Si el verano pasado las llaves de los Lakers fueron entregadas a Luka Doncic aunque en la alineación todavía figurara James, ahora que el rey de Akron se marcha a los Sixers es el momento para que el esloveno sea el líder al que todos sigan. Comienza su era. Veremos hasta dónde. Porque, sin que se haya puesto un pie en el parqué ni se haya empezado a desarrollar la idea dentro del rectángulo de juego, las placas tectónicas se han movido de sitio.
Este miércoles se conoció la nueva venta de los Lakers. Mark Walter será historia cuando la junta directiva de la NBA apruebe el movimiento. Josh Kushner y Bob Iger, entre otros inversores aún por descubrir, tomarán el mando. Y la sorpresa ha tocado todos los estratos de la sociedad deportiva, incluida la superestrella de Liubliana. En un mensaje a través de Twitter, Doncic dijo lo siguiente: “Ser un ‘laker’ lo significa todo para mí y estoy emocionado de volver a la cancha y traer un campeonato a L.A. Me he acostumbrado a grandes cambios en estos últimos años, pero sé que no hay límite para el potencial de esta icónica franquicia pase lo que pase. Aguardo con interés el conocer a Josh y Bob para que podamos ponernos a trabajar construyendo algo especial juntos en Los Ángeles”. Operación relámpago, tanto como para no comunicárselo a él.
El dúo de Kushner y Iger será la quinta propiedad a la que se deba Doncic: Cuban, los Adelson, los Buss, Walter y ellos. Demasiado para tres años, en los que la coctelera se ha agitado, para un jugador generacional que se ha visto perjudicado por tanta inestabilidad. De que ésta no se alargue mucho dependerá el futuro del jugador europeo, que dentro de dos años puede acabar su vinculación con los californianos.
Si bien el verano pintaba bien, poniendo a punto un Dallas 2.0 para satisfacer las necesidades deportivas de Luka, nada es para siempre. El ‘77′ ha pasado de enviar un correo electrónico a los aficionados contándoles que se había recuperado del todo de la última lesión, en el que hablaba de que un reinicio mental de varias semanas le había ayudado a estar “más ansioso y motivado para volver a jugar”, a reconocer públicamente que los nuevos dueños de los Lakers no se han puesto en contacto con él.
El sentir de los jugadores pasará por Eslovenia. Este mes tendrá lugar allí un campus de hermanamiento organizado por Doncic, ejerciendo el rol de líder a tiempo completo, al que acudirán todos los compañeros del plantel para la próxima campaña menos uno: el novato Cameron Carr participará en el curso de orientación para nuevos integrantes que organiza la Liga. Además de coger automatismos, tocar hacer piña con fruición.
Así son los nuevos dueños
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“No tenemos plan alguno”. Es Bob Iger en The New York Post después de conocerse que adquiría la franquicia (12.500 millones de dólares) junto a Josh Kushner. Franqueza absoluta. El empresario buscaba colarse en el negocio del baloncesto como fuera y ha virado en el plan inicial al ver la oportunidad que brindaba Mark Walter. Y su socio Kushner, lo mismo pero en el deporte; fue noticia al acabar el Mundial de fútbol por su propuesta a Infantino. La improvisación, al poder. En el plano del baloncesto sí había una idea trazada, como se comentaba antes, para aprovechar el espacio salarial que dejaban LeBron y Hachimura en operaciones que mejoraran la plantilla: Reaves, el segundo de a bordo, era la renovación esperada; Kessler, saliendo más caro de lo previsto, era el movimiento bisagra; después, Sexton, Grimes, Looney, Thybulle o Mamukelashvili para rearmar la tropa. A la que habrá que subir la moral después de que la franquicia haya cambiado de manos otra vez y de qué extraña manera. A Luka Doncic también le toca hallar nuevamente, nada mejor que en su propio hogar.
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