Página/12 en Estados Unidos
Enviado especial a Nueva York
Hay una teoría que postula que el tiempo es cíclico en lugar de lineal. Pero después de lo de este domingo, podría decirse que es más bien vueltero. O jodido, acaso, como para no subir demasiado el tono. Vaya despedida le regaló a Lionel Messi, justo en el mismo estadio donde hace diez años renunció a la Selección tras una derrota por penales en Copa América. Ahora, se despide de los Mundiales con saldo negativo en finales: dos perdidas, una ganada. Tamaña injusticia para quien revolucionó el fútbol y devolvió a la Selección Argentina a lo más alto de la mano de un equipazo. Encima, segundo en la tabla histórica de goleadores. Se le fue la mano al guionista de este final.
Mismo estadio el de Nueva Jersey, pero otro Leo. A los innumerables récords que supo quebrar a lo largo de su carrera (y contando), a este rosarino de 39 años hay que sumarle también la refutación de todo lo que supuestamente sabíamos sobre los picos de rendimiento de los atletas. De los 19 a los 31 años, cuatro Mundiales, 19 partidos, seis goles y cinco asistencias. De los 35 a los 39, dos Copas, 15 partidos, 15 goles y siete asistencias. Prácticamente un sinsentido que solo se explica cuando entra en la imagen este grupo de amigos llamado La Scaloneta. Para rodearlo, contenerlo y ser liderado por el ídolo que vieron toda su adolescencia por televisión.
Y así, detrás de su líder, lo suficientemente recuperado de las lágrimas de la derrota y con el pecho inflado, se retiró el equipo de la cancha luego de darle la espalda al festejo español, siempre de cara a la tribuna donde se concentró la mayor parte de hinchas argentinos.
Vueltero el tiempo también porque después de crecer, formarse y romperla en Barcelona -tanto así que más de un catalán en el estadio hinchaba por Argentina-, la vida le puso enfrente en su tercera y última final a la España que intentó tentarlo de pequeño para vestirse de rojo. La que tan bien lo trató, la que tan mal lo expulsó hacia París. La que tanto tiempo tuvo su mejor versión y, casi que inmediatamente después de su partida, pasó a mostrarla con la camiseta celeste y blanca. Encima, frente a Lamine Yamal, llamado a ser su heredero por su forma de jugar y porque lo hace en el Barcelona. Y a partir de este domingo, con un Mundial en su palmarés con tan solo 19 años después de haber eliminado a Cristiano Ronaldo, Mbappé y Leo. Pero ojo, que se diga, jugó una final muy mala por su parte.
Y vueltero porque justo Estados Unidos, la meca del antifútbol en el sentido de la preferencia por cuanto deporte se le ponga por delante, se vino a quedar con los últimos partidos en Mundiales de Diego y Leo. No hubo venganza por lo del ‘94, como dice la canción más entonada en todo el Mundial. Hubo, sí, silbidos y muchos para Donald Trump cuando ingresó al estadio para la ceremonia de premiación. Consuelo para algunos en una tarde tristísima.
El último baile de Leo terminó de la manera menos deseada, podría decirse. Con el diario del lunes, quizá no debió usarse tanto ese latiguillo. Argentina bailó y bastante contra una España indómita, y el capitán tuvo un flojo partido, más allá del último aliento. Pero pensándolo bien, con la gloria eterna de Qatar con dos goles en la final, la remontada de todos los tiempos contra Egipto, las dos asistencias mágicas contra los ingleses… ¿Quién le quita lo bailado a semejante crack?

