Dar vuelta un clásico de 0-2 a 3-2 en un mata-mata no es algo que se vea todos los días. En una de las victorias más lindas e inolvidables para el hincha en los últimos años, Boca resurgió de las cenizas ante Racing y quedó a solo dos partidos de coronarse campeón de la Copa Argentina.
La Academia tuvo todo para liquidarlo. Con una ventaja de dos goles, incluyendo un gol olímpico de Lodico, el equipo de Avellaneda rozó el 3 a 0, pero Maravilla Martínez calculó mal un gran centro de Nacho Rodríguez, se sorprendió con la pelota y perdonó la vida del rival. A partir de ese momento, Boca se fue con todo como un león herido.
La masterclass de Arruabarrena
Lo del Vasco Arruabarrena desde el banco de suplentes fue una verdadera exhibición táctica. El entrenador no sumó delanteros por sumar, sino que leyó exactamente lo que pedía el trámite: llenarle el área de centros a la defensa rival.
Para lograrlo, rearmó el equipo con un esquema ultra ofensivo y nombres específicos:
- Extremos bien abiertos: mandó a Palacios por la derecha y a Villa por la izquierda.
- Laterales como flechas: aprovechó las subidas de Lozano y Lautaro Blanco para bombardear el área de la Academia.
- El doble 9: juntó a Miguel Merentiel y Enner Valencia para capitalizar cada envío aéreo.
La estrategia fue clara: asfixiar por las bandas. Incluso el ingreso del Chileno Palacios fue clave, aportando el centro decisivo para consumar la remontada.
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La noche consagratoria de Enner Valencia
Hasta el minuto 70, no se veía por dónde Boca podía dar vuelta la historia. Sin embargo, todo cambió con un córner ejecutado por Blanco que Enner Valencia conectó con un frentazo letal para romperle el arco a Cambeses.
Ese fue el chispazo que convirtió al Xeneize en una tromba. El delantero ecuatoriano, que demostró por qué Juan Román Riquelme acertó de lleno con su fichaje, tuvo su noche consagratoria anotando tres goles de cabeza en apenas 20 minutos.
El derrumbe de Racing y el fin de ciclo
En la vereda de enfrente, el panorama es desolador. A Diego Milito no le sale una, y Vojvoda parece tener las horas contadas tras una serie de decisiones insólitas en el complemento.
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Más allá de los cambios obligados por cansancio y lesión, como la salida de Zaracho, el técnico albiceleste condenó a su equipo metiéndose demasiado atrás y desarmando la estructura:
- Retiró a Lodico, autor del golazo que había encaminado el triunfo.
- Sacó a Ortegoza, quien venía manejando los hilos del mediocampo con criterio.
- Tardó una eternidad en mandar a la cancha a Miljevic, haciéndolo ingresar únicamente pensando en los penales en lugar de usarlo para aguantar la pelota y generar juego.
- Padeció la inexperiencia en el cierre, ejemplificada en el ecuatoriano Campo, quien en la última jugada priorizó patear al arco desde una posición incómoda en lugar de llevar la pelota al banderín para forzar los penales.
Los referentes del fondo de Racing, como Cambeses y Rojo, no pudieron aguantar el aluvión final. Boca festejó una victoria inmensa que lo deja a un paso de la gloria, mientras que en Avellaneda se desató una tormenta que promete llevarse puesto al cuerpo técnico que dejó escapar una chance inmejorable.
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