Blanca Hervás Rodríguez (Madrid, 30 septiembre 2002) empezó con 8 años en el club de atletismo de Majadahonda tras volar en el patio colegial de Valdemarín (Aravaca) su localidad natal. Del triple salto, pasó a las combinadas y se fue decantando por la velocidad hasta que se centró en el 400. Su talento le catapultó a fichar por los Hurricanes de la Universidad de Miami… donde aprovechó para sacarse el título de Bachelor of Science in Communications (media management). Llegó a saturarse del atletismo, pero precisamente sus rivales-amigas fueron la clave de su resurrección en el Europeo sub-23 noruego de Espoo 2023. Eso y su unión con Julio Rifaterra, tío-abuelo de Celia (saltadora internacional de altura), que puso el foco en el entrenamiento y en la salud mental e hizo que su progresión fuera exponencial. En la III edición del Congreso Deporte en Positivo de AS, la ‘fría asesina de la recta final’ habló de sus enormes éxitos como el oro (China 2025) y la plata (Botsuana 2026) en el relevo 4×400 de los Mundiales de Relevos, o la plata y el bronce con el cuarteto largo femenino y mixto en los Mundiales indoor de Torun 2026, pero también del camino recorrido, de esos momentos duros y difíciles que le han hecho construirse como persona más allá de la atleta internacional de élite.
“A la gente le gusta culpar a la experiencia en EE UU, pero también era un momento de encierro cuando estaba en progresión constante. El COVID me costó mucho a nivel muscular por mi constitución. No poder entrenar perjudicó mucho a mi cuerpo en un momento difícil para todos y en el que yo estaba hecha polvo físicamente por el añadido de la tensión de irme. Los dos primeros años fueron desastrosos y cuando empecé a remontar falló la relación con mi entrenadora. Ahora viéndolo en perspectiva veo que me faltaba apoyo, descanso, confianza… Iba a los campeonatos un poco por inercia. Sufrí mucho pero fueron un cúmulo de cosas, no quiero recordarlo como algo negativo. Puedo entender qué pasaba por la cabeza de mi entrenadora, tenía que ser frustrante. Me culpaba a mí, me decía que era un problema de confianza o mental. No supo construir en mí esa confianza, no encajamos y a mí me hizo dudar de mí también. Dejé de disfrutar del atletismo. En el Europeo de Birmingham volví a encontrármela y me apeteció darle un abrazo. Por todo eso también estoy aquí ahora”, explica sobre su aventura americana.
¿Por qué decidió ir? “En cuarto de la ESO estuve un año en EE UU y esa experiencia me enseñó y me encanto, pero no me veía vivir varios años porque soy muy casera. Pero surgió una ocasión para estudiar y hacer deporte. Miami me llamaba la atención y mi madre me preguntó dónde quería ir y no dudé. Gestionamos con la universidad, vino la entrenadora y me ofrecieron la beca full”. Al volver a España, la figura de Julio Rifaterra: “Me salvó a nivel mental, volví a hacer atletismo pasándomelo bien. Tres meses después de volver ya me clasifiqué para los Juegos”. El sueño empezaba a tomar forma, ese que tenía cuando empezó todo: “Era una niña que le encantaba hacer deporte, pero no tenía referencias familiares a nivel profesional. El atletismo fue una novedad pero ahí acabé. Me enamoré de las experiencias que viví esos años”.
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El oro en China 2025 fue un salto cualitativo y un golpe de realidad positivo. Debía creerse por fin que ya era profesional y que tenía que centrarse en el futuro: “El éxito de los relevos fue un boom mediático increíble. Iba a trabajar a la oficina a trabajar por la mañana y entrenar por la tarde. Y metía un montón de cosas a la hora de comer, de cenar… Y decidí que tenía que parar todo y enfocarme en los Juegos de Los Ángeles, me lo merecía y tenía que apostar por ello”.
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