Zhang Ziyu, de 2,20 metros con sólo 19 años, compite en este Mundial como la figura más desconcertante del baloncesto femenino. No solo por su altura, que deja a sus contrincantes como auténticas liliputienses, sino por la sensación de que estamos ante un fenómeno que aparece una vez cada muchas generaciones, casi tan improbable como la pluma de un ave fénix o el cuerno de un unicornio, tal y como la describió su propio seleccionador Gong Luming. Él insiste en que la altura es su mayor virtud, pero también en que el reto está en que pueda moverse al ritmo frenético del baloncesto actual, donde una posesión dura apenas unos segundos y donde ella debe anotar, correr, volver a defender y sobrevivir a defensas que la agarran y rodean como si intentaran frenar a una gigante en un cuento de fantasía.
Su historia empieza mucho antes de este Mundial, mucho antes incluso de que China la señalara como su arma más letal. A los cinco años, en su primera visita a una cancha de baloncesto, retó a su padre, exjugador profesional de 2,13 metros, a un uno contra uno. Aquella escena quedó grabada en la familia: una niña, con el balón casi más grande que ella, colocándose en posición defensiva como si estuviera en un partido oficial. Su madre, también exjugadora de 1,98, lo recuerda como una revelación: “Tenía un don. No era normal que una niña tan pequeña imitara gestos profesionales con tanta naturalidad.”
Ziyu creció con sus abuelos y tíos mientras sus padres seguían ligados al baloncesto. A los ocho años ya entrenaba de forma seria y en sexto de primaria medía 2,10 metros. Su progresión fue tan vertiginosa que en 2019 alcanzó los 2,20, una cifra que la convirtió en un fenómeno dentro de la cantera china. Desde entonces, su trayectoria ha sido una sucesión de campeonatos escolares, títulos nacionales y pasos firmes hacia el inicio de su carrera profesional. En 2025 debutó en la WCBA con Shandong, donde anotó 15 puntos y capturó 6 rebotes en su primer partido.
Pero el momento que la lanzó definitivamente al foco internacional llegó con solo 18 años, cuando se convirtió en la primera mujer china en hacer un mate en un partido oficial. Lo hizo con la Sub-18 de los Juegos Nacionales, un hito que no solo rompió un récord, sino que simbolizó cómo el baloncesto femenino chino empieza a jugar por encima del aro. Aquella acción fue un mensaje: la nueva era ya estaba aquí.
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Su dominio en categorías inferiores fue tan exagerado que parecía jugar en un mundo paralelo. En la Copa Asia Sub-18 de 2024 promedió 35 puntos y 12,8 rebotes, fue MVP, y dejó actuaciones que se viralizaron en todo el planeta. Desde entonces, las comparaciones con Yao Ming y Zheng Haixia se han vuelto inevitables, aunque ella mantiene una calma sorprendente para alguien que vive rodeada de expectativas.
Y es que Zhang Ziyu tiene una doble personalidad muy marcada, en pista es una fuerza de la naturaleza, directa, feroz, casi intimidante; fuera de ella, es una adolescente tranquila que pasa horas haciendo manualidades. Teje animales de peluche, cose pequeños llaveros y crea figuras de fieltro que luego regala a sus compañeras y a su entrenador. Ese contraste desconcierta incluso dentro del vestuario, la gigante que aplasta rivales en la pintura es la misma que aparece al día siguiente con un osito de lana hecho a mano para celebrar un cumpleaños.
Su llegada a la selección absoluta tampoco decepcionó. En su debut contra Bosnia y Herzegovina anotó 18 puntos y 7 rebotes en solo 12 minutos. En el siguiente partido, 16 y 7 en 15 minutos. Luego, contra Japón, volvió a firmar 18 puntos en una victoria por 101-92. En las rondas clasificatorias hacia este Mundial promedió 11 tantos y 4,8 capturas, y en un partido brillante ante Bélgica llegó a las 20 anotaciones. Hace apenas unas semanas, en dos amistosos contra Nigeria, sumó 24 puntos y 11 rebotes en el primero, y 23 y 13 en el segundo. Todo esto con solo 19 años y sin haber terminado de pulir su movilidad.
Es una rareza que el baloncesto mundial observa con fascinación y un talento que, si consigue adaptarse al juego moderno, puede cambiar por completo la forma en la que imaginamos el futuro de este deporte. Podría incluso terminar en la WNBA en el Draft de 2027 si su evolución continúa.
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