Un año después de que se traspasaran los poderes, y la familia Buss en la persona de Jeanie dejara de estar al mando de los Lakers, la franquicia vuelve a cambiar de manos. Mark Walter la compró por 10.000 millones y la vende por 12.500, sacando un interesante beneficio sin ni siquiera pasar por una auditoría. Los nuevos propietarios, Josh Kushner y Bob Iger, se lanzaron a las rebajas, si es que se puede calificar así al equipo más caro de la historia en las grandes ligas de Estados Unidos. La NBA ve un giro brusco otra vez en su franquicia más icónica. Pero hay que preguntarse cuál es el porqué de una operación un tanto, digamos, extraña.
En pleno agosto y, sobre todo, sin que pasara un año desde que la operación de compra fuese aprobada por la junta directiva de la Liga. En los entornos de los dueños de otros equipos se describe como si los móviles no pararan de sonar con “gente que decía estar pasmada” y “una de las cosas más bizarras” que se hayan visto, Front Office Sports lo recoge. El sentimiento de incredulidad pasa al del bofetón en la cara si nos adentramos un poco en la intrahistoria de la operación.
Aquí se buscaba entrar en la NBA. Simplemente se ha cambiado la ciudad, el cauce. Kushner y Iger estaban trazando el plan para invertir en una de las dos franquicias con las que la liga norteamericana de baloncesto ampliará su cartera, de treinta a 32. El problema era la dilatación del proceso. Y que, de las dos, la que apunta a Las Vegas es la más golosa para inversores de todo pelaje.
Es en ese momento cuando surge la oportunidad y, como empresarios, la aprovechan. Como informó Bloomberg, el FBI está investigando a dos entidades controladas por Mark Walter (aún dueño de los Lakers hasta la aprobación de los gobernadores) por posibles irregularidades financieras en varios préstamos. Su teléfono está intervenido por las autoridades federales. Curioso, entonces, que departiera con el presidente Donald Trump en la Casa Blanca en fechas recientes; aunque, en este mundo en el que ya no hay que cortarse un pelo, el efecto de que eso importe algo es inexistente.
Para el magnate de Cedar Rapids vender activos de los muchos con los que cuenta era una prioridad. Se había movido rapidísimamente con inversores para recaudar fondos y pagar los préstamos de las dos empresas bajo investigación. Vender las acciones de los Lakers, no así las de los Dodgers de la MLB, supuso una vía de escape. En 72 horas arregló el trato con los nuevos propietarios.
Detalles de la operación
A falta de aprobación, ésta es la descripción del pacto.
Las Vegas sí, Las Vegas no. La expansión está en curso, pero los tiempos se están alargando sobremanera. Qué mejor que cambiar esa idea por el equipo más rentable. 2.500 millones de beneficio, lo que ha sacado Mark Walter en poco más de un año, habla a las claras de lo que es. Las dos ventas consecutivas de los Lakers son las más rimbombantes de la historia de EE.UU. por delante de una de 9,6 billones americanos, la de los Seahawks de Seattle (NFL). Es una apuesta segura. Un licenciado en Harvard con conexiones políticas. Un consejero delegado de una de las compañías más prolíficas del país. Juntos. Y habiendo picado en el baloncesto antes: Kushner posee acciones en Memphis Grizzlies y Miami Heat, de las que probablemente se deba deshacer para que controle los Lakers; Iger, por su parte, es fan de los Clippers -vaya, hombre- y está casado con la periodista Willow Bay, que presentó el legendario programa Inside Stuff junto a Ahmad Rashad en los años 90. Hay interés, falta ver el desempeño.
The NBA Board of Governors has unanimously approved the sale of the majority interest in the Los Angeles Lakers to Mark Walter. pic.twitter.com/6YKmyvHDx5
— NBA Communications (@NBAPR) October 30, 2025
Eso nos lleva a hablar un poco más de los implicados, los nuevos propietarios de los Lakers. Si es que no hay más en el entramado creado, ya que por sí solos carecen del músculo suficiente para soportar una inversión como la realizada. A través de Thrive Capital o de otro holding. Kushner y Iger se sustentan en dos roles bien definidos: los contactos y el dinero, por parte del primero; la sabiduría para elevar negocios y dar beneficios en grandes compañías, por parte del segundo.
· Josh Kushner. Este empresario judío es hermano de Jared, marido de Ivanka Trump y yerno del actual presidente de Estados Unidos. Es conocido también por su firma de capital de riesgo, con la que ha invertido en negocios como el de la salud o el inmobiliario, en Instagram incluso.
· Bob Iger. A través de su trabajo en una conocida televisión estadounidense, empezando desde abajo, ascendió fulgurantemente hasta, tras una operación multimillonaria, saltar a The Walt Disney Company y estar allí durante un cuarto de siglo; mandamás hasta hace cinco años.
Se amplían los tentáculos si unimos esos puntos. Iger entabló una buena amistad con Adam Silver, comisionado, como responsable de Disney. Era la empresa que tenía los derechos televisivos principales. De hecho, fue crucial para que la burbuja que se creó para terminar el torneo el año en el que más fuerte pegó el coronavirus se celebrara en las instalaciones de su compañía en Lake Buena Vista. Un par de bros. La influencia que se ejerciera aquí es la que queda a la imaginación.
Walter, Infantino y muchas preguntas
Mark Walter, del que se conoce que sufrió un ictus antes de comprar los Lakers, está entre la espada y la pared. No deja de ser una realidad que la administración de Trump investigue su dinero, se vea forzado a vender activos y casualmente aparezca alguien del entorno de Trump a poner millones sobre la mesa. Y, según se ha filtrado, puede que a Walter no le valga con la liquidez actual, le faltan otros 5.000 millones, las Sparks podrían salir a la venta a pesar de que dejarlas ir no formaba parte del plan inicial.
La casualidad.
La inversión que se iba a hacer para Las Vegas era de 7.500 millones, pero no había certezas. La nueva liga planteada en Europa ha ralentizado los tiempos para tener una franquicia en Nevada, en la ciudad del pecado, que unir a las espectaculares Aces de la liga femenina. Se ha comprado el paquete de Walter en los Lakers, rozando el 80% de la franquicia, por unos 9.500 millones al cambio. A nivel de aprovechamiento de las circunstancias la compra es impecable, pero no oro todo lo que reluce.
¡Qué golpe de timón! ¿Quién lo habrá dado realmente? Como se dice en el argot español, alguien habrá dado el queo. Es ahí donde estas personas confluyen y la sombra de la corrupción tapa como un manto.
No olvidemos que las ansias de poner dinero en el deporte este verano no son nuevas para Kushner, el encargado que posee más capital. Fue el instigador de la idea que se trasladó a FIFA y que abanderó su presidente, Gianni Infantino, nada más terminar el Mundial de 2026 (con España vencedora): la venta del 20% del negocio comercial de la Copa del Mundo a poderes privados creando una entidad comercial valorada en unos 20.000 millones de dólares. Está por ver si esa intentona de venta de Infantino no se lleva por delante su cargo como mandamás del fútbol mundial, ya que el negocio se diluyó por la negativa de muchas federaciones nacionales. Y la influencia de Trump, imposible de desarrollar aquí pero palpable durante los últimos años, a punto. Se fastidió la operación y Kushner buscó otro objetivo. Había un eslabón débil en el deporte estadounidense, presionado por el gobierno del propio Trump, y así ha llegado esta superventa. Extraña, mucho. Y con mucho que explicar aún.
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