Durante muchos años, apenas hubo jugadores europeos en la NBA, y desde luego el escrutinio al que eran sometidos en Estados Unidos no tenía nada que ver con lo que se ha vivido en, digamos, la última década: se seleccionaban en posiciones más tardías del draft y no eran, por lo tanto, elecciones tan estratégicas para las franquicias. Así que los debates con más morbo sobre ellos, una vez superada una prehistoria en la que solo llegaban a Estados Unidos los jugadores especiales, los elegidos, y con cuentagotas, no se parecían en nada a los actuales. El que más ha trascendido a su época, porque aunque parezca increíble ya ha pasado casi un cuarto de siglo, la elección de Darko Milicic con el número 2 del histórico draft de 2003. Los Pistons, una vez que los Cavaliers no la pifiaron (nadie lo habría hecho) y le dieron el 1 a LeBron James, se quedaron con el pívot serbio y dejaron para otros (Nuggets, Raptors, Heat) a Carmelo Anthony, Chris Bosh y Dwyane Wade.
Fue un asunto tan sonado, al que se dio tantas vueltas, que se llegó a dar por hecho, con los años, que había sido un bendito error para los Pistons, un pensamiento galáctico según el cual eso permitió mantener la estructura de núcleo duro que ganó el título en 2004, el último en la MoTown, en lugar de reconducir ya el proyecto hacia, por ejemplo, el talento de Carmelo. Más allá… los Knicks tuvieron que escuchar cosas muy feas cuando eligieron a Frederic Weis con el pick 15 en 1999. El francés, de 2,18, nunca jugó en la NBA y ni se acercó a ser algo parecido al relevo de Patrick Ewing que buscaban en Nueva York, donde a los aficionados se les abrían las carnes porque justo después, con el número 16, se fue a Chicago un tipo duro de Queens que parecía destinado a jugar en los Knicks (y no lo hizo hasta 2013, demasiado tarde): Ron Artest.
La gran conquista europea
Tres de los mejores jugadores de la NBA en los últimos años son europeos. El camino hasta ahí ha sido largo.
En 2002, cuando esas cosas todavía no se hacían porque Europa parecía lejísimos, los Nuggets se la jugaron con el pick 5 y eligieron a Nikoloz Tskitishvili, georgiano que había destacado en la Benetton como una especie de escolta encerrado en el cuerpo de un ala-pívot. Mike D’Antoni había estado vinculado al equipo de las Rocosas y estaba en el italiano antes de ese draft, así que es fácil ver su huella en una elección que dejó ir a Amare Stoudemire o Caron Butler. Tres años después, los Clippers se quedaron obnubilados con la actuación del ruso Yaroslav Korolev en el anterior Europeo Sub-18 y le dieron el número 12 del draft en busca, como todos por entonces, del siguiente Dirk Nowitzki, el nuevo Pau Gasol. Claro que justo antes, con el 11, fue elegido Fran Vázquez, al que siempre se ha considerado un expediente X difícil de explicar, en Orlando (nunca dio el salto a los Magic) y la NBA.
Después, se abrieron las puertas a la gran expansión global, que fue en realidad una recolección masiva de talento: cada vez más jugadores europeos (y de todo el mundo) en la NBA, con roles más importantes y elegidos más arriba en el draft. Y, por lo tanto, cada vez más historias de todo pelaje, de éxito y de fracaso. Pero, en realidad, no ha habido tantos europeos seleccionados en el top 10. Y eso incluyendo la última camada de talento francés, con Victor Wembanyama a la cabeza, y los recordados casos de jugadores nacidos en Alemania pero básicamente estadounidenses, casi siempre por los puentes tendidos a través de las bases militares: Shawn Bradley, Chris Kaman… O ese islote que fue durante años Detlef Schrempf, que llegó a jugar en las categorías inferiores del Bayer Leverkusen antes de mudarse a un instituto en Centralia (Washington) y convertirse en número 8 del draft de 1985. Esta es la lista completa de los jugadores europeos que han sido elegidos en el top 10 del draft de la NBA:
Europeos en el Top 10
Pick 10: ninguno
Pick 9: Dirk Nowitzki, Joakim Noah, Jakob Poeltl, Deni Avdija
Pick 8: Detlef Schrempf, Frank Ntilikina, Franz Wagner, Egor Demin
Pick 7: Luol Deng, Lauri Markkanen, Killian Hayes, Bilal Coulibaly
Pick 6: Chris Kaman, Danilo Gallinari, Jan Vesely, Tidjane Salaun
Pick 5: Nikoloz Tskitishvili , Ricky Rubio, Jonas Valanciunas, Alex Len, Mario Hezonja
Pick 4: Kristaps Porzingis, Dragan Bender
Pick 3: Pau Gasol, Ben Gordon, Enes Kanter, Luka Doncic
Pick 2: Shawn Bradley, Darko Milicic, Alex Sarr
Pick 1: Andrea Bargnani, Victor Wembanyama, Zaccharie Risacher
Pocos por delante Mario Hezonja
Así que solo ha habido doce europeos seleccionados más arriba que Mario Hezonja, drafteado en 2015 y que jugó hasta 2020 en Orlando Magic (tres años, 219 partidos), New York Knicks (uno y 58) y Portland Trail Blazers (uno y 53). Que ganó casi 22 millones de dólares en contratos pero, el reverso tenebroso de la NBA, no pudo echar raíces en ningún sitio y acabó consumido por la decepción, rendido después de un traspaso a tres bandas en el que (noviembre de 2020, en pleno efecto de la pandemia), fue enviado de Portland a Memphis y cortado por la franquicia de Tennessee, con la que no llegó a jugar ni un partido. Su mejor temporada fue la tercera (2017-18), que acabó siendo la última, en Orlando: 22,1 minutos por noche, 30 partidos como titular (de 75 totales en los que participó) y 9,6 puntos con 3,7 rebotes de media. Y su momento de mayor gloria mediática, seguramente, el tapón en el último segundo a LeBron James, nada menos, con el que decidió un, nada menos, Knicks-Lakers en el Madison. Uno de los partidos más mediáticos, con más glamour, de cada temporada NBA. También ha llovido: 16 de marzo de 2019.
Sin embargo, el salto de Orlando, donde llegó con ganas de echar raíces, jugar el resto de su carrera y comprarse una casa en condiciones, a la populosa Nueva York acabó siendo uno de los movimientos en falso que dieron al traste con su recorrido en la NBA, demasiado corto para lo alto que fue seleccionado; y para sus condiciones, físicas y técnicas, de alero total.
Él, en la prensa croata, recordó ese fugaz paso por Madison en 2023, después de ganar la Euroliga con el Real Madrid: “Cometí un error tremendo cuando elegí ir a los Knicks. Tenía 24 años y era el típico movimiento que tenía que haber hecho ya para retirarme, al final de mi carrera. No con la energía y las ganas que tenía entonces. Me convencieron hablándome de grandes planes, de cómo iban a ser las cosas y de lo mal que lo habían hecho conmigo en Orlando, donde no me dejaban jugar. Así que acepté, pero eso era como una guardería, no fue una situación buena para nadie. Los entrenadores se portaron bien, pero cuando pierdes tanto se te queda esa etiqueta, se te encasilla ahí. Que no tienes espíritu ganador”.
Había firmado por un año y 6,5 millones por un equipo desastroso (17 victorias y 65 derrotas, el peor balance de toda la NBA), aquellos Knicks 2018-19 entrenados por un David Fizdale que acababa de salir mal de Memphis Grizzlies y del que Kristaps Porzingis salió traspasado, a los Mavericks de Luka Doncic, mientas se recuperaba de una grave lesión de rodilla. “Empezaron a señalarme a mí, y empecé a sentir una presión enorme. Yo nunca había sido de estresarme, pero eso te acaba afectando. Empecé a dudar de mí mismo, a pensar qué estaba haciendo mal y qué defectos tenía para estar así. De esa forma, dejas de ser feliz”.
“Miraba qué estaba haciendo yo tan, tan mal, pero no encontraba nada. Y tampoco podía verbalizarlo porque sabía que entonces lo que se diría sería ‘mira a este tío, no ve nada en lo que se esté equivocando, parece que nunca es nada culpa suya’. Pero seguía sin encontrar respuestas a las preguntas que me hacía: si el que me quitaba los minutos era mejor, si en realidad yo no era un buen jugador, si no estaba esforzándome lo suficiente… Intentaba hacer todo bien, perfecto, pero ya me habían etiquetado. Ir a los Knicks fue un error, allí lo que se decía cuando llegué era que iba a ser, prácticamente seguro, all star en el futuro, nadie decía que apenas iba a jugar. Así que me alegro mucho de haber decidido, después, regresar a Europa”, confesó un Hezonja que hizo un último intento en Oregón, con unos Trail Blazers que le dieron un contrato de dos años por las cantidades mínimas: 1,7 millones en la primera temporada (por los 6,5 del verano anterior en Nueva York) y 1,9 que se aseguró gracias a una player option cuando ya en Portland habían dejado de contar con él. En noviembre de 2020 fue traspasado a los Grizzlies en una operación a tres bandas y el 11 de diciembre fue despedido por la franquicia de Tennessee. Su destino estaba en Europa.
Un último tramo para olvidar
En los Blazers jugó todavía menos minutos (16,4 por 20,8) que en los Knicks, solo fue titular en cuatro partidos y sus medias fueron las más bajas de su trayectoria NBA: 4,8 puntos y 3,5 rebotes. En total, apiló en Estados Unidos 330 partidos en cinco años, 59 de ellos como titular. Promedió 6,9 puntos, 3,1 rebotes y 1,3 asistencias con porcentajes pobres (41,7% en tiros totales, 31,9% en triples). El trance acabó en trago, muy lejos de lo que se esperaba de uno de los grandes talentos europeos de su generación y de una apuesta -y más en ese momento- altísima, aquel pick 5 del draft que acabó arrastrando como una condena.
Hezonja se reencontró, con el baloncesto y consigo mismo, en Europa: Panathinaikos, UNICS Kazan… y cuatro años en el Real Madrid. UN MVP en Rusia, una Liga y una Copa en Grecia, donde recibió los premios de Jugador Más Espectacular y Jugador más Popular en 2021, y una Euroliga (2023), dos Ligas (con un MVP, ahora en 2026), una Copa y dos Supercopas con el Madrid para engordar un palmarés en España que había estrenado (dos Ligas, una Copa) con el Barça una década antes.
Asentado y en busca de estabilidad y madurez, durante estos años renegó, sobre todo cuando estaba ascendiendo definitivamente al primer rango del nivel Euroliga, de su paso por Estados Unidos y habló del regreso como quien despierta de un mal sueño. Esto dijo en entrevista para AS antes de la Copa de 2023: “Hubo cambios de entrenadores, de agentes… ya en Orlando no me gustó la gestión. Era obvio que no podíamos ser campeones, pero sí teníamos que haber sido más ambiciosos. No soy un jugador de 40 tiros o de hacer un entertainment en el banquillo, de hacer gili…, soy un jugador de baloncesto, de victorias. No estuvo todo mal, pero mis veranos allí fueron mejor que mis temporadas, y eso no podía ser. Empezaba a entrenar al día siguiente de acabar la temporada y así hasta el training camp (en septiembre). Me quedaba en Los Ángeles y en Orlando para trabajar porque sabía que, si no lo hacía, eso me iba a matar. En Croacia se enfadaron conmigo por no ir a la selección. Ahora puedo decir que estoy jugando al nivel al que me entrenaba esos veranos. Me preparaba para decir ‘este soy yo’. Es muy difícil explicarle a un chico de 20 años con tanta hambre que no es el mejor, que no puede hacer determinadas cosas… Hablo de mí, de aspectos que me resultaron complicados. El camino no iba por donde quería, aunque me decía: ‘venga, un año más en la NBA’. Tiraba de mi competitividad, pretendía demostrar que de verdad podía. A Nueva York, vamos; a Portland… Y las cosas iban mal, y no eran corregibles”.
Y celebraba así su nueva etapa en Europa: “La decisión de ir al Panathinaikos es la mejor de mi vida como deportista, porque al terminar la temporada (la 2019-20, la de la burbuja en Orlando), después del último partido ante los Lakers, me fui a casa y le dije a todos que no iba a jugar más, que me iba a quedar con mis amigos y mi familia en Orlando. Por primera vez estuve dos meses sin tocar un balón, solo gimnasio. Al principio de noviembre comencé a entrenarme otra vez y mis sensaciones fueron como si no hubiera parado ni un día. Entonces me di cuenta de que la cabeza, el factor mental, es tan importante como el físico o el tiro. Me volví a enamorar del baloncesto, el Panathinaikos se interesó, pregunté, me llegó la oferta y me fui a Atenas. Volví a sentir el baloncesto, a quererlo, a ayudar a los compañeros, a sentirme importante, a ganar… Y en Kazán, igual, con Perasovic, que me ayudó muchísimo. En Rusia la situación era perfecta. No podía haber elegido mejor, pero empezó la guerra y nos lo quitó todo”.
Un año antes, en 2022 (tenía 27) y todavía en Rusia, había dejado claro en Eurohoops que la puerta de la NBA estaba cerrada para siempre, por muy bien que le fueran las cosas en Europa y por mucho que empezaran a regresar los cantos de sirena desde el otro lado del Atlántico: “No voy a volver, había demasiadas cosas allí que no me gustaban y no recibí el respeto que merecía. Además, aquello es más un show que una competición deportiva. Eso sí, allí aprendí a cuidarme, a prepárame y trabajar bien mi cuerpo, me hice del todo como jugador. Todo lo que pasó me convirtió en lo que soy”.
Así que los puentes parecían quemados después de una trayectoria que apenas tuvo tiempo de ser siquiera, en EE UU, prometedora. Un vistazo a la prensa de Orlando de hace una década da fe de lo mal que estaban las cosas ya durante su segunda temporada (2016-17) en los Magic, cuando ya había pasado de ser un rookie con mucho hype a un sophomore estancado y que había perdido la química con el entrenador, Frank Vogel (el que hizo campeones a los Lakers en 2020), mientras sus minutos se reducían hasta la mínima expresión: “Hezonja está prácticamente fuera de la rotación y está siendo una decepción en su segundo año en prácticamente todos los aspectos. Las cosas con él están mal de verdad. Y no es cosa de ética de trabajo. Entrena duro, se esfuerza, intenta mantener la cabeza alta y espera a que llegue su momento. Todo lo que en Orlando esperaban de Hezonja está ahí… en alguna parte. Pero no es capaz de trasladarlo a la cancha. Cuando juega, no es capaz de producir. Su defensa ha sido una chapuza y no está metiendo los tiros. Es difícil ahora mismo justificar que haya que darle minutos. Es una situación pésima para un jugador joven”.
Un circulo vicioso: sin minutos, Hezonja no podía ganar confianza y la falta de un rol claro le dejaba sin los minutos y la confianza, demasiado ansioso cuando sí tenía alguna oportunidad. Casi un jaque mate en una NBA en la que el ritmo de partidos de la regular season implica semanas enteras sin entrenamientos: las cosas se demuestran jugando. Vogel ya reconocía entonces que esa paradoja (necesitar minutos para demostrar que merece minutos) estaba metiendo en un lío al croata: “Mario está en una situación muy dura ahora mismo. Sin minutos no puedes hacerte merecedor de tener más minutos. Hace todo lo que puede para estar preparado, tiene una gran actitud, ética de trabajo… esta asumiendo lo que le toca de la manera que siempre quieres que lo haga un jugador joven, trabajando el doble o el triple”. Pero cuando jugaba, todo ese esfuerzo no lucía en un equipo que dosificaba las oportunidades porque, en un ataque de volutarismo, se había fijado como objetivo meterse en los playoffs, algo que no había hecho desde 2012 y que no haría hasta 2019.
Entrenadores de mucha mano dura
Scott Skiles, el primer entrenador de Hezonja en su estreno en la NBA, en la temporada anterior a la llegada de Vogel, tampoco era especialmente paciente con los jóvenes. De hecho, tenía fama de todo lo contrario, de no pasar una. Y era extremadamente exigente con una precisión defensiva que no era el punto fuerte de Hezonja y que, de hecho, suele ser una de las cosas con las que más sufren los jóvenes que llegan a la NBA desde elecciones muy altas y con el talento ofensivo como principal carta de presentación. Los Magic creían que Hezonja tenía techo de estrella, pero intuían que tardaría en explotar y habían decidido que durante ese proceso de crecimiento tendría que ganarse sus minutos a base de trabajo y de meter los tiros liberados que le llegaran porque todavía no se había ganado que el plan de partido incluyera jugadas para él.
El periodista Josh Robbins, que cubrió durante años la actualidad de los Magic, vio claro el problema: “Es una situación de la que seguramente no tenga la culpa nadie, ni el jugador ni el equipo, pero no es un buen momento para se aplique paciencia con los jugadores jóvenes en una franquicia muy exigida, que quiere obtener buenos resultados cuanto antes. Quizá el problema es que no evaluaron bien las necesidades de crecimiento de Hezonja y no se dieron cuenta de que iba a ser difícil integrarlo en una rotación pensada para competir por cosas importantes. Para los jugadores jóvenes y su desarrollo, el contexto en el que llegan a la NBA es crítico. Ponles demasiado presión, y es posible que no puedan con ella. Quítasela del todo, y los errores sin corregir se acabarán convirtiendo en malos hábitos. Hezonja está atrapado en la paradoja de la rotación, no tiene minutos para demostrar quién es y eso no es precisamente ideal para su carrera. Seguramente le habría ido mejor en un equipo con menos exigencia, donde se le hubiera permitido cometer errores e ir aprendiendo sobre ellos en la pista, jugando. Es como si lo hubieran drafteado dos años tarde si se mira el arco del proyecto en el que están los Magic. Ahora, y desde ese número 5, necesitaban a alguien que hubiera podido darles más en el corto plazo”.
En Nueva York decidieron que, efectivamente, la situación de Hezonja en Orlando no había sido la ideal para un jugador como él, en el punto de carrera en el que estaba, pero que el talento seguía ahí y merecía la pena apostar por él. Sobre todo porque, en la parte final de la su última temporada en Central Florida, Vogel le había dado más margen en cancha y el alero, con más minutos como ala-pívot abierto, había respondido de forma prometedora. Cuando firmó con los Knicks, en el verano de 2018, la prensa de la Gran Manzana buscó buenas perspectivas y las encontró, por ejemplo, en las palabras del entrenador y comentarista de radio de los Magic, Richie Adubato, el que gritaba en antena ‘gee la vee, Mario” porque un vecino croata le había dicho que era una forma de decir ‘bravo’: “Si tuviera que apostar, lo haría a que va a dar un gran paso adelante, pero nunca se sabe. Es cuestión de confianza, y he visto las dos facetas, que vaya muy bien y también muy mal. Los entrenadores también tienen mucho que ver con el grado de confianza que tiene un jugador. Hay que pasar mucho tiempo con él, dedicar sesiones de vídeo a enseñarle, que se vea en las jugadas. Tiene talento, tiene deseo, creo que va a ser muy bueno, pero también es posible que necesite al menos un par de años más”.
Los Knicks, en realidad, tampoco tenían tanto tiempo si se echaba un vistazo a las cuentas que echaban por entonces. El presidente Steve Mills habló de Hezonja como una pieza importante de un futuro que, en realidad, solo podría haber existido si el croata hubiera jugado a un nivel altísimo casi desde el principio: con un contrato de un solo año, firmarle otro nuevo habría obligado a los Knicks a salir al mercado en el verano de 2019 con una base de 8 millones retenida, el cap hold, que hubiera arruinado el deseo de la franquicia de tener un espacio salarial libre enorme, el que permite frotarse las manos pensando en la caza mayor.
Adubato explicó así los problemas que habían machacado el paso de Hezonja por Orlando: “Es europeo, y los jugadores de allí necesitan tiempo para hacer al ritmo del juego de aquí. La gente no se da cuenta, en un ajuste enorme. Vienen de ser estrellas, de meter 18 puntos todos los días. Tiene mucho talento, tiene físico… es obvio por qué fue drafteado tan arriba. Tira bien, mete triples, corre la pista, pero tiene que aprender cómo es el baloncesto NBA. Es muy diferente. Vienen chicos que han sido estrellas en todas partes durante su crecimiento y aquí no lo son de primeras, pasan mucho tiempo en el banquillo al principio, es un mundo totalmente nuevo para ellos. Hezonja casi no tiene puntos débiles… salvo la defensa, ahí tiene mucho trabajo que hacer. Pero si se aplica, creo que acabará haciéndolo bien. Viene de Europa, y allí si metes 10 puntos por partido y defiendes muy bien serás mucho menos importante que si promedias 25 sin defender nada. En Orlando la afición estaba con él, nunca le abuchearon, querían que creciera, que fuera mejorando allí. Les gustaba su juego, tiene estilo. Su rango de tiro, las jugadas en transición, los mates…”.
No solo los aficionados de los Magic sentían que Hezonja tenía madera de estrella. En los medios, el croata tenía también su base de convencidos, especialmente al principio, cuando las cosas no terminaban de salir antes de llegar a los ultra mediáticos Knicks. Danny Chau, en The Ringer, lamentaba algunos errores de lectura que asociaba a una cabeza que no había terminado de digerir todo lo que podía hacer su cuerpo en una pista de baloncesto: “Con algunas cosas que hace mal es como ver a un Decepticon convertirse en un puñado de pipas de girasol en el campo de batalla. Es como si anticipara tanto lo que va a hacer que acaba consumido por esa jugada, pierde la noción de los pasos que tiene que dar”. Sin embargo, lo tenía claro: “Es el tipo de jugador que quieres tener en tu equipo”.
Sin un puesto ni un rol claros
Chau trasladaba a Estados Unidos anécdotas de su etapa en el Barcelona que definían bien cómo había sido siempre, hasta que la confusión en la NBA se le metió en el sistema nervioso. Por ejemplo cuando en 2015, y con 19 años, se pasó un entrenamiento prepartido replicando los mates que había hecho Zach LaVine en el concurso de mates del All Star y después metió 16 puntos con un equipo azulgrana que intentaba conducir con esmero a una estrella emergente de posibilidades infinitas… y carácter, por así decirlo, desatado. Esas posibilidades le llevaron a la NBA con un aspecto de jugador de póster que se había difumado de forma dramática, aunque todavía era muy joven, cuando llegó a Nueva York libre porque los Magic ni habían ejecutado la opción para retenerlo, por 5,2 millones, un cuarto año para ver qué pasaba con un chico que tenía bajo mínimos ese ego que parecía difícil de controlar poco antes, en Barcelona y cuando, por ejemplo, le preguntaron si iba al Camp Nou a ver jugar a Leo Messi y contestó “que venga él a verme a mí”. El que le había hecho debutar en la NBA con un triple desde casi nueve metros a los 24 segundos de pisar una cancha por primera vez, y que metió 8 puntos en menos de dos minutos antes de enlazar un carrusel grosero de fallos en el siguiente medio minuto: un mal pase, dos faltas rápidas y evitables, otro mal pase…
Sus dos primeros entrenadores, Skiles y Vogel, eran dos obsesos del trabajo defensivo que le buscaron roles de lo más variados: el primero lo probó de base, un puesto que solo de mucho más joven él había considerado natural para sus facultades; el segundo lo acabó ubicando como ala-pívot para exprimir su capacidad de tiro. Pero cerca del aro sus defectos defensivos se volvían cruelmente evidentes. Aquel artículo de The Ringer pedía que algún entrenador viera al forward croata como una especie de Klay Thompson, por entonces uno de los mejores escoltas de la NBA… y uno de los mejores tiradores de la historia que había sabido, además, convertirse en un excelente defensor exterior: “Su versión ideal sería esa, un guard grande que puede explotar emparejamientos más pequeños yendo al poste y generar así juego para sus compañeros. Su tiro todavía no se ha trasladado a la NBA, pero él mismo ha reconocido que ha sido, sobre todo, una cuestión de adaptarse a otro ritmo totalmente distinto. A los bases jóvenes se les da libertad, hasta licencias artísticas, para que cometan errores. Los pívots que llegan a la Liga tienen años para aclimatarse a otro nivel físico o para desarrollar su técnica si esta es todavía precaria. Pero, en los últimos años, a los aleros se les pide que sean buenos soldados desde el primer día, que ejerzan de 3&D y se callen. Los que brillan se reconvierten en bases, como James Harden, en casi interiores como Kevin Durant o interiores del todo como Giannis Antetokoumpo. Los aleros puros quedan como jugadores de rol, utilitarios. Es una realidad que hace daño a jugadores como Hezonja, que ha pasado por una especie de lobotomía de tres años en la NBA. Pero todavía no ha cumplido 23, está lejos de su prime y es lo suficientemente joven para que algún equipo apueste por él y su desarrollo, por el talento que es obvio que tiene. Los Magic van a dejar de de contar con él porque se han metido en un curioso juego de expectativas distorsionadas. Se han convencido de que tienen potencial de playoffs cuando su balance de victorias y su estructura es de franquicia todavía en los bajos fondos. Puede que Hezonja sea un bust, un fiasco de elección alta de draft, pero no lo sabremos hasta que no le veamos en otro ecosistema”.
Y ahora, vida nueva en los Cavs
Pese a que el talento siempre invitaba a pensar en los quizás y los solo hace falta que, Hezonja salió por la puerta de atrás de la NBA, de mala manera y profundamente desilusionado. Juró que no volvería, pero es obvio que la vida da muchas vueltas, sobre todo para un jugador que, aunque ya había hecho mucho ruido en Europa, se fue cuando todavía tenía sus mejores años de baloncesto por delante. Por eso conviene no poner mucho foco en palabras del pasado, desde luego no como algo que se pueda echar, ni por lo más remoto, en cara. Los puntos de vista cambian, los rectificaciones existen por algo y las carreras (las vidas) de los deportistas dan virajes especialmente bruscos en momentos objetivamente tempranos. Así que sí, las visiones se transforman radicalmente y hay pocas hemerotecas que aguanten sin, al menos, el ceño fruncido. El interés de Hezonja por regresar a la NBA había sido un runrún permanente en los dos o tres últimos años, pero ahora se ha materializado. Un secreto a voces maridado con las zozobras del Real Madrid y la salida de un Sergio Scariolo con el que hizo buenas migas (no todo el vestuario blanco podía decir lo mismo). Y, la madre de las suspicacias, con opciones en la Euroliga que se abrirán de par en par si la cosa vuelve a no cuajar. Si el plan NBA 2.0 tampoco sale bien.
Así que, en realidad, no es tan extraño que Hezonja decida probar otra vez, olvidar el pasado y dar otro bocado, por si acaso, a la tarta NBA. Estos no son los tiempos de los que hablaba en la primera parte del artículo, ahora casi cualquier jugador con un rol importante en la Euroliga tiene propuestas para dar el salto con, asunto clave, la red de seguridad que ofrece la certeza de que podrá volver con, casi en la totalidad de los casos, un gran contrato esperando en este lado del Atlántico. Por muy mal que vaya. Y ahí está como ejemplo muy fresco Guerschon Yabusele, compañero de Hezonja en el Real Madrid. Sí sorprende más que haya decidido desvincularse del Madrid para firmar, con Cleveland Cavaliers, un aspirante al título en el Este que jugará con una enorme presión, por una sola temporada y con un contrato mínimo (2,8 millones de dólares) que, además, no está garantizado: los Cavs pueden dejar de contar con él sin tener que pagarle la totalidad de esos 2,8 millones hasta el 15 de noviembre. Este detalle, para nada menor, no ha hecho más que disparar las especulaciones sobre hasta qué punto el destino a medio o incluso corto plazo de Hezonja no estará fuera del Madrid… pero en la Euroliga. La sombra del Dubai BC, y su saco de billetes, es muy alargada.
Algo, en todo caso, que la Euroliga y el propio Real Madrid, que tuvo que negociar porque Hezonja patinó con las fechas de una cláusula que solo era (como en muchos contratos en Europa) de salida hacia EE UU, van a mirar con lupa porque lo último que necesita un mercado que ya está reventado, desquiciado por ritmo de movimientos y cifras, es que esas cláusulas NBA se conviertan en una zona gris con pinta de lanzadera, una escapatoria hacia otro equipo europeo gracias a acuerdos movidos por los agentes y con viajes muy rápidos, de ida y vuelta, al otro continente.
Noticias relacionadas
En todo caso, y mientras no se demuestre lo contrario, la realidad de Hezonja pasa por dejar el carnet de estrella que se había ganado en la Euroliga y volver a la casilla de salida en un equipo que acaba de hacerse con el que debería ser su alero del futuro, el elástico Peyton Watson que ha llegado desde Denver Nuggets. En principio, la pieza que tendría que completar el quinteto tipo con James Harden, Donovan Mitchell, Evan Mobley y Jarrett Allen. Hezonja tendrá que buscar sus minutos obviamente desde el banquillo y entre el dos y el cuatro, en toda la franja de las alas y con competencia a pesar de la salida en la operación Watson de Max Strus, otro alero de primer nivel. En esa franja de la segunda unidad, un tirador especialista como Sam Merrill y un jugador de defensa y también una apreciable muñeca como Jaylon Tyson parten, en principio, por delante de él. Pero, la narrativa es su particular regreso al futuro, el talento está ahí y solo falta, que esta vez, desde otra perspectiva y en un punto de su carrera totalmente distinto, las cosas sí fluyan. Vayan como no fueron a la primera. Y que, más allá del tópico, esta segunda parte sí sea buena.
¡Lleva el deporte contigo! Descarga la App de AS para recibir alertas al instante y configura en MiZona qué quieres leer, sigue a tus equipos y consulta sus partidos. Descárgala aquí. ¿Además buscas licenciar contenido? Haz clic aquí
Inicia sesión para seguir leyendo gratis
Sólo con tener una cuenta puedes leer este artículo. Es gratisYa tengo cuentaRegístrate yaGracias por leer

