(BUENOS AIRES).- “Si sabés disfrutar del día a día es hermoso. Lo que se vive ahí es increíble”, dijo Mauro Zárate al recordar su etapa en Boca, que se extendió durante tres temporadas entre 2018 y 2021. El exdelantero eligió ese período como el recuerdo más especial de su trayectoria y ubicó el disfrute de la rutina como una forma de atravesar la exigencia del club.
La presión que describió Zárate incluye la exposición, la presión de los hinchas, la repercusión de cada partido y la obligación de competir por títulos. La continuidad de Mauro Zárate en Boca no fue lineal: la competencia interna, los cambios de entrenadores y algunas lesiones condicionaron su presencia, aunque también tuvo momentos de protagonismo. Carlos Cagna explicó que lo que se vive en Boca es difícil de transmitir y que solo puede comprenderse desde adentro, mientras que Franco Soldano definió el Mundo Boca como una experiencia de enorme presión y popularidad.
La llegada al Xeneize ocurrió en 2018, después de que Zárate regresara a Vélez, donde era uno de los grandes ídolos de los últimos tiempos. En enero de ese año había iniciado un nuevo ciclo en el club, cedido por Watford, y seis meses después aceptó la propuesta de Boca. “Es un lindo desafío deportivo, si era por lo económico me quedaba en Dubai. Es un desafío jugar en Boca”, había dicho Mauro Zárate para explicar que priorizaba el desafío deportivo sobre el dinero.
El regreso a Vélez y la herida pendiente
La decisión de abandonar Vélez para sumarse a Boca provocó una enorme polémica y un quiebre con buena parte de los hinchas. El conflicto también alcanzó a sus hermanos y convirtió aquella transferencia en una de las decisiones más observadas de su carrera. Antes de ese pase, Zárate había manifestado que no jugaría en otro club argentino; después de eliminar a Vélez de la Copa de la Liga 2019, además, dijo: “Pasó el equipo grande”.
El regreso a Vélez en agosto de 2026 tuvo a Rocco como protagonista familiar. El hijo de Zárate, integrante de las divisiones infantiles de Boca desde 2025, tuvo que enfrentar al Fortín, y su padre llegó al estadio con nervios por la reacción de los hinchas. “El día que le tocó jugar contra Vélez yo estaba nervioso. Cualquier cosa que me iban a decir, iba a pedir perdón”, contó.
La recepción fue distinta de la que imaginaba. Un integrante de la hinchada que conocía se acercó para recibirlo. Zárate recordó el gesto: “Me recibió uno de los muchachos de la hinchada que yo conocía mucho. Y me dijo: ‘Bienvenido a tu casa’. Eso me marcó muchísimo”. La escena ocurrió en el club donde surgió de las inferiores, debutó en Primera a los 17 años y fue campeón del Torneo Clausura 2005. También regresó en distintas etapas, volvió a ser campeón y terminó como goleador del Torneo Final 2014.
La relación con Vélez, de todos modos, quedó atravesada por aquella salida. “La pasé muy bien cuando tuve que ir a Vélez. No va a cicatrizar esa herida porque pasaron muchas cosas y está bien que sea así”, afirmó Zárate. También sostuvo: “No tengo arrepentimiento. Pedí perdón porque falté a mi palabra. Mi carrera ya estaba hecha y formada”. El exdelantero explicó su decisión como una cuestión laboral: “Jugar gratis está bueno, lo hacés por el club en el que naciste y creciste, pero esto también es un trabajo”. En 2026 reconoció que el vínculo con sus hermanos continúa distante y que considera que no hay vuelta atrás; aun así, Mauro Zárate mantiene su postura: “Siempre que me cruzo con un hincha de Vélez le pido perdón, sacando todo lo que hice por el club. No cambia mi pensamiento”.

