Una de las características actuales de comunicación es la demencial oferta de cualquier material con fines propagandísticos, que recibimos para supuestamente ayudar a “mejorar” las decisiones. Eso lamentablemente sólo funciona medianamente, si es que la persona tiene algún conocimiento básico de los temas.
Como en la mayoría de los casos no es así, se produce una especie de “colonización” del pensamiento que adquiere, a veces, características “Goebbelianas” .
El deporte, una actividad que hasta hace poco podía ser considerada mayormente a salvo de la subjetividad y en cierta forma de la propaganda, ha ingresado a ese mundo mostrando que tampoco se ha librado de ese formidable avance sobre el pensamiento crítico y la verdad.
Las subjetividades en el deporte primero han arribado al fútbol, que por sus características es quien más las cobija. Así es que se han enfrentado diversas corrientes desde los lejanos ’60, bautizados como fútbol y antifútbol, y caracterizados por equipos y técnicos que formaron estereotipos de pensamiento para la interpretación de los resultados, e incluso más allá de ellos.
Allí la ideología y las características psíquicas han moldeado pensamientos que de lo individual pasaron a lo colectivo, intentando luego etiquetar a las personas, más allá de toda ideología.
No parece haber cambiado mucho con el tiempo, la modalidad comunicacional de los países centrales y sus satélites, desde aquel apodo despreciativo de “animales” de Sir Alf Ramsey a nuestros futbolistas en el Mundial de Londres de 1966, a una casi similar caracterización de nuestros jugadores en la final del Mundial de Estados Unidos 2026. El poder delimita qué y cómo se comunica, eso es cada vez más evidente.
Uno de los casos actuales más típicos que se recuerdan es el de la futbolista de Marruecos, Nouhaila Benzina, cuya participación en el Mundial de fútbol femenino ataviada con un hiyab en su cabeza, sirvió para que el nuevo wokismo festejara y hasta celebrara como ejemplo de libertad a esa mujer. Ella era representante de muchas otras subyugadas por una imposición cultural, religiosa y machista, como si se tratara de un avance cuando claramente era una señal de control patriarcal y teocrático. Es decir, un tremendo retroceso.
Las discusiones alrededor de deportistas hermafroditas y transexuales y sus derechos y obligaciones para poder competir con las mujeres, también maquillaron y tratan de hacer olvidar la todavía muy escasa participación de la mujer, y en especial de aquellas más pobres en el deporte. Tanto en los regímenes teocráticos como en la sociedad occidental. Precisamente, son esas terribles restricciones económicas y sociales y sus estereotipos de género, los que fueron ignorados por el supuesto progresismo del siglo XXI.
Los deportes amateurs no han estado ausentes de esta fabulosa trampa para involucionar todo lo racional, y su reemplazo por la moda mediante un mensaje subliminal, a través de los medios y las redes sociales.
Por ejemplo, la epopeya de la nadadora transexual Lia Thomas para intentar competir entre las mujeres, ha recibido más tratamiento y apoyo mediático que por ejemplo, los niños que no pueden aprender a nadar en el mundo. Y particularmente en muchos países africanos, y que por eso hacen encabezar con holgura a ese continente en el ranking de muertes, ya que allí los accidentes por ahogamiento causan más de 66 mil fallecimientos anuales.
Eso lleva a un estremecedor promedio de casi ocho personas ahogadas por hora, una silenciosa y aterradora catástrofe diaria cuyo análisis más minucioso nos revela que hasta los 15 años hay más mujeres ahogadas que hombres, debido muy probablemente a una menor tasa de acceso al aprendizaje de la natación. Pero esto luego se invierte, y se ahogan más del doble de hombres que mujeres a partir de los 20, que es la edad promedio cuando la mujer queda relegada solamente a la procreación y a las tareas hogareñas, mientras que los varones desarrollan su actividad social y laboral normalmente.
Thomas, que hoy representa una infra minoría que se podría contar con los dedos de las manos en el mundo del deporte de alto rendimiento internacional, ha sido consolada y apoyada al ser noticia por periodistas y atletas de élite, como por ejemplo la extraordinaria gimnasta afrodescendiente Simone Biles. Seguramente, quien olvida que en su propio país las mujeres negras y pobres tienen un 70% menos de posibilidades de acceder a la universidad o al deporte.
Al respecto, vemos que las cifras del deporte universitario femenino de Estados Unidos arrojan que apenas el 11% de las deportistas de la NCAA son negras. La Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO) señala que la tasa de abandono temprano del deporte en el mundo es seis veces mayor entre las mujeres que en los varones, señalando la falta de incentivos económicos suficientes, de infraestructura, la discriminación racial y otros aspectos sociales y religiosos como principales determinantes del abandono deportivo de la mujer, antes de los 15 años.
Finalmente, tanto para el deporte como para casi todo en la vida, lo más importante, en un momento tan difícil del mundo, es aprender a pensar y a discernir con claridad dónde está y quién es el enemigo, y qué podemos hacer para enfrentarlo. De lo contrario, estaremos jugando para él o perdiendo tristemente el tiempo.
* Ex Director Nacional de Deportes.

