El martes, en el Lago de Como, la Euroliga rechazó la propuesta que tenía sobre la mesa del frente NBA/FIBA. Era un secreto a voces, a la vista de lo que se había filtrado en las horas previas al encuentro en el lujoso Villa d’Este, pero más allá de una negativa cartografiada, había mucha tela que cortar. El no fue un portazo pero no una despedida definitiva, ni mucho menos. La Euroliga, sus trece clubes propietarios (los que están convirtiendo las licencias por diez años en plazas permanentes como franquicias), mantiene la voluntad de seguir negociando y, por ejemplo, no cambiaron una hoja de ruta que pasa por la ampliación a 24 equipos la próxima temporada (cuatro más) pero sí frenaron, por ahora, la oficialización del salto de trece a veintiuna franquicias. Puede ser un tema de burocracia y revisión de candidaturas, pero coincide con una de las peticiones de la NBA, que no quería que se avanzara tanto para mantener abiertas las opciones más básicas de negociación.
La NBA, que siempre ha tenido a FIBA de la mano en este proyecto de competición en Europa, ha emitido, dos días después, un comunicado que deja claro que del martes no salieron rupturas sino la certeza de que el tiempo se agota… pero no se ha agotado. Que no es lo mismo. Si la Euroliga no retiró del todo la mano, NBA y FIBA la mantienen tendida: “Una asociación entre la Euroliga, la FIBA y la NBA para unificar el ecosistema del baloncesto europeo permitiría explorar el verdadero potencial que tiene nuestro deporte en Europa y eso sería beneficioso para los clubes, los jugadores y, lo más importante, los fans. La NBA y la FIBA mantenemos nuestro compromiso de avanzar hacia la creación de una nueva Liga profesional en Europa que ayude a crear un ecosistema más fuerte y rentable junto a partners que compartan nuestra visión de crecimiento y oportunidad dentro de los principios básicos de los modelos europeos de deporte”.
Así que la partida no ha terminado. La Euroliga votó de manera común pero las sensibilidades de los equipos no están en armonía porque, básicamente, los puntos de partida son distintos: unos tendrían plaza premium en la nueva competición y otros quedaría relegados a un plano secundario. Unos saben que son atractivos para las dos competiciones, otros que su mejor baza es que la Euroliga se mantenga fuerte. La NBA, mientras, apunta hacia los grandes equipos de fútbol (Real Madrid y Bayern más cercanos ahora mismo que el Barcelona de entre los que juegan Euroliga) como una de las vías obvias de un proyecto que veremos qué forma tiene finalmente (sabemos el formato, a priori: dieciséis equipos con doce plazas fijas y la Basketball Champions League de la FIBA como segunda competición) en función de qué suceda con la Euroliga. Un acuerdo sigue siendo posible, también que el baloncesto europeo tenga que afrontar un tramo (indeseable a priori para casi todos) con dos competiciones de espíritu hegemónico disputándose en paralelo.
Habrá que ver si todo gira en torno a (básicamente) que la NBA mejores las condiciones económicas de su oferta o si hay más asuntos por resolver, pero las próximas semanas serán obviamente decisivas porque el tiempo se agota si la nueva competición quiere, como pretende aunque no todos lo consideran ya del todo factible si no hay acuerdo con Euroliga, arrancar dentro de un año, en octubre de 2027.
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Ayer, por otro lado, Brian Windhorst, uno de los pesos pesados de ESPN, aseguró que la competición llegará, que no hay duda, y explicó algún punto que no se conocía de la forma en la que se intentará convertirla en atractiva para todos, inversores y equipos: “La NBA se expandirá a Europa, va a suceder. Lo prometo. Y una de los puntos con los que van a intentar que todo el mundo se sume al proyecto va a ser la apuesta firme por el desorrollo de los jugadores europeos. Se va a limitar el número de estadounidenses que podrán jugar en cada equipo y se van a ampliar las plantillas porque los equipos jugarán sus competiciones nacionales y esta nueva competición. Van a decir: ‘la razón por la que deberían importante nuestros nuevos equipos en Londres o Roma, y los que ya existían, es que vamos a apostar por el desarrollo de los jugadores europeos. La NBA llega a Europa para veinte años o más, va a invertir cómo hizo con la WNBA y no les va a importar si no va demasiado bien o algún equipo tiene más problemas en el primer año. Van a seguir invirtiendo”.
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