiplicar todas esas características hasta erizarnos la piel y exprimirnos el corazón: Ferrari se puso al hombro el fin de semana italiano de la Fórmula 1 que este sábado tendrá su última práctica a las 7.30 y su clasificación a las 11 (transmite Disney+ Premium) y en la fecha donde actúa como local junto a sus tifosi, la icónica escudería de la Máxima decidió homenajear a uno de sus pilotos más laureados, inolvidables e históricos, el heptacampeón mundial Michael Schumacher, de cuyos comienzos con la casa de Maranello se cumplen 30 años esta temporada.
Un alemán en Maranello
El carismático alemán ya había ganado dos títulos mundiales (con Benetton, en 1994 y 1995) cuando aterrizó en la tierra del Cavallino Rampante. La Scuderia llevaba un buen tiempo sin grandes alegrías: no ganaba el Campeonato de Constructores desde 1983 y el de Pilotos desde 1979 (cuando se consagró Jody Scheckter). Schumacher llegó en 1996 envuelto en la ilusión de devolverles sus días de gloria en la Fórmula 1.
Los italianos incluso trajeron en 1997 a Ross Brawn, quien había sido director técnico suyo durante su tiempo en Benetton, para guiar también su camino en Maranello y hacerlo sentir cómodo, confiado y como en casa. Ferrari se volvió la casa del alemán y el equipo emblema de la categoría no solo volvió a dominar el Gran Circo: Schumacher encarnó su era dorada, que inició con el Campeonato de Constructores conquistado en 1999 y se consolidó con los cinco títulos consecutivos del Campeonato de Pilotos que el germano ganó entre 2000 y 2004, cuando alzó el trofeo en cada una de esas temporadas.
Aquella hegemonía que eternizó la sonrisa de Schumacher con el rojo de Ferrari logró vencer un récord albiceleste que reinaba desde hacía cinco décadas. Antes del germano, nadie había podido superar los cinco títulos del argentino Juan Manuel Fangio, rey de la Fórmula 1 en las temporadas 1951 y 1954-1957. Schumacher se abalanzó sobre esa plusmarca para imponer sus siete coronas.
La furiosa lluvia española
Septiembre es un buen momento para homenajear las tres décadas que pasaron desde el inicio de la historia entre Schumacher y Ferrari. Dos significativas alegrías rodean esta fecha: la actual cita en Monza llega treinta años después de la primera victoria del alemán envuelto en el rojo de Maranello (en el Gran Premio de España de 1996) y casi veinte años después del último triunfo del Kaiser (en el Gran Premio de China en 2006). De una punta a la otra, Schumacher cosechó un total de 72 victorias durante sus 11 temporadas con la casa italiana, para convertirse en el piloto más laureado de la historia de Ferrari.
Ese triunfo número uno llegó en la sexta fecha de esa primera temporada suya con los colores más icónicos de la Fórmula 1. Schumacher llegó al Gran Premio de España luego de dos poles consecutivas que no pudo transformar en alegrías (en Imola y Mónaco), con el hambre de ganar junto a Ferrari desbordándolo, y con una lluvia torrencial acechando el paddock. En ese marco, logró aquel 2 de junio una de las victorias más memorables de la Máxima bajo el agua.
“Fue la única vez que completé una carrera entera en Barcelona sin pisar el acelerador a fondo ni una sola vez, ni siquiera en las rectas. El auto no tocaba el asfalto, sino el agua. No había adherencia. Y tampoco visibilidad”, le contó a la web oficial de la categoría el francés Jean Alesi, quien aquel día con su Benetton intentó pelearle el triunfo al alemán. Eran otros tiempos del Gran Circo: hoy, una carrera nunca largaría en medio de un diluvio así.
El teutón de Ferrari largó tercero y tuvo un flojo comienzo, que lo dejó sexto, pero en unas pocas vueltas retomó su posición inicial y ya en el giro 12 estaba liderando la carrera. Lo hizo hasta el final, junto a los otros cinco pilotos que lograron terminar la carrera. Con 45s302 de ventaja sobre Alesi, Schumi selló su primera alegría con Ferrari en aquel calendario ’96 que cerraría para él con otras dos victorias más. Una fue en Bélgica. La otra fue en Monza, un circuito que recién pudo enamorar con los colores de la casa italiana.
De Shanghai a Buenos Aires
Su última victoria con Ferrari fue en Shanghai: en octubre se cumplirán dos décadas de aquel día histórico que entregó -entonces nadie lo sabía- el último de los 91 triunfos de Schumacher en la Fórmula 1. Fernando Alonso, el único piloto del actual paddock que compartió esos años del alemán, largó desde la pole en aquella carrera y se la peleó hasta el cierre. Schumacher, quien había largado sexto, aprovechó errores estratégicos en boxes de Renault (equipo del español) para cruzar primero la amada bandera a cuadros por última vez en su vida.
Asterisco confianzudo: un pequeñito bonus, más nuestro que tuyo, estimado Michael, se cuela en esta nota. Y es que entre esa primera y última victoria con Ferrari, ahí en el medio del barullo del éxito, el alemán se quedó clavado para siempre en el corazón albiceleste, cuando el 12 de abril de 1998 ganó el Gran Premio de Argentina que selló la última vez de nuestra tierra cobijando a la Fórmula 1. Quizás alguien que fue ese día al Autódromo Oscar y Juan Gálvez recuerde el puño en alto de un Schumacher sonriente en aquel tango final en Buenos Aires.
Un tributo infinito
Tras su memorable paso por Ferrari (fueron 180 GP), el alemán se retiró un tiempo de la Máxima y volvió en 2010 a Mercedes, antes de su adiós definitivo en 2012. “No fue tan exitoso como antes, pero aun así aprendí mucho para la vida -contó sobre aquel último período en la Fórmula 1-. Descubrí que perder puede ser tanto más difícil y educativo que ganar. Ahora es un buen momento para irse”. Un año después, esquiando junto a su familia, sufrió el gravísimo accidente que lo dejó varios meses en coma y lo obligó a una rehabilitación que aún continúa en su hogar, alejado desde entonces de la escena pública.
Los homenajes de este fin de semana en el Templo de la Velocidad traerán al paddock a dos grandes figuras: el sábado protagonizará el tributo Rubens Barrichello, compañero de Schumacher entre 2000 y 2004, piloteando el F2002, uno de los monoplazas más icónicos de la era dorada del alemán en Ferrari. También se subirá a él Sebastian Vettel, cuatro veces campeón mundial, para honrar durante una vuelta a su compatriota en la previa del domingo. Ferrari llevará a Monza otros dos autos históricos de los días de Schumi en Maranello: el F310, que condujo en su temporada inicial en 1996, y el 248 F1, el compañero del germano durante el calendario 2006. Charles Leclerc y Lewis Hamilton, actuales pilotos de la escudería italiana, lucirán una indumentaria que también le rendirá honores al heptacampeón. Incluso el actual monoplaza viajará en el tiempo con su estética para esta cita especial.
Schumacher recuerda Monza pintada de rojo: solo ganó allí junto a Ferrari. Lo hizo en 1996, 1998, 2000, 2003 y 2006. Por eso, su aura veloz y legendaria se ganó un rincón especial en el cuore del Templo de la Velocidad. Estos homenajes le hacen una caricia a su historia dorada y se suman a ese tributo infinito que su nombre invoca siempre, hecho de emociones, pieles erizadas, sonrisas inolvidables y mágicos recuerdos.

