Levanta la mano si ya has escuchado esto (seguramente, más de una vez) en los últimos meses: el baloncesto europeo entra en horas decisivas, probablemente las más trascendentales de su historia reciente. Pero es que es cierto, no hay rastro de síndrome del cuento del pastorcito aquí: es real, ahora sí que sí. El baloncesto europeo está ante su gran punto de inflexión, los días en los que se decidirá su presente y, sobre todo, un futuro que estamos a punto de saber cuántos caminos tiene.
La próxima semana, el encuentro comienza el lunes pero a priori se votará el martes, los clubes de Euroliga están citados para un board muy especial, de máximo rango, en Italia. El Armani Olimpia Milán ejercerá de anfitrión, y recibirá a los demás en la lujosa Villa D’este, a orillas del Lago Como. Un enclave paradisíaco, y un remanso de paz (a ver si cunde como alegoría), en Lombardía donde las cartas se descubrirán definitivamente: la NBA ha hecho una propuesta, que por ahora se lleva con extrema confidencialidad, que pasa por una compra (un término seguramente vago a falta de conocer mejor los términos exactos de esa posible unión) de la Euroliga. Esta dará el sí, y se abrirá la vía común que piden todos los actores implicados (aficionados incluidos: seguramente nadie más que ellos), o cerrará la puerta y, definitivamente, Europa se enfrentará a una temporada 2027-28 con, ya, dos competiciones en lucha por la hegemonía de su baloncesto. La propia Euroliga y la del desembarco de la NBA con la FIBA como un aliado algo difuminado en este tramo de acercamiento obvio a la Euroliga.
La NBA valora comprar la Euroliga
Lo recalcó después del último board de la NBA el comisionado, Adam Silver: “No sé si pasará, pero sería mejor para todos que formáramos un frente unificado en Europa. Se están haciendo progresos y creemos que nuestra competición sería más fuerte si uniéramos fuerzas con la Euroliga”. Es una narrativa que parecía prohibida hasta que, a principios de años, Chus Bueno relevó a Paulius Motiejunas como CEO de la Euroliga. El barcelonés, desde su llegada, ha suavizado las relaciones con NBA/FIBA y reabierto la vía del diálogo pero también ha fortalecido la postura de su competición, que pasó de arrinconada por la sombra del gigante estadounidense y la división interna a un plan ambicioso que compraron todos, incluidos los más tardíos en firmar (Real Madrid, Fenerbahçe, ASVEL), y que pasa por la conversión en franquicias, la expansión a 24 equipos con dos Conferencias y un marco, con ese nuevo músculo y más estabilidad, de revalorización en todos los niveles. Sobre todo, el económico. El quid de todas las cuestiones, claro.
Unos movimientos entre bastidores
La NBA ha hecho su propuesta, pero no está cruzada de brazos esperando acontecimientos. Los engranajes se mueven, entre bastidores pero sin parar. Según Joe Vardon, periodista de The Athletic muy cercano a los altos despachos de la gran liga, la competición estadounidense aprieta por el que siempre ha sido uno de los focos más claros de su estrategia: los grandes clubes de fútbol europeo. Hay una parte pública: Mark Tatum, vicecomisionado (segundo de a bordo) el gran enlace con todos los asuntos internacionales desde su puesto en el board de FIBA, se trasladó a Copenhague para participar en el congreso de la ECF, la asociación de clubes europeos de fútbol. Un evento que tiene en el centro a Nasser Al-Khelaïfi, presidente del Paris Saint Germain, uno de los obvios targets de la NBA, y de un ECF en el que Tatum intervino después en una charla en la que, sobre todo, recalcó que el fútbol europeo ha sido una inspiración permanente para su organización, sobre todo desde que Silver se convirtió en comisionado, en 2014.
“La NBA siempre ha puesto el foco en los bolsillos llenos de dinero y la fuerza de las marcas de algunos de los grandes clubes de fútbol de Europa a la ahora de cartografiar su desembarco en Europa”, asegura un Vardon que avisa: unas conversaciones que se han desarrollado durante meses están acelerando porque el objetivo de la NBA es llegar a acuerdos con esos gigantes del fútbol, un movimiento trascendental a la hora de fijar posiciones antes de la reunión de la Euroliga en el Lago de Como. El Real Madrid, que siempre ha sido uno de los equipos en los que se ha fijado la NBA y desde luego uno de los que ha querido captar para su proyecto, del que ha estado siempre además cerca aunque acabó renovando con la Euroliga, parece tener clara su posición. Juan Carlos Sánchez, de nuevo al frente de la sección, habló recientemente en los canales oficiales del club: “Ojalá haya acuerdo. Estamos deseosos de que la NBA venga a Europa. Es la primera liga del mundo y le daría un salto cualitativo al baloncesto aquí: económicamente, en medios de comunicación, en presencia… Es como si te preguntan que qué te parece si te dejan un Ferrari para pasar el fin de semana. Pues te parece fenomenal porque es el mejor coche del mundo. La NBA en Europa sería importantísima para todos los clubes. Ojalá, cuanto antes, mejor”.
Además de Tatum, en Copenhague estaba también George Aivazoglou, director general de la NBA para Europa y Oriente Próximo. Ambos mantuvieron charlas en privados con equipos como el PSG, Bayern de Múnich, Barcelona, AC Milán… “Obviamente, Tatum no habría sido invitado si las cosas entre la NBA y los clubes de fútbol no estuvieran avanzando en una buena dirección”, le dijo el ejecutivo de uno de estos equipos, de forma anónima, al periodista de The Athletic.
Tatum, después, dejó claro que la NBA siempre mira al fútbol, y que ahí está parte de la inspiración por la que creen que es posible sacar más jugo (dinero) de un deporte que tiene una tradición imponente en Europa y que crece mucho en el continente con una distorsión que desde Estados Unidos siempre se ha señalado como el gran asunto a corregir: en Europa, muchos de los bastiones del baloncesto no coinciden con los grandes mercados económicos y sociales. Y viceversa: hay ciudades que no han estado nunca, o en los últimos años, se han subido al carro de ese deporte. Londres es una eterna cuenta pendiente, París ha aparecido en el mapa en los últimos tiempos y Roma se reengancha ahora después de una larga crisis. Ahí quiere meter la NBA, por encima de todo, el bisturí de su mercadotecnia.
Ya se sabe que su proyecto pasa por tener doce franquicias fijas, plazas por las que se debería pagar entre 500 y 1.000 millones de dólares (las más importantes podrían ir más allá de esa cifra), y otras cuatro vinculadas a criterios deportivos. La NBA quiere, como ciudades, a Londres, París, Roma, Milán, Berlín, Múnich, Estambul, Madrid, Atenas, Barcelona, Manchester y Lyon. Habría que ver, si hay acuerdo, cómo se enhebra eso con una Euroliga de veinte equipos, que en teoría tendrá 24 en un año y que a los trece con licencia de propietarios se les va a reconvertir en franquicias con plaza fija, un rango al que accederán otros ocho equipos para un total de 21 con puesto teóricamente asegurado. Ambos, NBA y Euroliga, han expresado optimismo en sus respectivos procesos de captación, por el interés generado y las propuestas que se han ido plasmando.
El influjo del fútbol
“Durante estos años hemos aprendido muchísimo del fútbol europeo. El In-Season Tournament, lo que ahora es la NBA Cup, es una idea que se toma directamente del fútbol y de las competiciones de Europa. Nos dijimos, ¿por qué no podemos tener una segunda competición así nosotros? Y lo pusimos en marcha. Y en la liga de baloncesto de Europa queremos que se aplique mucho de lo que vemos en el fútbol, de lo que hemos aprendido de él. Es el deporte más grande del mundo, y en Europa tiene a algunas de las entidades comerciales más importantes a nivel global”.
El vicecomisionado puso otro ejemplo, la llegada de los parches de publicidad en las, hasta entonces sacrosantas, camisetas de la NBA en 2017: “A los equipos les vendimos la idea diciéndoles que si el Manchester United podía llevar un sponsor en vez de su nombre en la camiseta, sin duda Chicago Bulls podría poner al menos un parche más pequeñito en la suya”.
Uno de los temas más importantes que tocó el vicecomisionado es la reinversión que la NBA tendrá que hacer para poner en marcha, elevar al nivel deseado y convertir en económicamente productiva la nueva Liga en Europa. De hecho, y después de que los equipos de Euroliga, y algunos de los grandes del fútbol, mostrarán dudas sobre el modelo planteado inicialmente desde Estados Unidos, la competición aclaró que reinvertirá unos 3.000 millones de lo que se obtenga en ese push inicial.
Se trata de calmar a los que temen que se tarde en obtener beneficios (el propio Silver advirtió de que no era una competición pensada para quienes quisieran dinero rápido) y de ayudar en aspectos en los que la NBA tiene trabajo por delante: muchos de los equipos que existen en Europa tienen pabellones que no están a la altura de lo que requerirá la nueva competición. Ni de lo que hace falta para exprimirlos como fuente de ingresos más allá de lo deportivo, una de las claves (la inmobiliaria) de la gestión deportiva actual.
La Euroliga también es sensible con ese asunto, y Chus Bueno lo dejó claro en charla con AS tras ser nombrado CEO: “Hemos ido al mercado para que nos dejen 1.000 millones porque tenemos que mejorar los pabellones. Habrá algunos que sean renovación y otros de construcción nueva. Yo he calculado que seis o siete. Pero hay varios equipos que necesitan esa línea de crédito. Y en estos tres años podemos hacer todo este plan porque esos 1.000 millones ya hay gente que me los da. Si el Barça, por ejemplo, quiere el dinero para construir el nuevo Palau aquí lo tiene”.
A esta problemática se suman otros casos muy estratégicos, como el de París, donde la posible llegada del PSG, con el muy atractivo apoyo económico de Qatar (a través de (Qatar Sports Investments), se podría encontrar con un problema por la existencia del Paris Basketball y los acuerdos de exclusividad de este equipo, que busca su condición de franquicia en la Euroliga, con los dos pabellones de la ciudad, el Adidas Atena y, sobre todo, un Accor Arena con casi el doble de capacidad.
El fútbol, en todo caso, está en el centro de la estrategia de la NBA y puede ser un arma de presión definitiva para estos últimos días, antes de que la Euroliga decida sobre la propuesta que ya tiene encima de la mesa. Eso incluye a los equipos que ya están en el baloncesto (Real Madrid, Barça, Bayern…) y a otros que no (el citado PSG, AC Milán, habrá que ver qué ofertas hay en Manchester…).
Un fervor religioso
El influjo del fútbol europeo ha sido obvio, y reconocido, en la NBA de los últimos años. La última reforma del sistema de la lotería del draft, que ha generado opiniones muy enfrentadas, se basa en un sistema que, en lo más superficial, genera una especie de zona de descenso (un concepto que no existe en las grandes ligas profesionales estadounidenses), una manera de desincentivar la finalización en los tres últimos puestos de la clasificación a través de peores condiciones a la hora de elegir en el draft.
Con el objetivo de conseguir un producto en el que los partidos tengan más trascendencia, un debate permanente en la NBA de la última década, Silver ha usado términos como tribalismo y pasión a la hora de hablar de lo que ha visto en el fútbol de este lado del Atlántico: “Ese fervor casi religioso de los aficionados de Europa…. no es algo que se viva exactamente así en Estados Unidos. Esa forma en la que las tradiciones pasan de generación en generación es algo que creo que todos los aficionados en Estados Unidos merecerían experimentar también”.
Ese prisma deportivo unido a la posibilidad de la entrada de grandes inversores (familias multimillonarias, por supuesto los ahora omnipresentes fondos de inversión) culminan esa idea que pretende generar más beneficios en el baloncesto europeo, cambiar cómo se consume y se vende este sin, una evolución de la línea menos empática con la que el proyecto anunció sus primeros pasos, perder de vista las viejas tradiciones y las narrativa que son una parte inamovible de lo mejor que tiene el baloncesto en Europa. ¿Es posible aunar todo eso y coincidir con las líneas maestras de los equipos de la Euroliga? La próxima semana lo sabremos, pero está claro que para la NBA hay un marco que parte, por cómo se enfoca el negocio y por la fuerza de los equipos y sus ciudades, del fútbol. Y en Copenhague ha vuelto a quedar claro.
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