El trasiego de pasaportes de países comunitarios en Europa para jugadores del exterior, sobre todo estadounidenses, no para desde hace veinte años. Sólo que, en algunos lugares, el cariz que ha tomado el asunto es difícilmente sostenible.
En los últimos tiempos un país que representa bien lo dicho en el anterior párrafo es Macedonia del Norte. La antigua república yugoslava, donde se especificaba esa descendencia en el nombre oficial hasta que en 2019 pasó a la actual denominación, es caldo de cultivo de los pasaportes para jugadores de baloncesto que no son europeos y quieran acceder a mejores oportunidades de mercado en el alto nivel (por ejemplo, en la Liga Endesa afecta mucho porque únicamente se permiten dos extracomunitarios en cada convocatoria).
Este fenómeno se hace especialmente boyantes en repúblicas del este de Europa dado que su nivel estándar de baloncesto está lejos de otros grandes competidores del continentes; tomar estos atajos les ayuda a competir en ventanas de clasificación o en los grandes campeonatos donde éstas desembocan.
Tampoco es algo que ocurra en Europa de manera única. En países del centro y norte de América y de toda África estos pasaportes tienen importancia para ser -en jerga baloncestística- cotonú. El término viene del nombre del tratado entre UE y OEACP que se regía hasta hace tres años y que ahora es el Acuerdo de Samoa, centrado en el intercambio comercial entre países de ambas áreas. De los más llamativos en el último año, Kameron Taylor (Valencia Basket) y su pacto para ser ciudadano de Benín.
Para poder no ya equipararse sino simplemente contar con rudimentos para competir en los torneos continentales y mundiales. Hemos visto éxitos en países como Eslovenia con Randolph o Holden con Rusia para ayudar a ganar campeonatos europeos. Y otra deriva es directamente la de la nacionalización exprés.
Bo McCalebb (@lmccale4) erupts for 2⃣3⃣ PTS in @Makbasket 🇲🇰’s biggest ever @EuroBasket win!
📺 16:00 GMT on https://t.co/ZohoZyLCrk & https://t.co/Gz8KmZPuen pic.twitter.com/GF7wNbbpup
— FIBA EuroBasket (@EuroBasket) July 15, 2020
Un ejemplo palmario de esto que contamos es Macedonia del Norte. Si viajamos a 2011 ya tenemos una muestra, la de llegar a semifinales del EuroBasket con un diablo llamado Bo McCalebb que por aquel entonces dominaba por su rapidez y acierto como base-escolta. El tema ha cogido otro cariz desde que hace casi una década volvieran las Ventanas FIBA. Ya la participación de las selecciones nacionales se multiplica y hay que poner más huevos en la cesta. Es ahí donde la expedición de pasaportes a buenos jugadores de básquet se incrementa para aportar un mayor valor deportivo al país y, a cambio, mejores oportunidades de mercado a nivel individual.
The opponents’ rim is about to shake 🏀🔥
Welcome to Olimpia, Moses Wright 🤍❤️🇮🇹 | Comunicato ufficiale 👉🏻 https://t.co/2PCEcHnu6z
🇬🇧 | Official statement 👉🏻 https://t.co/pgNclNM04w#ForzaOlimpia pic.twitter.com/yZuVP6j9r3— Olimpia Milano (@OlimpiaMI1936) July 24, 2026
Ethan Happ, T.J. Shorts, Omari Moore, Jacob Wiley, Nate Sestina, D.J. Stewart, Moses Wright. Siete nombres en menos de dos años, con tantas otras ventanas de clasificación que la FIBA abrió para el Europeo antes y el Mundial ahora. Valencia, Río Breogán y Kosner Baskonia, los equipos españoles que se benefician de los pasaportes que tienen sendos jugadores. Una situación que se ha ido de control, no de una sino de todas las autoridades al mando. El último en añadirse a la lista es Moses Wright, que apuntaba a ser el fichaje estrella de la pintura del Barça (procedente del Zalgiris) y al final cambió para marcharse al Milán. Y eso que sus devaneos vienen de lejos: intentó competir por Chipre sin éxito. Recordemos: la Federación Internacional sólo admite a un jugador de esta categoría -formación no nacional- por bando en cada partido. Una pescadilla que se muerde la cola. Con fuerza. La solución a semejante problema no está para nada cerca.
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