La tercera estrella que las Leonas consiguieron este sábado en Amstelveen es más que un sueño cumplido: es la alegría máxima que ratifica el rumbo de la selección femenina como una potencia mundial de la disciplina, un equipo que desde los años 2000 creció exponencialmente y acaba de conseguir otro título para seguir consolidando su historia dorada.
El trofeo que levantaron las dirigidas por Ferrara es el primero de dimensión mundialista que premia la labor de las generaciones argentinas que vinieron después de aquella década dorada. La enorme Lucha Aymar es el emblema deportivo de aquellos primeros dos títulos, conquistados por equipazos como el que se consagró este sábado: en Perth 2002, el primer grito sagrado de las Leonas, brillaban jugadoras como Cecilia Rognoni, Inés Arrondo o Vanina Oneto; en 2010, en el Mundial que recibió Rosario, Aymar fue capitana de un grupo donde se destacaban nombres como los de Noel Barrionuevo o Carla Rebecchi.
Es injusto mencionar solo a algunas: ojalá esta nueva estrella invite a las niñas que se emocionaron este sábado a recorrer la historia de un seleccionado que se hizo gigante con jugadoras formidables. Sergio “Cachito” Vigil y Carlos Retegui fueron los entrenadores en ese primer y segundo logro, respectivamente.
Sus actuaciones olímpicas también han construido esta historia gloriosa de las Leonas, dueñas de tres medallas de plata (Sidney 2000, Londres 2012 y Tokio 2020) y tres de bronce (Atenas 2004, Pekín 2008 y París 2024). Las argentinas lucen también en sus vitrinas otros trofeos destacados, como los siete del ya extinto Champions Trophy, el de la Liga Mundial 2015 o el más reciente de la Pro League 2021-22. Sus actuaciones inolvidables y conmovedoras son más aún y son intangibles, como esta tercera estrella mundialista, que suma una copa más, sí, pero también sostiene el camino de todas las alegrías que vendrán.

